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Futbolerías

Estrada revisa la tabla de posiciones

Estrada revisa la tabla de posiciones, analiza todas las posibles variables que pueden incidir en el triunfo de su equipo en la próxima fecha; cual corredor de bolsa o físico nuclear, juega con las variables: la posición y el record de goleo de los próximos rivales, el campo donde se jugará, de local o visitante, el clima: temperatura, humedad y velocidad del viento. Revisa además la estadística sobre el tiempo de posesión del balón de su equipo y de los posibles contrarios, goles recibidos, anotados, la alineación de los jugadores, las lesiones o amonestaciones que puedan generar cambios en tal alineación; la edad del portero, la capacidad física de los jugadores en caso de tiempo extra. Descifra además la mente del director técnico, su temperamento, las estrategias utilizadas en partidos anteriores, analiza los últimos resultados para determinar si jugará de una manera agresiva o será conservador en su estrategia.

Sentado frente a la computadora de la oficina pasa horas y horas prediciendo el futuro, ahora gracias a la informática tiene acceso a las estadísticas de todos los partidos y de todos los jugadores en todos los tiempos, desde que el mundo es mundo, porque para Raúl Estrada el mundo se inventó cuando se pateó el primer balón de fútbol. Que tiempos aquellos donde sólo podía hacer sus predicciones con datos esporádicos y desorganizados extraídos religiosamente del Esto, Ovaciones o de cualquier sección de deportes de algún otro bodrio de la OEM.

Estrada tiene tres hijos, 10 años de casado y 12 como auxiliar del auxiliar del encargado del área de contabilidad de la empresa. No tiene televisión de paga, así que solo se entera en fragmentos de los resultados de la jornada del día anterior. Llega con desesperación a la oficina y consulta todos los resultados de los juego, aún cuando su equipo no haya jugado, en el tablero del ajedrez futbolístico todas las piezas cuentan. Dedica poco más de dos horas a analizar los resultados, tienen que tener los datos a la mano para que en el primer coffee break pueda discutirlos con sus compañeros de oficina; ahí, él como otros tantos esgrimen argumentos estadísticos, históricos, la esquina de la oficina donde se pone en café soluble y unas galletas cuétara, se configura el ágora donde los sabios debaten sus teorías sobre el balónpie y el augurio de las próximas jornadas, los aprendices, el muchacho de las copias y el de la paquetería, no tienen derecho a opinar, deberán pasar muchos años todavía para que su opinión sobre algo tan trascendental tenga un valor. Desde luego que no hay socrático o aristotélico que se pueda tomar en serio si no respaldan sus postulados poniéndoles una lanita y dejando constancia de ello en la quiniela de la oficina.

El fútbol se torna en el único proyecto de masas asequible, donde todavía la piedra de toque es el nacionalismo; en una sociedad como la nuestra, donde pertenecer a un proyecto político es estar condenado al fracaso, porque ganes o pierdas el resultado siempre es distinto al prometido, ser parte de la vorágine pasional del fútbol es la única manera de constatar la existencia de la sociedad civil. Pertenecer a una ONG, no es ser parte de algo en un país donde la identidad te la da el corporativismo, por el contrario, estar en una organización civil con un programa de acción más o menos trazado, es disgregarte, asumirte como una minoría que algo quiere y algo trama, con intereses extranjerizantes.

De tal manera, la pasión por el fútbol se conforma más por la ganas de pertenecer a algo más amplio que el seno sindical o el barrio, formar parte del mundo hermanado por algo que no resulte falso, aunque frívolo, pero ya no se puede pertenecer a otra cosa, profesión, partido político o religión, para obtener como incentivo la decepción o la traición. El equipo gana o pierde, pero no traiciona.

A falta de hombres probos e ilustres, el goleador, y en pocas ocasiones el portero, vienen al suplir el papel de ejemplos cívicos en el imaginario colectivo; la disertación sobre los resultados del partido, aunque más apegados a la suerte que a los argumentos reflexivos, proporcionan la sensación de comprender y tener conciencia del juego, alguna certeza, contraria a los resultados de la participación social o política que culmina invariablemente con la sensación de orfandad y de incertidumbre sobre lo que se prometió y lo que se hizo en realidad.

Existen desde luego otros parámetros que debieran dar una sensación de orgullo nacional, los premios Nobel ganados por compatriotas, los primeros lugares en competencias académicas internacionales que han impedido, o más bien prorrogado la desaparición completa de la educación pública, sin embargo, no son un hálito para incentivar el ánimo colectivo. Claro que no es culpa del pueblo, es culpa de la cocacola que no patrocina el premio Nobel ni las olimpiadas de conocimiento. Aún así, te das cuenta del triunfo de la publicidad sobre la educación cuando ves la indignación de un gol anulado, de un penalti mal señalado, pero miras la indiferencia ante la injusticia y la violación de los derechos ciudadanos, eso no causa indignación. Indigna y duele en lo más profundo que llamen naturalizados a la selección nacional habiendo tantos mexicanos de nacimiento que pueden ocupar ese lugar, pero no indigna la pauperización de 56 millones de personas en el país, no duele que 30 millones de niños vivan en la miseria y desnutrición. Se cierran oficinas para ver un partido, pero no para reclamar los derechos laborales, se llenan calles y avenidas para celebrar un triunfo, aunque triunfo sea la mediocridad de no haber perdido, pero las calles están vacías y el ominoso silencio da fe pública del egoísmo y la cobardía ante escenas de horror e impunidad como la terrible herida que desangra la conciencia nacional en el caso de los niños calcinados de la guardería ABC de Hermosillo, el cuerpo carbonizado de esos pequeños no conmueve ni mueve la voluntad de la ciudadanía que ha renunciado a esa categoría y se conforma con ser aficionado.

A quien le importa que Suiza tenga el mayor ingreso per cápita del mundo, los mejores servicios públicos, los índices mas bajos de criminalidad y los más altos de productividad si no pasan a los cuartos de final, losers. El país tiene clara cual será su epopeya, pasar a cuartos de final y no el combate a la pobreza, no la impartición de justicia, y vamos en el camino correcto, y no con Bora, con el piojo, ni Juárez, ni Zapata, ni el Tata Lázaro en sus más locos sueños nacionalistas hubieran imaginado cual sería el motivo del orgullo nacionalista que daría la consagración a la patria.

 Salmo responsorial: babochón!


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5 Responses to Futbolerías

  1. Ana R. 29/06/2014 en 12:15 PM

    Has sido la primera nota grata del día. No te dejes de preocupar, no voy a enumerar mi melodrama personal. Yo, de cualquier modo, al margen del partido que separa a todos de la vida. Hoy te me pusiste serio. Ni pexs, arando en el desierto y con mil años de sequía a cuesta. Hace falta aunque nadie escuche ni siquiera tú porque qué te apuesto que viste el partido. Ja,ja…. Yo no. Ni ganas. El espectáculo de la idiotez me enerva. Saludo.

  2. Julio Martínez Rojo 29/06/2014 en 12:45 PM

    Estimado Simitrio, mis respetos. Columna que debería ser de obligada lectura.

  3. román 29/06/2014 en 8:26 PM

    buen artículo, unos me gustan, bueno, todos me gustan aunque mas bien en unos no stoy de acuerdo contigo. buenos columnistas aki, no como los chayotes del colectivo.

  4. pacegno 29/06/2014 en 11:31 PM

    y los chuntaros!! donde estan los chuntaros?

  5. El Marlin Rojo 30/06/2014 en 11:08 AM

    excelente!!!

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