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La boda (II)

Toda la boda discurre sobre un protocolo al que cada vez se le han ido agregando más detallitos

Toda la boda discurre sobre un protocolo al que cada vez se le han ido agregando más detallitos, si la solemnidad del compromiso corresponde a la unión civil o religiosa, que es donde esta queda consolidada, no veo la necesidad de extender esta solemnidad a la fiesta; es decir, se supone que la fiesta es para festejar aquel otro acontecimiento, el formal, no debiera ser entonces una extensión del mismo ceremonial de hueva.

Pero bueno, te citan a las nueve y llegas a las diez, no hay música, solo ambiental, alcanzas a tomarte dos tragos cuando -sin preguntarte- ya te están sirviendo la cena; claro que decir cena es por decir algo, por señalar uno de los impasses del protocolo fiestario antes festivo y hoy ceremonioso de más; la cena es un amago de comida que ni siquiera una anoréxica se tomaría la molestia de vomitar, no es nada. El platillo correspondiente no desentona con la falta de imaginación y variedad del resto de la boda: medallones de carne o pollo con algunas pequeñas variantes – bañadas en salsa de esto o crema de lo otro-, verduras al vapor y un simulacro de puré de papas más falso que el carro completo del PAN. No hay más, cuando hablamos de una boda en algún salón de eventos todo es tan frío e impersonal como una habitación del ISSSTE.

Ahora, si nos referimos a una boda de pueblo, del 35 pa`rriba, la cosa es diferente, un tanto. En los pueblos de este bello y cruel jirón de tierra subnacional que tiene por apodo Baja, por nombre California y por apellido Sur, por estar situado respecto de su hermana y hermanastra hacia la región más austral de la rosa de los vientos, uno todavía se casa y se muere en su casa, si ya se siente muy acá, muy nice, se casa en la cancha del lugar, en el salón del sindicato si se es de Guerrero Negro o Isla San Marcos o en la sala de juntas de la Cooperativa si el bodorrio es en la costa; vale decir que en la costa, Guerrero y la Isla también hay cancha del lugar, pero el pinche vientazo no hace muy atractivo el casorio en lugar a cielo abierto, además del tierrero la música se va, se la lleva el viento, hay que ir a corretearla pa poder bailar.

El adorno también se complica al aire libre, salvo que pongas una flores artificiales – en el norte del estado no se consiguen flores naturales-, ahogadas en cemento no hay manera que permanezcan en su lugar. Es una lata también mantener en su lugar el mantel de plástico sobre la mesa de Carta Blanca. Los lugares cerrados son entonces en estos lugares vientosos la opción más parecida a un castillo de cristal para consumar este cuento de hadas que es la boda.

Tip para emprendedores:

Para adornar la cancha del lugar es menester conseguir una mica para pescar de la más delgada, de las que se usan para robar cochitos, sin usar de preferencia; acto seguido se tira la piola de una canasta a otra para medir la longitud, se recorta y se meten sobre la mica, de manera entreverada, pedazos de popote blanco, cortados de manera simétrica y flores de papel recortadas. Si usted no es conocedora del origami, hemos de decirle que basta sólo recortar primeramente círculos de papel del tamaño que prefiera la flor, aconsejamos que no sean muy grandes porque corremos el riesgo, aunque remoto, que se vean muy nacas. Dobla el círculo por la mitad, dibuja tres ondas que harán las veces de pétalos, y al desdoblar la hoja tendrá su floresota de seis pétalos bien padre. Todas estas guías adornadas se cuelgan si ton ni son por todo el lugar y listo.

Ahora además de todo el protocolo conocido, uno tiene que chutarse unos videos de hueva de los novios, las mismas fotos que sube y suben a Facebook, ahora los hacen en un video con una rolita melosa y panochera, y ahí tiene uno que estar viéndolo y fingiendo que le interesa y se conmueve por el amor ajeno, si fueran Brangelina o gente famosa el morbo lo haría interesante, pero si son tus amigos y ya los conoces a quién van a venir a engañar con esa historia de amor, uno ya sabe que en tal foto el vato andaba agarrándose a otra, en que peda empezaron a coger y todo, está de más, sinceramente. Y eso cuando tienen el buen gusto de hacerlo en su propia boda, porque hay ridículos que ese tipo de videos hasta de aniversario de 3 meses de noviazgo lo ponen en el antro -tsss que sarra-, si fuera el Niño Verde lo pondría en Cinépolis, porque no hay amor más intenso y tormentoso que el de un ecologista con una búlgara, es un amor que verdadera y literalmente te hace volar… bueno, a la búlgara… por el balcón… en Cancún.

Tenemos entonces que la boda resulta ser, ya no un festejo, pero si una declaración de principios de la novia, un soliloquio contra el mundo donde la novia desafía normas sociales y estéticas, desprecia el qué dirán y escupe las teorías económicas y los índices de inflación, tipo de cambio, los pronósticos del FMI, el BM, la SHCP, el CPU y el http; los consejos del mórbido Carstens desde el Banxico –que a la vez que dirige el banco de México ya amarró capítulo en Kilos Mortales del Discovery-, y se caga en todas las razones y argumentos que le indican que es un reverenda estupidez gastar tanto en una fiesta que nadie va a disfrutar. Pero para ella es necesario, es el parteaguas de su vida personal y su afirmación social de que el amor de ellos -amor de los dos-, es especial, su relación es otro pedo, nunca nadie se ha querido tanto ni ha tenido una relación tan padre, por eso vale la pena gastar eso y más, si es que Banco Azteca prestara más.

