RIP Alonso Méndez Suriano

La economía mundial: un juego de mesa basado en la desigualdad

Hoy en día los niveles de desigualdad han alcanzado cifras preocupantes

Según un informe de OXFAM publicado a principios de este año, hoy en día los niveles de desigualdad han alcanzado cifras preocupantes: el 1% más acaudalado de la población mundial cuenta con una mayor cantidad de riqueza que el 99% restante de las personas del planeta. ¨Lejos de alcanzar a los sectores menos favorecidos, los más ricos están absorbiendo el crecimiento de los ingresos y la riqueza mundial a un ritmo alarmante”, indica el texto. Ante estos datos es imposible negar que el sistema económico actual tiene su base en la desigualdad económica y social, esta afirmación se demostrará desde el ámbito de las divisiones y valores sociales, así como en las abusivas prácticas económicas de países considerados como potencias.

En la actualidad, somos bombardeados todos los días con numerosas imágenes en espectaculares, revistas, periódicos, y redes sociales, entre otros medios, que nos intentan vender un nuevo producto o servicio. Tal importancia ha tomado el marketing para el éxito empresarial, que muchas de las empresas gastan más fondos en la publicidad de sus productos que en el producto en sí. El  sistema económico depende de los valores sociales que lo impulsan a seguir en movimiento y es por eso que por medio de la publicidad se inculcan en la sociedad los valores de un consumismo desenfrenado.  Estos valores se basan en supuestos estatus sociales definidos por la propia  mercadotecnia, que terminan por aumentar el crecimiento de una sociedad  más individualista y por ende cada vez más separada. Estas clases sociales se dividen de acuerdo al alcance de la adquisición económica de cada individuo y por lo tanto, aquellos que no pueden adquirir los productos más novedosos son encasillados en las clases más bajas.

Del mismo modo, para fortalecer  la base del sistema, que es el consumismo cíclico,  y que la economía siga siempre en movimiento, se necesita de la estratificación social. La lógica de esto recae en que al contar con la perpetua existencia de clases sociales de bajo poder económico, es más fácil conseguir mano de obra barata para acelerar y economizar la producción de bienes y que estos satisfagan el rápido y continuo consumo. Aquellos que no nacieron con el privilegio de pertenecer a una clase social más alta o media, se ven obligados a recurrir a labores en las que las condiciones son míseras, con largas jornadas y de muy mala paga. Un ejemplo muy concreto de esto es la existencia de fábricas en las zonas pobres de Bangladesh, que al derrumbarse por ser edificios con altos parámetros de inseguridad, provocaron la muerte de cientos de personas dedicadas a la confección de las prendas de tiendas de fast-fashion, que lanzan colecciones más de una vez por temporada para abastecer el ciclo de consumo.

Aunque se podría argumentar que no todos los países se encuentran en las mismas condiciones que Bangladesh, los países que son considerados como potencias mundiales  obtienen su desarrollo económico avanzado a costa de las condiciones vulnerables de países menos desarrollados, como lo es en el caso mencionado anteriormente.

 Estas grandes potencias prefieren subsidiar a sus empresas nacionales para poder vender sus propios productos más baratos a países en vías de desarrollo, mientras que al mismo tiempo, se le prohíbe a estos países subsidiar a sus empresas en el momento en el que solicitan préstamos en el Banco Mundial, impidiéndoles así, la posibilidad de competir con los productos baratos de las superpotencias. Un círculo vicioso. Esto se puede observar en un país no tan lejano como Bangladesh, al analizar el hecho de que México, a pesar de sus condiciones climáticas favorecedoras, importa maíz de Estados Unidos debido a que los estadounidenses ofrecen un maíz más barato porque está subsidiado y los productores mexicanos no pueden competir con los precios del vecino del norte.

Queda expuesto así, que el sistema económico actual tiene sus bases en la desigualdad económica y social, pues se observa el uso del marketing para manipular y promover en la sociedad los valores del consumismo cíclico que terminan por provocar una ruptura de clases. Se demuestra también el modo en el que esta misma estratificación social, provocada por el sistema, favorece a los grandes productores y finalmente, como las potencias desarrolladas hacen uso de los subsidios para llevar las riendas de la competencia económica mundial y adquirir poder económico a costa de los países con mayor pobreza.

Ante esta realidad, es momento de despertar y replantearnos si la manera en que la economía mundial está organizada, tiene realmente como propósito el manejo de los recursos para el beneficio humano o si es solamente un juego de mesa en el que pocos salen ganando al manipular las piezas del tablero, tablero en el que México es solamente uno más en el número de piezas y no uno de los grandes jugadores.

Elizabeth V. Zaragoza
Estudiante de Relaciones Internacionales en el Tecnológico de Monterrey


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