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Oficios IV (final)

El mecánico: Ecce homo

Bien sabido es que no existe amor más sincero, mas grande y más puro que el de un hombre por su carro. Imaginen entonces el tamaño de la tragedia cuando uno tiene que dejar que otro cabrón le ponga las manos encima, es, no sé, puede ir tu mujer al ginecólogo y ni te inmutas, total, seguramente desde antes que la conocieras ya iba a que le esculcaran la panela así que ni modo que qué, pss, pero tu carro, no mams k, eso es otra cosa, el carro es lo único verdaderamente tuyo, lo que verdaderamente amas en la vida, es el instrumento de libertad, de trabajo, en ese pequeño espacio se han consumado y se resumen muchos de los momentos más importantes de tu vida, ¡ah! ¡Si los carros hablaran!. No es fortuito que en el divorcio el hombre pierda todo, casa, hijos, mitad del sueldo, etc., por lo único que pelea con uñas y dientes es por su carro, es lo que verdaderamente ama. Es por eso también que por más apretada que esté la economía familiar uno hace el esfuerzo sobrehumano de comprarle su propio vehículo a la mujer, para que no toque el tuyo, para que los plebes puedan subir las patotas llenas de cuacha de perro, embijar los asientos de dulce y la señora pueda desbielarlo a gusto.  Eso ahorra muchos pleitos, porque dios guarde decirle que si le checó el aceite al carro, es como decirle que está gorda, arde Trojan.

Por eso cuando lo llevas con el mecánico tienes sentimientos encontrados, por un lado sabes que el carro requiere de un servicio para que ande al cien, pero por otro lado, uno ya conoce a los mecánicos, los matasanos automotrices. Es verdaderamente una tristeza que en México seamos así, indolentes y valemadres hasta más no poder; todos los trabajos son dignos e indispensables, bueno, menos los regidores que sirven pa maldita cosa, pero de ahí en fuera, todas las actividades de producción de bienes y servicios son tan dignas como necesarias para una sociedad. No ser profesionista no implica que no podamos, y debamos, ser profesionales. Ser profesional es algo que no se respalda con ningún título de universitario o del Conalep, patanes sin ética con título también hay muchos, por ejemplo, dicen una vez, en algún muy muy lejano lugar, dicen, que hubo un abogado así, ¡siii! Aunque usted no lo crea, así de cambiaditos y perfumaditos también los abogados suelen, en muuuuy raras ocasiones claro, valer madre, salvo que sean ministerios públicos, ahí sí la ley se los exige, los capacitan para eso, en el instituto interdisciplinario de ciencias penales de la procu, existe un módulo de capacitación para el personal de la PGJE llamado: Técnicas para violentar la dignidad del detenido y conculcar todo tipo de derechos que lo asistan (I y II). Pero bueno en enero que iniciemos nuestro Simileaks profundizaremos en estas historias negras que corroen los cimientos de nuestras instituciones encargadas de impartir y procurar justicia.

El caso es que el profesionalismo no tiene que ver con títulos profesionales, sino con un compromiso ético personal, de comprometerse con lo que uno hace, no como yo que dejo tirada la columna por semanas, y tengo esperando a los dos amables lectores que tengo, pero bueno, no debiéramos ser así. Y los mecánicos son campeones en eso.  De verdad que los mecánicos son personas temerarias, porque tratar con esa irresponsabilidad algo tan sagrado para un hombre como es su carro, de verdad que no es cualquier cosa.

Para empezar, no hay taller limpio y mucho menos organizado, todos son un desmadre y un  cochinero, podríamos pensar que es algo inevitable por la naturaleza de las labores que ahí se realizan; pero pues no sé, habría que ver, si así fuera muchas otras profesiones también tendrían razón de ser un desmadre, por ejemplo, si uno llegara al consultorio de un ginecólogo desde la puerta sentiría el patadón de la peste a sargazo y no es así, son lugares limpios y agradables.

Por ejemplo, si un mecánico fuera cirujano, y tuviera que trabajar en el quirófano, desde luego no sería este el lugar aséptico que conocemos, habría sanguaza y un tripero tirado por el piso, pedazos de apéndice, vesículas y demás por todos lados. Además, nunca encontrarían la herramienta, es decir, el instrumental, no sabrían donde quedaron los bisturís, escalpelos, fórceps ni nada, así como en el taller no encuentran las perras o el dado de ½ y por eso se retrasa horas el trabajo, así nomás, porque los vatos no son capaces de tener orden, ahí se queda el carro uno, dos tres días, hasta que muevan algo y aparezca el dichoso dado y ya puedan apretar la última tuerca que faltaba para que pudiera salir tu vehículo del taller. Es más limpio un rastro que un taller mecánico.

Desafortunadamente todas las actividades que se llevan a cabo de manera artesanal, y con esto nos referimos a toda actividad que se hace manera personal, con la inteligencia y la destreza física de una persona, no puede ser suplantada por chalanes. Es decir, cuando un mecánico, un herrero, carpintero o albañil empieza a trabajar y se distingue por ser una persona capaz y dedicada en su trabajo, desde luego que empieza a tener más clientes y mucho más trabajo. Se ve desde luego en la obligación de contratar ayudantes para poder sacar adelante esa carga de trabajo. Ese es el principio del fin.

