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La historia de Santa Rosalía está fundida incuestionablemente a la minería

La historia de Santa Rosalía está fundida incuestionablemente a la minería; no se puede concebir una sin la otra. Son piel y cuerpo, cuerpo y piel. La minería se desarrolló en el entorno aledaño y para principio de siglo (XX) en las montañas del oriente ya florecían centros mineros denominados: Providencia, Purgatorio, Santa Martha y la Soledad. Luego surgieron San Luciano y Lucifer. Estos “Grupos” eran esencialmente mineros dirigidos desde la matriz en Mesa Francia (Santa Rosalía) Claro que surgieron los changarros, la cantina, el billar, la escuela, la tienda de raya, tienda en la que el (los) encargado(s) anotaba sobre la línea el nombre del minero que pedía fiado. Pero la población era de mineros y su familia. Ya he comentado que en estos grupos mineros se inició la insurgencia obrera surgiendo –para esa época- el único sindicato revolucionario al que por su aguerrida lucha se le llamó sindicato rojo que escenificó la primera gran huelga en 1925. Fue una jornada histórica lográndose mejores prestaciones para los mineros. Como el sindicato continuó la lucha, la empresa solicitó la ayuda del gobierno del territorio y en el mandato del general Agustín Olachea (1930) se orquesto una gran represión encarcelando y desterrando  a los dirigentes al grado de desaparecerlo. Es indispensable apuntar que los mineros de El Boleo eran trabajadores de la empresa. “Con un plumazo” de la organización sindical y el contrato colectivo los mineros dejaron de pertenecer al sindicato. Los capataces y encargados de mineas fueron ungidos como poquiteros y la empresa los hizo aparecer como dueños de los  centros de trabajo y responsables de las relaciones laborales con los mineros. Los poquiteros fueron registrados en la empresa, la que “les compró” el mineral y éstos, los poquiteros, pagaban a sus mineros. Apareció entonces, en Santa Rosalía, el sistema de subcontratación –Outsourcing- del que ahora se ufana el gobierno mexicano.

Cuando tuve conocimiento (1954) del famoso escamoteo a los derechos mineros, me involucré y desde la segunda quincena de junio hasta los diez primeros de septiembre de los siguientes años, trabajé en la mina, para conocer la crudeza de la chamba y para tratar de organizarlos para que la empresa, que ya era mexicana, los reconociera como sus trabajadores. Ya he escrito tal odisea y hasta la novela Caídos el cielo del infierno surgió de esa gratísima experiencia. Pero ya lo dije: nuestro pueblo es dicharachero, alegre, Desmadroso, pero muy malo para organizarse y luchar por sus derechos: cada quien es uno y nada más: “yo, yo y mi familia y que venga lo demás.” Viví la experiencia de ese trabajo y hay que decirlo: los mineros de mi época sufrían el pesado trabajo –como lo es la minería-, pero, salvo algunos corridos de una mina y perder su antigüedad a la que llegaba, el no existir enfermedades profesionales, y desatenderse poco a poco de los accidentes en la mina, la vida sacrificada continuó sin mayores sobresaltos. Salvo los grandes poquiteros como Cuate Rivera, Felipe Beltrán, Simón Navarro, y dos o tres más que no recuerdo y que manejaron grandes minas, algunos mineros experimentados se aventuraron a prospectar, encontrar una vetita y dar vida a una pequeña mina que permitió la subsistencia de la familia y los tres o cuatro mineros que contrató. La minería en Cachanía fue entonces una actividad de muchos sub poquiteros que dieron trabajo a unos 250 mineros. La empresa desde los años del 40 dio vida al sindicato minero mangoneado a nivel nacional por el nefasto Napoleón Gómez Sada. Para justificar el membrete de sindicato minero sindicaliza a los mineros de tres minas grandes: los de San Guillermo y los de los proyectos Mercurio, que junto con los obreros de fundición, talleres, almacenes, etc. dieron vida a la sección 117. Los demás mineros, a los que llamaron libres, quedaron fuera del sindicato. Esa fue la lucha que dimos por unos 15 años. La sección 117 nunca nos apoyó porque era la consigna de la empresa: nunca quiso responsabilizarse de los verdaderos mineros. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: He seguido de cerca la insurgencia de los mineros de Minera Metalúrgica el Boleo, inicialmente canadiense y ahora coreana. En la marcha del diez de mayo, cuando terminó de hablar un licenciado, estuve a punto de solicitar la palabra: no me animé porque el licenciadito me pareció “busca dinero” y luego observé que algunos personajes políticos dialogaban con los trabajadores. Nunca en la lucha minera contratamos a nadie y mucho menos aceptamos injerencia de lidercillos políticos. Pero por lo que he leído y observado, los mineros del nuevo Boleo están más jodidos que la lucha minera de los 70-80: ni les inventaban despidos, ni trabajaban jornadas de más de lo reglamentario, los atendían en el servicio médico de los demás obreros, y claro, cuando alguien chocaba con el poquitero, lo mandaban a otra mina… pero los viejos mineros y hasta los poquiteros se llevaban bien y los mineros eran solidarios. Hoy aparecen las traiciones y los oportunismos…. Son otros tiempos. Al grado de desconocer una dirigencia sindical y quererse afiliar al sindicato charro y represivo del feudo de los NAPOLEÓN GÓMEZ SADA Y AHORA URRUTIA. Pero bueno, no pueden ser sindicato independiente. Si así les dicen que es imposible salirse del sindicato, imaginémonos si quisieran formar un sindicato fuera del actual y fuera del poderoso sindicato de los Gómez Urrutia…¡imposible! Pero de que pueden salirse de uno para entrar a otro, ¡claro que se puede! Alea Jacta Est. 31-05-16


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