Guayabera bananera: distintivo de caciques y arrastrados

Si bien es cierto la guayabera tiene origen como vestido del campo

La guayabera, como muchas de las peores lacras de la política del país y del estado, ha vuelto a estar moda; y la verdad es que es una prenda muy ad hoc para representar lo que se es.

Si bien es cierto la guayabera  tiene origen como vestido del campo, la verdad es que muy pronto esta prenda fue retomada por élites políticas y económicas de los países tropicales.  Aunque la historia más aceptada señala que fue la gente del campo quien usó esta prenda como atuendo para ocasiones formales, la verdad es que nunca fue una prenda de uso común entre la gente llana, es decir, era un atuendo para ocasiones especiales que requerían de cierta formalidad. Por ser hechas de algodón y posteriormente de lino, nunca ha sido una prenda barata para que forme parte del guardarropa regular de la población.  Además de esto, al hacerse la hechura de la prenda más sofisticada, con las bolsas, pliegues y costuras extras que empezaron a distinguirlas como prendas elegantes, fueron menos accesibles a la población común y empezaron a ser el distintivo de banqueros y políticos de los países bananeros del caribe latinoamericano.

Atención, mucha gente en muchos países utiliza la guayabera ocasionalmente por ser una prenda que a comparación de los trajes de saco y corbata puede llevarse como vestimenta formal en los países tropicales o con estaciones del años muy calurosas,  pero han sido las élites burguesas y políticas de nuestro países bananeros los que prácticamente, más en unas épocas que otras, han adoptado la guayabera casi casi como uniforme, como lo hacen hoy en día toda la bola de ridículos arrastrados lameculos de los funcionarios del actual gobierno estatal.

La guayabera representa la prenda de la ostentación, de las élites que se quieren distinguir del ciudadano común, como el calor tropical les impide usar casimir, lana, sedas o pieles, tienen que recurrir a esta prenda barroca, donde pliegues y bordados de más se superponen unos sobre otros con el único fin de que la pieza cobre mayor valor, el abigarramiento de cortes y bolsas, patoles y bordados solo sirven para hacer saber a los demás el costo que debe de  tener  la prenda que se viste. La guayabera es la marca del cacique del pueblo, del político de falsa humildad.

En México todos recordamos y asociamos el uso de guayaberas con una de las décadas más nefastas en nuestra historia política y económica, los 70s, las figuras de Echeverría y López  Portillo y todos sus falsos pregones, el nepotismo y autoritarismo disfrazados del discurso populista-latinoamericanista y de la administración de la abundancia, la cúspide de la crisis política de un sistema ilegítimo que mientras acogía a los exiliados chilenos extendía la represión del 68 y el jueves de corpus sembrado el país de tumbas y desaparecidos, bajo el manto blanco de las guayaberas impolutas se crearon la DFS y las brigadas blancas, cunas del también emblemático Negro Durazo y los ríos que los hicieron tristemente célebre: el Río Tula y Alfredo Ríos Galeana. Aunque hoy quisiera hacerse pasar como una prenda “típica”, la verdad es que es una prenda clasista, de políticos tercermundistas y banqueros rapaces, porque no vaya a usted a pensar que en la guerra de castas caribeña los mayas andaban combatiendo con guayaberas, ¡no señor! Las guayaberas siempre han sido para los caciques, la gente común cuando mucho llega a usar camisones de manta, ni los Lacandones andan enguayaberados y descalzos corriendo por la selva, tampoco los jíbaros andan reduciendo cabezas con sus guayaberas.

Después de caer en desgracia por el desprestigio que le dieron a esta camisa los políticos mexicanos, se popularizó como una prenda pintoresca para los turistas, por lo que se volvió el uniforme de rigor de los meseros en los destinos de playa, ya para ese entonces el uso del nylon y el poliéster habían sustituido el uso de textiles naturales y habían abaratado el costo de la guayabera.

Hoy la guayabera bananera es el símbolo del sexenio en Baja California Sur, y pareciera un asunto irrelevante, porque, repito, mucha gente en diversas ocasiones usamos la guayabera, como una prenda más de nuestro guardarropa cuando la ocasión así lo requiere, o bien, cuando estás tan pinche gordo que nada te cierra ya. Pero la guayabera no es solo una prenda y ya, la guayabera gubernamental es la constancia visible de la añoranza por el cacicazgo, por la política de bayoneta y macana, vivimos un sexenio guayabero bananero no por la vestimenta, sino porque realmente las actitudes y posturas de la autoridad corresponden a un sistema político de hace 40 años, porque creen que la prensa puede seguir siendo controlada, bueno, sigue siendo controlada, pero las redes sociales ya no callan nada, y nuestro gobierno guayabero todavía se basa en la estrategia de con una mano te saludo y con la otra te rompo la cabeza a macanazos, ¿o no? ¿estoy mal? ¿la autoridad no dice una cosa y hace otra? vayan y pregúntenle a los pescadores de Punta Lobos si miento, vayan y pregúntenle a los mineros de El Boleo, pregúntenle a los manifestantes del desfile del 16 que protestaban por el desalojo de la casa del estudiante sudcaliforniano en la CDMX.  ¿Díganme si la policía estatal no sirve para nada, nomás para reprimir a la población? Ahí están los gorilas del 68 resucitados, ahí están actuando los Halcones, la brigada Olimpia, al servicio de un gobierno que no sabe responder a las demandas de la gente si no todavía a chingazos, si va y les apunta con las armas a la cara, en pleno siglo XXI, con toda la crisis de derechos humanos que vive el país y con todos los señalamientos a nivel internacional, el gobierno federal y el estatal se dan el lujo de esas estupideces.

