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Retrospectiva forense del pueblo que no quiso morir (I)

La modernidad se nos venía encima y nosotros seguíamos siendo un pueblo subsidiado

“A Natalia Estefani, mi hija, cachana de cepa y quien este
2016 ha  culminado sus estudios de bioingeniería”

La modernidad se nos venía encima y nosotros seguíamos siendo un pueblo subsidiado. Atrás había quedado la prístina historia de nuestros ancestros y nos habíamos convertido en un pueblo minero que ya había visto pasar de todo. Desde las piedras brillantes (boleos) que dieron origen a la comarca y que nos pusieron en el mapa nacional como productores de cobre, hasta las más viles historias de explotación y segregación humana.

Pero también nos habíamos convertido en una mano de obra experta y esencial para lo que venía en el futuro.

Solo había que inmigrar después de que la empresa minera de capital francés, El Boleo, había dejado de explotar las minas de cobre ante la caída del precio del metal en el mercado mundial y, curiosamente, al culminar los cincuenta años de concesión que el gobierno porfirista había convenido.

El éxodo se inició y la diáspora se diseminó por pueblos y ciudades del norte de la república. Fabricas pesqueras, tenerías, la industria del azúcar y de la sal emplearon la experta mano de obra de los  cachanos que por causas muy obvias dejaron su terruño. Hubo otros muchos  que le apostaron a quedarse en su pueblo; esperando el regreso de la gloria que nunca llegó.

El paso de la transpeninsular, la pesca y la actividad serrana mitigaron lo escaso del trabajo y el alimento.

Fueron días aciagos. La oscuridad –y la soledad- del poblado contrastaban con la brillantez de sus mejores épocas cuando la luminosidad de la industria brillaba hasta la costa de enfrente.

Todos los días salían y entraban al puerto artificial, orgullo de la ingeniería francesa, grandes buques y de menor calado, para llevar el producto arrancado de las entrañas de la tierra calcinada por el sol y traer los insumos necesarios para sobrevivir en el inhóspito desierto bajacaliforniano.

Mitos y leyendas se escribieron en las calles de los pueblos aledaños a la industria y en los socavones que horadaban los cerros para llegar a los ricos mantos del metal verde, azul y hasta negro;  como la  historia de Mauro, el indio aquel que tomó con su mano la justicia al arrancarle la vida a quien con el látigo explotador le sometía.

Los dos cerros. Las dos mesetas. La Mesa México y la Mesa Francia, eran el signo de la segregación que se fue diluyendo con el tiempo.

Hasta que llegó lo que nunca se ha podido ir, y que lejos de ser un catalizador para nuestro desarrollo, nos convirtió en hombres sordos y mudos ante una realidad que muchas de las veces resultaba despreciable, abyecto: el subsidio, el cual se convirtió en una trampa social que aunque dio empleo a quienes se quedaron en el pueblo, hizo ricos a otros con la industria minera que, para esa época, ya no era económica ante el colapso del precio del Cobre en el mercado global después de la segunda guerra mundial y la aparición del aluminio como otra opción para la conducción de la energía eléctrica, entre otras cosas, que condenan a los pueblos mineros a morir irremediablemente.

De ahí el mote, la frase, la expresión que no a todos nos gusta, pero que es utilizada como un eufemismo para adornarse en el discurso político por aquellos que no conocen la cruda realidad de nuestra historia.

Llegó el día y el año-,  en que el gobierno federal ya no quiso –o ya no pudo- subsidiarnos. Cerró lo que quedaba de la industria minera e indemnizó a quienes reconoció como sus empleados dejando a los mineros con un palmo de narices, en una de las peores injusticias que se han cometido en la historia del pueblo que no quiso morir.

Allí quedaron los huecos y socavones que han vuelto hacer respirar a los cerros ya calcinados por la historia después de una cuarentena de años, al regresar la industria minera al lugar. Y, las saqueadas estructuras fundidora, talleres, oficinas, etc.), a punto de derrumbarse, como mudos testigos, se han convertido en guaridas del tigre ante la abulia de gobiernos ajenos a nuestra cultura y nuestra idiosincrasia.

La geografía política había cambiado en la media península en 1974 con el nacimiento del estado de Baja California Sur. Santa Rosalía era ya la cabecera municipal de Mulegé, como había sido denominado, el más extenso y septentrional  de los  municipios sudcalifornianos que para ese tiempo sumaban tres, conjuntamente con La Paz y Comondú.

Santa Rosalía volvió a la larga fila de pueblos mineros que tienden a desaparecer. Regresó la incertidumbre y la ansiedad. No había que hacer ni a donde ir. El noroeste mexicano también vivía en crisis. La agricultura y la industria pesquera cerraban sus puertas ante el abuso de los recursos naturales algunos y, la mala planeación de otros. Como siempre la pesca fue un paliativo pero no resolvía la crisis que cada día se acrecentaba en el puerto.

Con este contexto, la orden fue tajante. Había que emplear en el Ayuntamiento a quienes se pudieran emplear y con esa orden el “status” de subsidiados prosiguió hasta convertirse en una contracultura. El Ayuntamiento que es la parte que legalmente administra el Municipio de Mulegé,  empezó  un escandaloso abultamiento de la nómina y una vertiginosa carrera hacia la quiebra del erario, tema del cual hablaremos en la segunda parte de esta entrega … (Continuará).

Mosaico Político

Felipe Prado Bautista asume la dirigencia del PANAL en BCS… Su trabajo, que suponemos será épico hacia el cada vez más cercano 2018, tendrá que ser el de tejer alianzas… Juan Alberto Valdivia Alvarado, delegado de la SEDESOL en BCS ha podido demostrar este año su oficio político y sus dotes de servidor público… No hay día que este joven sudcaliforniano no dé a conocer acciones que ponen en movimiento a los que menos tienen en esta media península… El PRI en Mulegé  tendrá que hacer un original ejercicio de sobrevivencia… Existen en este partido político gente de gran valía que lo único que tienen que hacer es ponerse de acuerdo ante una realidad francamente adversa… Mientras todos los días el XV Ayuntamiento se hace propaganda como un gobierno que trabaja de mano de la gente, todos los días también agrede a su pueblo… El despojo que intentó Pedro Osuna López a través de la sindicatura del patrimonio de un hombre trabajador que vino apostarle a este terruño, contrasta con el hipócrita manejo mediático que le da este Ayuntamiento haciendo suyas las inversiones de otras instancias de gobierno… “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. Aldous Huxley (1894-1963) Novelista, ensayista y poeta inglés


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