Así, pertrechada en su ajuar de novia que le da poderes especiales, una Iron Bride, mira a las mesas, pero en realidad mira al futuro; camina airosa, como la flor de la canela, con el vestido horrible con más capas que un repollo, con las lonjas echas bolas por atrás del sobaco que fue a donde las desplazó el corsé, con unos bucles de la época del Boleo fierisísimos que ni de ella son, son de una muerta, los compró. Gotitas de sudor perlan el labio superior recién depilado, la cara blanca por el exceso de maquillaje y el pescuezo prieto como caguama, entre el organdí de las mangas del vestido se ven los brazos poblados de largos, negros y rebeldones vellos hirsutos.

Pero eso no importa, está ahí para decirles a todos que ella no será dentro de tres meses una fondonga, ni una mujer golpeada ni engañada como muchas de las que están ahí, esta ceremonia la está ungiendo de poderes especiales, de fuerza inquebrantable para enseñarles lo que es un matrimonio de verdad, por eso es importante la fiesta, porque es la consagración a la vida marital, nunca se divorciará ni mucho menos su marido necesitará buscar en otras camas o en otras mesas el confortamiento físico y espiritual, ella sabe cómo hacerlo. Nunca le dolerá la cabeza ni jamás de los jamases le prohibirá amistades, no lo celará porque ella sabe lo que vale, el marido no andará buscando pellejos en la calle cuando tendrá un filete oloroso y rozagante en casa. Pobre pendeja mi comadre que no se da cuenta que el vaquetón de mi compadre le tira a lo que se mueva. Y también ya ni la chinga mi comadre, estéticamente se deja y sexualmente no se deja, siempre ha estado llena de paradojas la muy bruta.

Ya son las doce y el evento se ha ido en puras mamadas, que el vals, que las palabras de este y del otro, que la tanda húngara, y todo para qué? Para qué el vestido de miles de pesos, y los adornos avant-garde, y la chinga de las damas de vestirse todas igual, y el peinado acá, y todo el anhelo de ser sofisticado, todo el esfuerzo para negar la circunstancia histórica, social, cultural, geográfica y económica que rodea la boda –porque para negar la realidad un secretario de hacienda se la pela ante una novia decidida a tener su boda- para qué el tul, la champaña y la crema de espárragos si todo se va al traste cuando suenan los primeros acordes de Sergio el Bailador, cuando en media estrofa volvemos a nuestra realidad rural, violenta y alburera; sale lo naco con chispas de prosaico y mousse de raspa y todo se convierte en calabaza –el sauce y la palma se mecen con calma-, y los invitados, seres kafkianos, se desparraman por la pista excitados por la tuba de Hamelín – ando bien pedo, bien loco-, y el glamour de los peinados no corresponde a la consigna fascista de un pasito pa adelante y un pasito pa atrás. Y es entonces, cuando las melodías que amenizan el ambigú son de un tal Julión y llevan títulos como La Fory Fay, que el sueño empieza a derrumbarse, precisamente con el sonido de las trompetas como en Jericó, y donde la realidad, aferrada y atroz empieza a desvanecer ese manto de terciopelo con el que la novia se vendó los ojos.

En las bodas del norte si está bien escuchar cumbias y banda en las bodas, porque allá no te hacen ir de ridículo con traje –formal dicen- y todavía te dan birria con sopa fría y frijoles, te dejan llevar niños y tienen la decencia de dejar que les regales lo que quieras y puedas. Hay un tipo de ingenuidad naquil, de buen salvaje, que no se ve exacerbada por el wannaberismo de acá del sur. De ello resulta que m+b/c= n y b/s+b/c= b1, si quieren despejar la fórmula les dejo las equivalencias:

M= medallones

B= banda

C= cumbia

N= naco

B= birria

S= sopa fría

B1= bien

Para más tips antinacos visita www.noseaspinchenaco.org , si eres joven emprendedor www.empréndetesta.gob


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5 Responses to La boda (II)

  1. pacegno 16/06/2015 en 8:53 AM

    Mm estuvo bueno.todavia somos medio rupestress…ahora va venir la p.a.nochera chinga a querer escribir mas que el simitrio

  2. FOKUSHIMA 16/06/2015 en 10:52 AM

    ¡Vaya, ya era hora que publicaran la segunda parte! Tienes la boca retacada de verdad y no te cabe la menor duda. Saludos. Gracias Simitrio.

  3. Ana Ross 18/06/2015 en 5:23 PM

    Me gustó muchísimo más que Boda 1. Valió la pena el desespero mío y la tardanza tuya. Abrazo.

  4. Hugo Alberto Murillo 18/06/2015 en 8:45 PM

    Debí haber leído tu artículo antes de casarme Simitrio…. saludos

  5. SHOOTING7 26/06/2015 en 10:24 AM

    muuuuuuuuuuuyyyyyyyy cierto jajajaja simitrio

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