El asalto al tren del dinero

En 1902 la empresa el Boleo trajo a 500 chinos para que trabajaran en las minas

En 1902 la empresa el Boleo trajo a 500 chinos para que trabajaran en las minas. Los concentraron en San Bruno, en galerones cercados para que no pudieran salir. Desde allí los llevaban a las minas. Se desató una epidemia a la que llamaron vómito negro porque los infectados, ya muy enfermos vomitaban líquido negro. Los franceses creyeron que era la peste bubónica que en el siglo XIV arrasó Europa. A los enfermos los aislaron en hospitales que llamaron “Lazaretos” que edificaron en el arroyo de San Luciano, otro en Santa Águeda y uno más en el arroyo de Santa Martha. La conseja popular dice que a los enfermos, donde caían allí los quemaban, y a los de los Lazaretos, moribundos los aventaban a zanjas. Que el nombre de Lazareto viene porque en Europa a los hospitales donde cuidaban los leprosos así les llamaron.

La vida se normalizó después de la epidemia, los chinos materialmente desaparecieron de la historia, y los Grupos florecieron: Santa Martha, San Luciano, Purgatorio (Cerro Verde cuando llovía) La Soledad, Providencia, El Montado. En todos hubo la mina central y otras menos importantes (Santa Rita-San Antonio-Amalia-Curruglú-Margarita-)

Cuando mi padre nos llevaba a pasear por el arroyo de Santa Martha, siempre pasábamos por donde había estado el pueblo de El Yeso. Solamente quedaban unas cuantas ruinas y unos retaplenes altos, como rampas, en los que abajo se miraban las marcas de los durmientes y los rieles del tren. Nos decía que allí llegaban los dompes que traían el metal de todas las minas de la región del arroyo y Santa Martha; llegaba el tren con sus vagones y los camiones uno a uno subían las rampas y descargaban el metal. Que con los vagones llenos el tren se regresaba hasta la fundición. Que los recorridos eran cada dos o tres días; que había mucha producción. Los sábados el tren llegaba al Yeso y esperaba a los encargados de pagar en las distintas minas. Que un día tres malosos se pusieron de acuerdo para asaltarlo allí. Que lo esperaron en unos tanques que había, y que cuando llegó el tren, amagaron al maquinista y les entregó el costal con la raya de mineros, capataces, capitanes, directores de las minas. Decía mi padre que en aquel tiempo se pagaba con monedas de plata.

Este episodio casi nadie lo comenta, a lo mejor es cierto o no, pero algunos dudan ya que no creen que hasta allá llevaban el dinero de los trabajadores. Lo he platicado y algunos me dicen que sí escucharon sobre el asalto al tren del dinero.

Que los malosos huyeron hacia el fondo del arroyo, rumbo a Santa Martha. Que el que comandaba la gavilla de malhechores les indicó que esconderían el costalito en un pilar de las ruinas del hospital Lazareto que habían construido cuando el vómito negro atacó a los chinos y algunos pobladores. Que el compinche mayor se puso una máscara y los otros dos no se protegieron con nada que porque la epidemia había pasado hacía muchos años.

Mi padre guardaba una calma impresionante cuando me comentaba sobre el tren del dinero.

Que encontraron un pilar grande entre el arroyo y allí enterraron el costal. Decía mi progenitor que los que no se cubrieron la cara muy luego murieron de vómito negro. Que el jefe de ellos regresó a los tres años y no encontró ni el pilar ya que por esos años llovió mucho y corrió el agua con gran fuerza por el arroyo. Que el malhechor no tuvo precaución al buscar el costal y que a los años murió tal como había vivido: en la pobreza.

Algunas veces nos deteníamos en el Yeso y mi padre señalaba un pequeño cerro de arenilla que estaba como a 300 metros. Miren, nos decía apuntando al cerrito. Allí salía un viejito, lo subía con dificultad ya que usaba un bastón. Llegaba a la pequeña cumbre, se volteaba y me apuntaba con el bastón. Al principio no le tomé importancia, pero a la tercera vez fui…ni rastros del viejito. Dicen que por allí debe estar enterrado el costal de la plata. Mi correo; raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Un verano trabajando en la mina del Noventa, dividida de la Chinita por el gran arroyo Providencia, al llevar un galón de agua para mi padre, trastabillé, se me cayó el galón, se quebró y obviamente toda el agua se derramó. Me agache instintivamente y miré una loza grande como bóveda. Busqué y encontré otras. Le platiqué a mi papá. Son los chinos “que no poblaron” cuando dejaron enterrados a sus compañeros en  la Chinita. Los mataron aquí porque regresaron a la mina a investigar porque ellos sabían que sus compañeros habían entrado al nivel.

Como puede ser cierto lo de los chinos enterrados en una labor en la Chinita, también puede ser cierto lo del asalto al tren del dinero. Me comentan que algunos van de paseo haciéndola de gambusinos por las inmediaciones y por el cerro de arenilla del Yeso. Alea Jacta Est. 21-07-16


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