Viveros Villa y la circunstancia

“Vivir en paz” no es un programa, es un slogan nada más

“Vivir en paz” no es un programa, es un slogan nada más

Escribo el presente artículo sin conocer personalmente a Víctor Arcadio Viveros Villa, más que lo que pude indagar con personas que lo conocen de toda la vida, amigos y gente que trabajó con él. Todos se manifestaron sorprendidos con su detención, algunos hablaron más bien, otros más mal, en fin, ni ángel ni diablo, una persona normal. Sin embargo, aunque uno no haya tenido el gusto, o disgusto, de conocerlo en persona, reconoce sus apellidos como uno de los profesionales del derecho, no sé si más connotados sea la palabra, pero al menos más recurrentes dentro de esa grey: ministerio público federal, juez de primera instancia, secretario de acuerdos, abogado de Telmex, secretario particular del presidente del Tribunal Superior de Justicia en el estado, ahora detenido por SEIDO por su por su presunta participación en asociaciones delictivas y delitos contra la salud.

No es el fin de las presentes líneas hablar a favor o en contra de esa detención, mal haríamos en meternos en terrenos tan pantanosos, tampoco, como ya se aclaró, conocemos al Lic. Viveros Villa para defenderlo ni mucho menos para crucificarlo, confiaremos en que los órganos encargados de impartir justicia habrán de resolver lo que corresponda en estricto derecho.

A las horas de estar  redactando estas líneas,  fiel a su política pusilánime y negligente de no dar la cara ante la sociedad, el gobierno del estado ha hecho mutis ante esta detención, ni el sibarita secretario general de gobierno, ni el procurador Valemón  han dicho nada. Todos sabemos, porque la padecemos, que la inseguridad en el estado ha escalado a niveles cada vez más alarmantes, los grupos delictivos en franco desafío al programa patito de “vivir en paz” que no es un programa realmente, sino un simple slogan, anunciado por el gobernador arrecian la lluvia de balas y se sienten tan seguros que ahora en las narcomantas se amenaza al “refuerzo” de las autoridades locales: la Secretaría de Marina y el Ejército.

Desde hace mucho tiempo se sabe que las cosas no están bien en el CERESO de La Paz, esto se hizo más evidente el mes de septiembre cuando los medios de comunicación consignaron la reyerta que se generó durante un cateo entre los elementos del grupo de coordinación de seguridad del estado y los propios custodios que pretendieron evitar la revisión; en el operativo se decomisaron armas, incluso armas largas, dinero, celulares, contadores de billetes, memorias usb. En esta ocasión el director del CERESO presentó su renuncia, aunque según las declaraciones del secretario general de gobierno, esta renuncia ya la había solicitado desde hacía dos meses por motivos de salud, solamente le faltó decir que nada tuvo que ver para su renuncia el operativo o que en el transcurso de esas mismas horas un domicilio que se presume como suyo fuera rafagueado y dejaran una manta que rezaba: “esto le pasará a todos los que sigan apoyando a Simón el (sepulturero)” sic.

A principios del mes de diciembre fue asesinado a las puertas de su casa el jefe de custodios del CERESO José Zavala Fiol.  Pepe tocaba la guitarra y era muy conocido en la escena musical paceña, no lo conocí personalmente pero si me tocó escucharlo tocar en alguna ocasión en algún bar, se veía un tipo tranquilo y amable; en este caso muy nutridos fueron los comentarios en redes sociales de amigos y conocidos lamentando su deceso y señalando sus virtudes como ser humano. La violencia y la podredumbre social que generan las actividades ilícitas nos está llegando a todos, ya no son, como malamente se decía “los de Sinaloa”, los únicos protagonistas de todos estos lamentables sucesos.

Muchos jóvenes han muerto, incluso niños ahora, “esos muchachos son de San Carlos, es mentira que sean de Sinaloa, yo fui a la escuela con ellos allá” me decía un amigo meses atrás comentado una de las ya incontables ejecuciones; esos niños que murieron en Los Cabos, esos jóvenes, de aquí o de allá, no nacieron marcados para el crimen, no nacieron malditos ni nada por el estilo, fueron niños que corretearon en los parques de nuestra ciudad, fueron adolescentes que jugaron en nuestras canchas,  fueron nuestros vecinos, compañeros de salón, amigos, hijos… pudieron tener otro futuro.