Quitar un tornillo tiene su chiste, conocer las medidas exactas de arena y cemento tiene su chiste, calentar el acero para moldearlo sin debilitarlo tiene su chiste, todo tiene su chiste (menos ser regidor) por eso todo trabajo y todo trabajador que hace bien su labor es digno de admiración y respeto. El caso es que cuando el maestro delega el trabajo en sus ayudantes las cosas ya no salen igual. No hay recetas, siempre se presentan detalles imprevistos que hacen que una situación sea diferente a otra, y en esos casos solo la experiencia, astucia y habilidad del encargado, del dueño del taller, pueden resolver las cosas de la manera más adecuada posible. Un buen chef se distingue de otro por estas pequeñas sutilezas que más allá de los ingredientes, tiempos y pasos que marca una receta, hacen que la experiencia se imponga por encima de manuales y fórmulas establecidas en los cánones de la profesión.

Pero no, los mecánicos son como los cirujanos del ISSSTE, que nomás arreglan lo que van a arreglar y lo dejan a uno abierto, mosqueándose con todo el tripero expuesto, hacen lo suyo y dejan a los practicantes o novatos que vayan ensayando con uno. Lo mismo hacen los mecánicos, dan el diagnóstico, van y echan un ojo a la pieza que está fallando y le dicen al ayudante qué es lo que se tiene hacer, ahí está el pobre carro de uno, con el cofre levantado y el tripero de fuera, en manos de unos imberbes que piensan que porque trabajan con fierros no hay que tener astucia ni sutileza para hacer las cosas.

Los mecánicos arreglan una cosa y desmadran dos o tres, son poco profesionales, creen que su labor y responsabilidad se centra en lo que tienen que arreglar, y lo demás les vale madre, para cambiar un alternador se llevan entre las patas mangueras, alambres, tornillos y cuanta cosa se pone en su camino. A jalones y estirones logran tener acceso a la pieza donde van a trabajar, pero para cuando eso sucede, ya quebraron otro tanto de piezas. Ni Napoleón y su Grande Armée dejaron tantas ruinas en su marcha sobre Moscú como el desmadre que te deja un mecánico queriendo arreglar una cosa.

Ahora que uno ve en la tele los programas de autos clásicos, bien conservados y bonitos, con los motores impecables y los interiores sin mácula alguna, uno sueña con poderse quedar con ese carrito que tanto nos gusta hasta que la muerte nos separe, lo llevas religiosamente a los servicios, cada que le escuchas un ruido extraño corres al taller como los padres corren al pediatra en las madrugadas que el bebé llora y llora, y todo para qué, para nada, para que el pinche mecánico de manera negligente y hasta dolosa trate el carro como si fuera una cosa, como si fuera algo sin alma, como si a uno no le importara y no le doliera en el alma oírlo cascabelear, cuando se le sube tanto la temperatura que hasta miedo te da que se te convulsione y quede tirado ahí sobre la Forjadores, como si no se nos oprimiera el corazón cuando uno siente que el carro no avanza y echa humo, está como empachado y con la mollera caída; será porque no lo ven a uno caer de rodillas clamando al cielo que no se descomponga el carro, porqué dios, porqué a él, llévame a mí, es mi culpa, yo fui el que no le puso antifreezer, yo fui el que no le checó el aceite… :´(  Incluso he llegado a pensar que hay una relación perversa entre los mecánicos y los carros, es decir, suponiendo que eres mecánico porque te gustan los autos, luego viene el dilema de conocer, probar, tocar autos que te gustan pero que no puedes tener, ahí esta relación amor-odio freudiana es donde las cosas se pervierten y será que acaso algunas veces, inconscientemente, el mecánico de adrede descompone cosas del vehículo que tanto le gusta pero que no puede tener, igualito que le pasa a los ginecólogos.

Por más cuidado y dinero que uno le dedique al carro, los mecánicos similares y conexos se encargan de acabar con él: te lo regresan con menos tornillos, con tapaderas y piezas quebradas, con mangueras de menos, vestiduras y pintura del carro llenas de grasa o aceite, le quitan piezas “porque no sirven para nada”, y con eso se descubre otra conspiración, de los ingenieros y empresas automotrices que le ponen cosas a los carros “que no sirven para nada”, encareciendo los vehículos y haciéndolo a uno batallar con cosas “que no sirven para nada”. Y esto es toda una industria, existen recursos millonarios dedicados a la investigación científica y tecnológica para desarrollar cosas “que no sirven para nada”… no sé si esté bien que comente esto, ahora temo por la vida de cientos, de miles de mecánicos que han descubierto esta conspiración de Iluminatis, Judíos Sionistas y la Nissan para ponerle a los carros cosas “que no sirven para nada”; si usted va con su mecánico y encuentra el taller cerrado y nadie le sabe dar razón de él, lo más seguro es que haya tenido que irse como asilado político a Suiza a causa de haber revelado al mundo este asunto de los autoleaks o cosasqueleponenaloscarrosquenosirvenparanadagate.

