A 38 años de aquel grito que resonó por ciudades y pueblos, bien vale la pena hacer una apretada síntesis para dibujar “o desdibujar” la historia de cuarenta años. Fuimos una entidad dirigida desde el centro, con una visión paternalista sin tomarse en cuenta que éramos una sociedad que pensábamos y que sentíamos, que queríamos ser autónomos y nombrar nuestros gobernantes. Loreto 70 nos trajo a Félix Agramont Cota y luego elegimos a Ángel César Mendoza Arámburo como nuestro gobernador nativo. Pensamos que había llegado el momento de trazar el rumbo para ser dueños de nuestro destino y que el ejercicio de la política estaría al servicio de la familia y su integridad, pensando en la democracia y la libertad. En 38 años los que guardamos la euforia por haber ungido a Ángel César como nuestro gobernador, nos damos cuenta que el rumbo para ser dueños de nuestro destino, se desdibujó entre la humedad del surco, entre la espuma de los mares, entre las paredes de la escuela, entre los puños del obrero y entre las batallas de los cerros vencidos por las casas de cartón… entre la pobreza y la miseria; se perfiló la clase política que al correr de los años se consolidó ocupando los puestos públicos y las decisiones de gobierno. Esta joven y pujante clase política poco a poco fue olvidando los propósitos por los que luchó el pueblo: propósitos que permitieron que esa clase dirigiera la política estatal para trazar, por fin, el camino y ser dueños de nuestro destino. Esta clase política muy luego olvidó que el pueblo deseaba tener gobernantes nativos que actuaran con honestidad y decoro. Se olvidó de la honestidad y la humildad y únicamente trazó el destino de su familia y amigos. El pueblo se hartó de la corrupción gobernante y oídos sordos a los justos reclamos por justicia y democracia. La rabia popular se manifestó en 1999 y Leonel Cota fue el primer gobernador fuera de la esfera priísta. En los primeros años de su mandato nos siguió envolviendo la euforia del triunfo y no reparamos en su forma de gobernar: impositiva, altanera, abusiva y selectiva, nepótica y despótica, cínica y corrupta. Se entronizó el populismo como arma para cambiar miseria y traiciones por votos. Leonel todavía tuvo tiempo de imponernos a su primo Narciso Agúndez Montaño en la gubernatura. Durante doce largos años padecimos un gobierno nepótico y perverso, corrupto y cínico. En el leonelato y después con Narciso Agúndez, se desmanteló la planta productiva y los bienes del pueblo. Se entronizó el narcotráfico y el narcomenudeo como política pública del grupo gobernante (que no clase política), la violencia y la represión como palanca para mantener a la sociedad temerosa. La justicia al capricho del poder; la corrupción y las riquezas insultantes de sus allegados lastimaron la dignidad popular; doctorados en el manejo de la pobreza y la necesidad, entregaron migajas a cambio de votos. Los doce años trágicos de la familia Cota Montaño y la Agúndez Montaño fueron barridos por el hartazgo popular y en las urnas se dio el poder a Marcos Covarrubias, por el Partido Acción Nacional. Ya han pasado 14 años de que la autoridad estatal no es priísta; ya han pasado 38 años de la conversión de territorio a estado “libre y soberano” y no vemos por donde queda el camino para trazar nuestro destino. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com
Cuando éramos territorio las decisiones fundamentales se tomaban desde el centro. En 38 años de estado “libre y soberano” las decisiones las toma el gobernador, sus allegados y sus “asesores. En 38 años hemos visto gobernadores y funcionarios del PRI, PRD y PAN, que olvidaron y olvidan que son servidores del pueblo. Cuando éramos territorio la brecha entre la riqueza y la pobreza era grande. La inmensa mayoría de los pobres de 1970, siguen siendo pobres o murieron pobres. A 38 años de aquel grito “yo con Ángel César”, la desigualdad social, la pobreza y la miseria, en forma alarmante recorren los cuatro puntos cardinales de la geografía estatal. El desempleo y los grupos marginados que andan en los basureros y contenedores citadinos, la pobreza y la miseria, la delincuencia, drogadicción, el alcoholismo, los suicidios y los embarazos juveniles, el robo imparable en comercios, casas-habitación y escuelas, la corrupción y la impunidad, son lectura irrefutable de que las autoridades han sido incapaces, hasta hoy, de revertir la grave patología social que invade toda la entidad.
Alea jacta est. 16-0I-13 / Mi blog.
Abdala
17/01/2013 a las 8:03 AM
corrupcion ha sido el distintivo de los personajes señalados, nomas que ante la impunidad le han ido subiendo de tono,,,y unos de plano no hicieron ni han hecho nada,,,,esa combinacion de ineptitud y corrupcion se vio en la tragedia del ciclon Liza en el 76,,,