Cachitos de vida, de Jesús Chávez

Echeverría y López Portillo

Hace unos días leí un “cachito de vida”, del compañero Jesús Chávez con el que comparto agradables lecturas cada mes en la reunión de Escritores Sudcalifornianos. Comenta en “su cachito” que cuando era adolescente lo comisionaron para que diera palabras de bienvenida –en La Toba- al candidato José López Portillo. Que fue tan afortunada su intervención que lo invitaron al autobús y que el presidenciable lo trató con mucha amabilidad. Cuando leí su comentario una sonrisa socarrona recorrió mi boca… y no era para menos:

José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco tomó posesión como presidente de la república el primero  de diciembre de 1976,  hasta el 30 de noviembre de 1982. No tengo idea si como candidato y en campaña venía desde el estado de Baja California y pasó primero por Santa Rosalía, o viceversa, había llegado a La Paz para después pasar por el Valle. Tampoco recuerdo la temporada en que llegó en campaña, pero imagino que fue por el verano ya que la toma de posesión fue en diciembre. Para la década del 70 yo  ya tenía una larga historia de lucha social, tan así, que había paralizado una reunión de Luis Echeverría en la plaza de Santa Rosalía, y había sido invitado varias veces a la capital de la república.

Cuando supe de la visita del candidato López Portillo, reuní a los mineros, sardineras, maestros, estudiantes y más gente del pueblo, y los convoqué a que me acompañaran el día señalado. Me reuní con autoridades y les comenté que hablaría en el acto del candidato. Obviamente se negaron a aceptar mi participación argumentando que “era una reunión de priistas y que yo no lo era.”  Por dos ocasiones insistí con los mismos resultados. Por fin les dije que si no me dejaban hablar tomaría la Sección 117, local del sindicato de trabajadores de la empresa, y no podrían realizar el acto. Me imagino que se reunieron aquí en La Paz para encontrar una salida a mi planteamiento. Después me enteré que como sabían que cumpliría mi promesa, buscaron a un muy amigo mío y me lo enviarían para que le entregara el discurso que diría ante el candidato de la república.

Un día llegó el Cachi Sandoval, amigo entrañable, y que había sido diputado federal de la juventud priista. Me platicó de su encomienda y que el gobierno quería que le entregara el discurso como condición para participar en la asamblea de la Sección 117. Después de que me negué rotundamente me dijo: “mira Bobby, ya sabía que te negarías, pero vamos haciendo una cosa: entrégame un discurso y a la hora de la hora haz lo que te de tu chingada gana, y así cumplo mi tarea y quedo bien.” El compañero Andrés Cota Sandoval –el Cachi- fue un hombre de una tremenda sagacidad mental, que tenía un fuerte olfato para aprovechar las oportunidades. Quedamos de acuerdo y otro día le entregué “mi discurso.”

Llegó el famoso día en que el candidato arribaría a la minera población. Me acompañaron algunos mineros, sardineras y estudiantes. El local estaba repleto. Unos minutos antes de mi participación me abordaron unos jóvenes de Nopalera para denunciar que los judiciales habían “madriado” a un compañero y estaba en el hospital arrojando sangre por la boca. Así inicié mi participación denunciando la cobardía de los judiciales. Recuerdo todavía que se levantó un silencio sepulcral. Y es que en aquella época la judicial era muy temida y nadie se atrevía a enfrentársele… tal vez por eso el gran silencio. Luego abordé el problema de la minería y los mineros, la denuncia salvaje contra la empresa y los funcionarios que permitían la explotación de los trabajadores; denuncié a la sección 117 que se hacía llamar de mineros y era de empleados de la fundidora y que eran parte del fraude contra los trabajadores de las minas. Una denuncia contra el gobierno federal que mantenía ese sistema por todo el país. Al terminar recibí un fuerte aplauso. Parecía que el acto había terminado. Se levantó López Portillo, tomó el micrófono y se refirió a mi intervención. Señaló que lo denunciado ocurría en todos los estados donde se practicaba la minería; que se escamoteaban los derechos de los mineros, pero que allí, en Santa Rosalía, se comprometía a que se reuniría con autoridades y empresarios para que se reconociera a los mineros como trabajadores de las empresas… en 1985 se clausuró la minería en Cachanía y mis compañeros mineros fueron corridos como animales sin dueño. Hoy pasa casi lo mismo en el Nuevo Boleo.

En el gobierno de Echeverría platiqué con él, me invitó a Cananea y tuve reuniones con elementos de su equipo: Flores de la Peña, Leipen Garay, Cervantes del Río. Con López Portillo nuca platiqué.

No tuve la suerte del compañero Jesús Chávez, que fue invitado por el candidato. En la reunión de la 117 me abordaron algunos periodistas, López Portillo salió escoltado y nunca lo volví a ver. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Echeverría le entregó el mando a López Portillo.

El 30 de noviembre de 1973 Echeverría llegó a Cachanía para trasladarse otro día -1º de diciembre- a inaugurar la carretera Transpeninsular al paralelo 28 en la comunidad de Guerrero Negro. También reuní “mi ejército” y lo rodeamos en la plaza pública el 30 en la noche. Íbamos iniciar la plática él y yo y el pueblo quedó a oscuras y se lo llevaron corriendo hasta el muelle donde estaba el transbordador La Paz. Me llamaron y me dijeron que platicaríamos en Guerrero Negro. En la salinera población lo único que pudimos fue entregarle un sobre conteniendo la misma denuncia que años después de viva voz dije a López Portillo.

Hacía un frío endemoniado, pero casi ni se sentía por los miles de habitantes reunidos en la explanada del paralelo 28. Echeverría cumplió su promesa de inaugurar la Carretera Transpeninsular, tomaron la palabra después los dos gobernadores, del sur y el norte. Habló Félix Agramont y luego Milton Castellanos, de Baja California.

Y de repente, entre el fragor de la tarde, con ese viento incansable y tozudo del norte, entre vegetación desértica se escuchó: “a ti conquistador, habló el Guaycura, que tienes la piel blanca, el alma dura, una llama de sol en la rizada barba, y en la mirada el odio y la ambición; a ti, conquistado, yo te ofrezco la tierra.”

La voz de López Tarso nos envolvió, y, Calafia, quedó prendida entre los nidos del águila pescadora, y entre los propósitos de ese pueblo reunido en el paralelo 28. Alea Jacta Est. 31-01-17

Miembro de ESAC.


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