Los mecánicos son los que se acaban los carros, y cuando ellos no pueden, tienen un brazo armado en todos los carguaches y auto estéreos que les ayudan a terminar de mancharte los asientos, de quebrarte ceniceros, perderte el encendedor del carro, cargador del cel y cualquier documento que hayas dejado mal parqueado; te jalonean las manijas de la puerta, cables eléctricos, te quiebran el tablero y el retrovisor, te dejan la batería mal puesta y en el primer tope o bache brinca el carro y se desconecta o pega con el cofre y hace corto, te regresan el carro sin el tapón del radiador, cualquier pieza quitable no la hacen ponible de vuelta, las pierden, quien sabe dónde las dejan, las avientan a un hoyo negro para que se fundan en la antimateria y se hagan uno con el universo. A mi carro el mecánico le quitó ese paño negro que llevan por dentro del cofre, que aminora el ruido del motor y la temperatura sobre el propio cofre, quesque  porque “no servía pa nada” y luego si el carro agarraba lumbre ese paño se prendía… o sea, si el motor del carro está en llamas ¿A quién chingados le importa que se queme el pinche trapo negro ese? Con esta conflagración se descubre la segunda conspiración: le ponen cosas a los carros para que se incendien.

Lo peor de todo es que esto es pura y llana negligencia de los mecánicos, es totalmente comprensible que  al desarmar el carro, arreglarlo y luego ya  para volverlo armar les de hueva, total, en estricto sentido el carro ya está arreglado, ya la armada es lo de menos, bajo este razonamiento ellos no lo arman, dejan a los ayudantes que lo armen, como el cirujano del ISSSTE que te deja abierto y ahí cualquier güey que te cierre, está bien si no quieren hacerlo, pero nada les cuesta decirle a los chalanes: cada tornillo que le quites se lo vuelves a poner, cada tuerca, abrazadera, pieza de plástico, tolva, manguera, retén o lo que sea que se quite se vuelve a poner, el carro debe de salir tal cual llegó, es más, mejor que como llegó porque ahora saldrá sin fallas. Pero no, por no poner atención en esto tan simple todo vale madre, si uno tenía que salir satisfecho porque se solucionó el desperfecto, tiene uno que renegar y hacer corajes porque ya la chingaron algo al auto.

Supongo que no saben lo molesto que es para el dueño del vehículo ir por su carro y a la cuadra darte cuenta que falla porque algún cable quedó suelto, que le faltan cosas al carro, cualquier cosa, los tapetes, por mínima que sea no tienen por qué descomponerla, perderla, quebrarla o simplemente no ponerla porque les da flojera, pero así son, irresponsables y despreocupados con las cosas que no son de ellos, insisto, lo peor es que las cosas ya ni las hacen ellos, con darles la instrucción a sus ayudantes ambos nos podríamos ahorrar muchos corajes y pérdidas de tiempo, pero ni modo, parece que es mucho pedir que no te desmadren el carro para “arreglarlo”.

Y como dicen, hasta en los perros hay razas, hay unos mecánicos peores que otros; los mecánicos que se mueven en el séptimo círculo del infierno, los que definitivamente no tienen perdón de dios son los mecánicos de transmisiones y los eléctricos, ahí sí que ni cómo ayudarlos, ni uno se salva: no hay mecánico de transmisiones que sirva, ni uno solo, todos son un fraude, nunca arreglan nada, te cobran carísimo nomás por checar la transmisión, ¿de qué le sirve a uno que le digan que tiene si de todas maneras no la van a arreglar? No, no no, son cosa seria estos muchachos, y cariiiixxxximoooos, como si de verdad sirvieran pa algo, los eléctricos son la misma cosa. Si tu vehículo se descompone de algo eléctrico o de la transmisión, no hagas corajes ni gastes, préndele lumbre tú mismo al carro, es lo mejor que puedes hacer.

Encontrar un buen mecánico o un buen albañil es más difícil que encontrar el verdadero amor, si tienen la dicha de haberlo encontrado, cuídenlo, valórenlo, páguenle y no los anden apurando para que hagan las cosas a la carrera.

Es lamentable que seamos así, que no tengamos el compromiso con nosotros mismos de ser y hacer las cosas mejor, y repito, no tiene esto nada que ver con títulos universitarios, si no revisen el directorio de del sistema nacional de investigadores y verán el montón de gente buena para nada que está ahí cobrando por investigaciones que a nadie le interesan ni aportan nada al estado, esos son peores de negligentes, vivales que ni siquiera las manos se ensucian. Pero bueno, ya no hagamos corajes y abandonémonos al frenesí de consumo que las fechas demandan, que tengan felices fiestas en compañía de su familia y amigos, ya en enero nos vemos en el cash & go.

Salmo responsorial: ponle pelos verás.


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Una Respuesta de Oficios IV (final)

  1. pacegno 28/12/2015 en 6:05 PM

    ajjajjaja estuvo buena..asi son de lacras los pin..chi..s mecanicos

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