La guayabera simboliza el centralismo que despojó, así es, despojó a los municipios de los ingresos que por ley les corresponden a favor del gobierno central, claro con la complacencia de sus presidentes agachones, que ahora seguramente le clavarán más las uñas a la gente para recuperar esos ingresos, la guayabera sigue representando un sistema político de nepotismo, compadrazgos, de cerrazón al diálogo, de represión a la disidencia, de una oposición más servil que el propio partido en el poder; la guayabera sigue representando a las castas, a las familias que se sienten dueñas del poder político por mandato divino, al cacique, al amasiato del poder económico con el poder político, eso representa la guayabera, el atraso bananero, representa el atraso crónico con que nos dibujan en el exterior. Guayabera viste el político demagogo de Rius, guayabera y sombrero Panamá distinguen al banquero lavador y blanqueador de dinero sucio, evasor del fisco, el bróker de los secretarios de gobierno, del dueño de la constructora que pavimenta nuestras calles.

Hoy, como hace 40 años, uno puede ver en un lastimoso déjà vu, que la guayabera es la materialización del despotismo por un lado y del envilecimiento de toda una clase política por el otro; la guayabera es el sanbenito  del servilismo y la poca dignidad de los funcionarios que en un vodevil grotesco se humillan y se denigran queriendo imitar a su jefe, al gran señor, al tlatoani, al iluminado o vaya usted a saber qué cosa maravillosa piensen de su patrón, que tipo de deidad lo consideran. La guayabera es la constancia de que tenemos un cuerpo burocrático no lleno de profesionales, o ya de perdida  de profesionistas, sino de seres rastreros que no les apena mostrarse barberos y pusilánimes en público imitando la indumentaria del gobernador, seres sin conciencia propia ni criterio, funcionarios cuya apuesta no es su trabajo ni su capacidad, sino su desmedido culto a la personalidad más aberrante, funcionarios que idolatran la imagen del poder por sobre todas las cosas, personajes siniestros que se masturban pensando en que un día las miradas del todopoderoso se pose en ellos, en su guayaberita.

Vaya usted a cualquier acto de gobierno y verá de que materia putrefacta están hechos nuestros funcionarios, y todos, sean invitados del gobierno municipal, diputados, delegados federales, vaya, hasta los magistrados, se humillan al querer quedar bien de una forma tan obvia e indigna, vaya usted querido lector y presencie ese espectáculo lamentable, vea como todos se postran ante quien detenta el poder, vea esos seres sin alma ni vergüenza ser clones y bufones al mismo tiempo, mientras sueñan con ostentar ese poder.

Y si el gobernador saliera pelado, toda esa bola de lamehuevos anduvieran también pelados, y funcionarios desde primer nivel hasta burócratas de medio pelo reptan por igual en los pasillos de gobierno, ahí andan los pobres comprando en abonos guayaberas de poliéster para poder quedar bien; o sea, un niño quiere ser como Spiderman, como Messi, como un luchador, un joven se viste como su estrella de rock favorita, usa la moda que sus ídolos juveniles le imponen, se ponen piercings, pero son plebes!!! Pero estos pinches peludones ridículos lambiscones de verdad que no tienen madre, el otro un día un cabrón se me enojó en una quinceañera porque le pedí un trago: “soy funcionario de gobierno”, me dijo, que madre, pos si ya no se distinguen de los meseros, qué culpa tiene uno.

Pero, lector, lectora, déjelos, no se ensañe con ellos, si los ve en la calle no los apedree ni les eche el carro encima, ser así de arrastrado y ridículo y que todo mundo te vea es suficiente castigo, de a tiro ya mejor que se manden hacer unas camisetas que digan: soy lamehuevos, y qué!; nos gobierna un ejército completo de lambiscones y aduladores sin dignidad ni vergüenza, bien uniformados como meseros de quinceañera, eso sí.

Salmo responsorial: el pobre diablo aunque se vista de guayabera, pobre diablo se queda.


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5 Responses to Guayabera bananera: distintivo de caciques y arrastrados

  1. EL Marlin ROjo 04/10/2016 en 8:17 PM

    Pues ahora es uniforme de taxistas….

  2. Francisco Malo 04/10/2016 en 9:57 PM

    En chinga me compro una docena para ver si de dan chamba de lamehuevos con derecho a robar

  3. Daniel Odonojú 07/10/2016 en 11:16 AM

    Creo que la combinación gordo y guayabera blanca de manga larga es la regazón aquí. Un hombre no se ve mal si porta guayabera pero POR DIOS hay que hacer un esfuerzo DIETA EJERCICIO para no estar tan barrigones porque eso da la imagen INMEDIATA, VERDADERA, de NO tener fuerza de voluntad, virtud viril por excelencia. Son gordas la Jenny Rivera, la Paquita la del Barrio pero a ellas les va con su personalidad, pero un HOMBRE no debe ser gordinflas, porque el color blanco lo hace AUN! verse peor de horrible. Los meses de verano paceño son para hacer adelgazar a cualquier gordito, pero si sólo andas en aire acondicionado la grasa se acomoda. Y de allí sigue esa imagen de político rapaz con la que concuerdo, amigo Simétrico 😎

  4. Rosa Salvaje y manina 08/10/2016 en 8:49 PM

    He leído por segunda vez la columna y aún me parece genial.

  5. shanok7 10/10/2016 en 11:35 AM

    jajajjaa muy cierto por lo menos aquí en mi centro de trabajo de todo tipo de trabajadores las usan desde agosto del 2015 y cada vez mas, quien esta sacando provecho es la señora que las vende y fía jajajjja
    pero si es muy notorio ver que quienes quieren tener mas acercamiento con la vaca sagrada las usan mas

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