Día de la Raza blues

Íbamos toda la raza del barrio

Íbamos toda la raza del barrio. Siempre acompañados por alguien mayor que nosotros. El periplo era una odisea. Pasar por los talleres de la fundidora y el viejo “chute” que ahora se cae en pedazos. Era el paseo del año. Esperar el paso del tren. Aquella vieja locomotora que nos saludaba con la campana y su humo denso, blanco. Llegar a cada parte de la escollera nos hacía sentir grandiosos, realizados. Ver la majestuosidad de los barcos anclados en los muelles del puerto y saludar al marino o, a cada trabajador que  nos miraba pasar, era parte del recorrido que culminaba en faro rojo, donde cada miembro de la raza del barrio tenía que ponerse a pescar.

Era el Día de la Raza quizás el día más esperado de todos. Más que el Día del Niño y que cualquier cumpleaños y, quizás, hasta la Navidad. Cada quien con sus “arreos” de pesca, parados  en las piedras enormes, monolíticas, y que servían como barrera de la escollera a las que bautizamos como galletas, por su forma redonda. Desde allí extender la piola en búsqueda de una barracuda, una sierra y, de vez en cuando, una buena cabrilla. Parte de nuestro equipaje eran las tortillas de maíz que llegábamos a comprar con Don Chico Meza. Pan virote del Boleo, limones, sal, y la imprescindible salsa casera. Cerillos y tabacos faritos para los más grandes y para uno que otro niño precoz.

Al pitazo de la fundidora nos llegaba la hora de lonchar. Tres piedras y una vieja lámina que lavábamos con agua de mar; madera rezagada por la marea y con  la panorámica del pueblo que no ha querido morir, freíamos el producto de nuestra pesca, en un rito que ahora busco entre mis sueños y que cada día como hoy vuelve del pasado a contrastar con los días actuales, envueltos el  entre humo denso del cristal, el robo, la delincuencia y la impunidad.

Como han cambiado a nuestro pueblo.

Hoy el equipaje de los que visitan la escollera –no todos, hay que aclarar-, es diferente. Una bicicleta… de esas bajitas. Una mochila en la espalda con un encendedor, papel aluminio o un foco que fue hurtado el cualquier patio de cualquier hogar. El viejo chute a punto de colapsar. La fundidora convertida en nido de alimañas que nadie quiere ni puede controlar. Todo nuestro pasado destruido, derrumbado por el paso del tiempo y por  la negligencia de quienes llamamos “la autoridad”.

Como han cambiado los tiempos. Antes luchábamos contra el pez que buscaba con todas sus fuerzas escupir el anzuelo. No era fácil llevarlo hasta nuestras manos. Asarlo en la vieja lámina “miada” y degustarlo con enorme apetito y regresar a casa a las tres, donde para variar, nos esperaba un suculento guisado de res para culminar el paseo del Día de la Raza.

Ahora nuestra lucha es otra. Hoy luchamos por conservar lo que nos pertenece. Lo tangible de lo material y lo intangible de lo cultural. Lo que con el paso de los años, con esfuerzo – o sin él-, hemos podido adquirir. Hoy luchamos por conservar nuestra idiosincrasia… ese matiz cultural que los que gobiernan –y sus corifeos pseudo intelectuales-, olvidan al llegar al poder o, que desconocen, porque su vida no la han vivido aquí.

Ésta es ahora nuestra lucha cotidiana: Contra el ladrón de la calle y contra el ladrón de cuello blanco que lo protege. Contra el que compra y vende lo robado. Contra el funcionario público que cree que los derechos del pueblo y el erario son de su propiedad y de las familias enteras que gobiernan de su mano.

Hoy luchamos contra esas dos lacras sociales… y lo seguiremos haciendo porque la raza aún sigue existiendo. Con otros cuerpos pero con la misma alma.

Esa es ahora nuestra lucha… Nuestro alimento.

Mosaico Político

Para amanecer domingo este pasado fin de semana hurtaron el equipo de sonido de mi vehículo… Mi sorpresa aumentó al saber que no fuimos la única víctima esa noche de cristales rotos… Una joven vecina fue también víctima del hurto de su vehículo el cual encontró un par de días después sin batería y sin otros elementos del interior… A un compañero de trabajo le desvalijaron su automóvil en plana calle principal y bajo la brillante farola que da vida  -y muerte- a la avenida Obregón y su alrededor… Mientras en la populosa Colonia Nopalera, los amantes de lo ajeno daban “baje” a la batería de más de diez autos… Y la autoridad no sabe nada, no resuelve nada… Pero todo el pueblo lo dice… Un segundero –ya radicado aquí-, lleva lo robado a Vizcaíno y Guerrero Negro y viceversa… Ya no existe alguien en kashana´s al que no le hayan robado… Es el “Mejor Futuro para BCS” dice el gobernador Mendoza… “Vamos a Hacerlo Juntos” dice el cónyuge fascista que gobierna Mulegé… Vamos a robar juntos les responden los ladrones… Y nuestros corazones: tucúm, tucúm, tucúm… La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.


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2 Responses to Día de la Raza blues

  1. EL JUSTO 13/10/2016 en 9:35 PM

    EL QUE ANDA MUY DURO ROBANDO EN ESA PARTE DEL CENTRO ES EL CANIAS DE CABRILLAS DEL CHACHO VALENCIA ACOPLADO CON UN HIJO DEL DR. CHANG ME TOCO VER A UNA SEÑORA QUE IDENTIFICO UNOS APARATOS QUE LE ROBARON DE SU DOMICILIO CON ESE MENTADO BOLAÑOS LE DIJO QUE SE LOS REGRESARA POR QUE SI NO ACUDIRIA AL MINISTERIO PUBLICO A DEMANDARLO POR ANDAR COMPRANDO COSAS ROBADAS LE CONTESTO EL ESTUPIDO ESTE VE A DONDE QUIERAS IR ESE PINCHI BURRO JUNTO CON LOS MINISTERIALES SON MIS EMPLEADOS

  2. el pajaronalgon 15/10/2016 en 10:19 AM

    Y la policia?
    Estaban mejor con el Guille y su secuaces.

    Puro Pajaro Nalgon.

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