Lo que nadie dice de la reforma electoral es que es una ridiculez

Lo que nadie dice de la reforma electoral

y al que pretendiera decirlo, si alguno lo oyera, se le acusa de intención terrorista, antes, sedición social

Lo que nadie dice de la reforma electoral es que es una ridiculez, burda, innecesaria e insulsa; otra vez los flamantes legisladores meten a la agenda política nacional los intereses de sus respectivos partidos dejando de lado temas verdaderamente importantes. Los partidos políticos se imponen de nuevo por sobre el interés general y toman por asalto la representación de la soberanía popular para  hacerse un traje a la medida, negándose a ver la realidad del país y el hartazgo de la ciudadanía. ¿a quién le importa si no a ellos mismos la forma en que se repartirán el pastel electoral?.

 Cuando se aprobaron las candidaturas independientes los partidos políticos con todo el cinismo del mundo dijeron que era una figura necesaria, importante, una demanda de la ciudadanía, y de alguna forma tienen razón, solo que les faltó decir que es una figura que la gente reclama porque los vicios partidistas, las intereses de las cúpulas y el divorcio de los intereses de la población con los de los partidos y sus políticos profesionales al parecer son tan hondos en insalvables que la gente ya no se siente representada por los partidos ni por los candidatos que salen de los mismos. Lo que no dijeron los partidos es que preferían aprobar las figuras de candidatos independientes con tal de no democratizar su vida interna, con tal de no respetar los derechos de sus militantes y de seguir actuando por intereses facciosos sin tener que rendir cuentas a la población.

 Ahora con la nueva “reforma” electoral, los legisladores federales se permiten a si mismos la reelección y obligan a las legislaturas locales a implementar esta figura. ¿En serio creen que la gente está muy interesada en que se reelijan? Todo mundo sabe que en los sondeos de opinión los legisladores son los servidores públicos más desprestigiados, incluso por debajo de los cuerpos de policía, no sé porqué razón piensan que la reelección legislativa es un asunto que a la gente le interesa; argumentan que con ello la gente podrá premiar o castigar la labor de sus representantes populares, lo cual es una más de sus mentiras, porque si el problema es que el legislador renuncia a representar los intereses de la gente por representar los intereses de su partido, con la reelección el legislador sigue sujeto a los intereses del partido, pues es el partido quien lo postula para una nueva elección. Deberían saber, si no es pedir mucho, nuestros pobres legisladores que la relación premio-castigo, es decir voto- no voto en un sistema democrático institucional se da respecto de los partidos, y que se supone que son estas instituciones las que deberían dar certeza y continuidad a los procesos democráticos asumiendo los aciertos o errores de sus militantes que ocupan cargos públicos.

 El Instituto Nacional de Elecciones es otro bodrio que nos costará millones y que solo vendrá a centralizar la corrupción e ineficiencia de los órganos electorales. No sé quien les ha dicho a los legisladores que ellos por ser una instancia federal son mas capaces y sobre todo, que tienen calidad moral para decir: “como hay muchos conflictos en los procesos electorales locales, haremos un organismo federal que atienda esos procesos”.  En otro acto más de cinismo no reconocen que el IFE, que surgió de una serie de luchas y manifestaciones de la sociedad civil fue destruido por los propios partidos políticos, que a través de sus legisladores despojaron al IFE de su autonomía repartiéndose de forma descarada las cuotas de consejeros; que fueron precisamente, ellos y nadie más, partidos políticos y legisladores los que sumieron a un instituto que nació con credibilidad y eficacia en una pista más de su circo electoral sumiéndolo en el desprestigio y el oprobio.  ¿Quiénes son los legisladores federales y los partidos políticos para imponerse sobre los estados y designar desde el centro de lo que queda de la república a los consejeros electorales estatales? Si una pizca de vergüenza y de congruencia tuvieran, primero actuarían y resolverían el triste espectáculo en que se han convertido las elecciones federales, porque si hablamos de órganos incompetentes para llevar dentro de los cauces de la legalidad, dar legitimidad a una elección y resolver los conflictos post electorales ese el es IFE de hoy, el IFE que las prácticas mezquinas de nuestros nefastos partidos políticos han hundido, y que como las ratas, son las primeras en abandonar el navío, cuando fueron estas mismas ratas las que royeron los cimientos de los pobres despojos que queda del IFE de Woldenberg.

 Así pues, esta mugre de reforma sólo confirma, paradójicamente, el divorcio absoluto de los partidos políticos y sus legisladores de los intereses y aspiraciones reales de la gente, dándole vuelta a las cosas, poniéndoles otro nombre, con el único fin de que todo quede igual.

 Desde luego los jumentos que tenemos de representantes van a venir a hacer una presentación en un salón con una bola de acarreados que les aplaudan sus estupideces, pero jamás se pararán en una reunión con académicos, estudiantes o profesionistas para que les digan en realidad cuánto vale su dichosa reformita, ¿Cuánto legitiman las decisiones los aplausos comprados?

 

¡Viva Méjico cabrones!

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