Desde que Felipe Calderón ideó este baño de sangre que ha sido la guerra contra el narcotráfico nada ha mejorado, por el contrario, las cosas están peor que nunca, no solamente el tráfico y consumo de estupefacientes se mantiene, sino que hay miles de muertos, más inseguridad, la corrupción ha escalado hasta las esferas más altas de las corporaciones policíacas. Para los ciudadanos las cosas están peor; para el gobierno desde luego este es un jugoso negocio, no solamente porque venden más cara su protección al crimen organizado, sino porque la compra de armamento, vehículos y equipo destinado a esta “guerra” deja grandes dividendos, porque a raíz de todo esto han logrado reformas que vulneran las garantías individuales de la ciudadanía y le permiten al gobierno cada vez sin menos restricciones detener, espiar y amedrentar, no a los criminales, sino a periodistas, asociaciones civiles o todo aquel ciudadano que resulte incómodo para sus intereses y felonías.

¿Quién le dijo a Felipe Calderón que los ciudadanos queríamos que erradicara el narcotráfico? No somos tontos para no comprender que este fenómeno jamás se va acabar, ni en Alemania, ni en Francia, ni mucho menos en Estados unidos se ha terminado ni se terminará, lo único que los ciudadanos queremos es que ese fenómeno se mantenga dentro de los márgenes tolerables para que no ocurra lo que precisamente ocurre hoy, que la violencia se desborda y pone en riesgo a personas que nada tienen que ver con esas actividades.  Y sale nuestro señor gobernador con la salomónica respuesta de que el fenómeno de violencia que vivimos es porque en las familias hay adicciones, no señor, que alguien consuma droga no tiene nada que ver con la incompetencia y corrupción que permea las corporaciones policíacas, qué casualidad, ahora resulta que cada que alguien prenda un churro de mota un policía se vuelve corrupto, o cada que un pobre tipo prende una piedra de crack eso les da derecho como autoridades de ser indolentes con todo lo que pasa en el estado, habrase visto tamaña desfachatez.

De eso tratan estas líneas, de lo que queremos los ciudadanos, queremos paz y no tener la triste certeza que la autoridad  está coludida con los criminales y que, en lugar de remediar todo esto, llega nada más a echarle más leña al fuego; de eso se tratan estas líneas, de señalar la podredumbre que se genera cuando la autoridad esta aliada con el crimen, se vuelve una espiral donde nadie se salva, no queremos ver ya más nombres conocidos envueltos en estos temas, ni muertos ni detenidos; no estamos diciendo que las personas mencionadas aquí sean culpables o no, simplemente que en la circunstancia que vive el estado cualquiera está en riesgo de caer en esa vorágine de complicidades y criminalidad; si las cosas siguen su curso como están, no hay que ser adivinos para saber lo que va a pasar, ya se vivió en otros estados: fugas masivas de los CERESOS, bloqueos de calles para matarse unos a otros, bazucazos a comandancias y hospitales. Y bajo el triste pero contundente axioma de “plata o plomo” cuántos jueces, policías, ministerios públicos, abogados, comerciantes, periodistas y ciudadanos en general pasaran a formar parte de ese tejido infecto que convulsiona a nuestra sociedad. ¿No es un tipo de corrupción también esconder o prohibir a la prensa que informe del número real de muertos, de víctimas inocentes?

Más que alguien venda y otro compre droga, es el poder de corrupción del crimen organizado lo que daña a toda la sociedad, una institución vulnerada por la corrupción no solamente es incapaz de combatir la venta de estupefacientes, sino que deja en completa libertad al crimen para secuestrar, traficar con personas para actividades tanto o más lucrativas como la trata de blancas o la prostitución y pornografía infantil.

Uno no será experto en cuestiones de seguridad ni nada, de grupos tácticos y de reacción, de unidades especializadas y de estructuras de las células delictivas y cuánta mamada se les ocurre, ah! Porque para ponerle nombres chingones a las cosas y luego cambiárselos si son buenos, pero mientras uno siga viendo que las patrullas llegan y se van como si nada de la casa del  puchador de la colonia, tenemos muy clarito que las patrullas con el ge pe ése y las reuniones con el pentágono y la mamada, es nomás pa seguirse haciendo pendejos.


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