El Jaime

El Jaime vende nieve de garrafa afuera del jardín de niños donde estudia el hijo de un amigo

Con respeto y admiración para Jaime.

El Jaime vende nieve de garrafa afuera del jardín de niños donde estudia el hijo de un amigo; la veces que he acudido con él a recoger a su hijo, desinhibido y parlanchín, se encuentra platicando con el Jaime mientras éste sirve conos y vasos de nieve entre el griterío y la algarabía de la marabunta infantil. Mi amigo a veces concede en que su pequeño se compre una nieve y se la coma camino a su casa, a veces no. El otro día me di cuenta que el Jaime también pasa por mi casa en las tardes, casi del otro lado de la ciudad, incluyendo los domingos, y para mi sorpresa, más recientemente lo acabo de ver en una fiesta infantil dando el servicio de nieves, como quien lleva un carrito de hot dogs o las mesas de dulces que ahora se usan.

El Jaime es un muchacho que rondará los 22 años, delgado, moreno, siempre muy limpio con sus tenis, su liváis, camisa y gorra. Por lo visto trabaja todo el día todos los días. A sus veintitantos, seguramente que al Jaime le gustaría traer su carro con un buen sonido, como cualquier joven de su edad, un Honda Civic para llevar a dar la vuelta a su morra, pagar unas botellas de Buchanan´s  y subirlas al face. A pesar de lo mucho que trabaja lo más probable es que no le alcance para pagarse esos gustos. Tristemente lo más probable es que tampoco le alcance  para pagar servicios médicos, o financiar una casa de interés social.

Pudiera, como muchos de nuestros jóvenes lo están haciendo, buscar una vía más fácil de desahogo económico, ser puchador o sicario, ratero o ladrón de carros, pero trabaja. Jaime, como miles de sudcalifornianos y mexicanos, trabaja, se levanta día tras día a trabajar quince o dieciséis horas para ganar lo indispensable apenas para sobrevivir. En el estado miles y en el país millones de hombres y mujeres todavía creen en el trabajo duro como fuente de bienestar  material y movilidad social, todavía apuestan a ganarse el pan con el sudor de su frente.

Pero, ¿cuántos de esos miles o millones de personas se encuentran en el filo de la navaja? ¿cuántos no están hartos de que por más que se partan el lomo trabajando  apenas les alcanza para medio vivir? Seguramente que muchos están ya a punto de buscar formas, sino definitivamente ilícitas, menos  legítimas para ganarse la vida y poder pasar de perico perro. Es socialmente poco ético y humanamente lamentable que unos trabajen tanto y tengan tan poco, vaya, que ni siquiera tengan lo indispensable. Es totalmente comprensible el hartazgo de amplios sectores de la población que se enfadan de sobrevivir, de no poder darse algunos gustos, ya no digamos lujos. Qué puede pensar el bolero del gobierno del estado de ver que mientras él se  hace pedazos la espalda durante años y años limpiando zapatos, unos vivales entren pobres y salgan millonarios a la vuelta de seis años; qué puede pensar la secretaria que ve como el jefe paga boletos de avión con el dinero de la empresa o del gobierno para irse de vacaciones con la familia, o se inventa una reunión de fin de semana para irse con la otra, mientras a ella si apenas le alcanza para pagar los útiles escolares de sus hijos.

Es difícil saber cuánto más pueden aguantar esos millones de personas que por más que se esfuerzan no logran salir adelante, cuando por el otro lado todos presenciamos el espectáculo grotesco de la corrupción, donde funcionarios apenas a meses de ocupar un cargo se hacen de  caserones insultantes mientras el trabajador común apenas si puede costear su crédito de vivienda y deja de comer tres veces al día para poder poner las bardas o amueblar su modesto hogar; quien sabe cuánto puedan aguantar nuestros jóvenes profesionistas al ver sus pocas oportunidades de desarrollo laboral, mientras por otro lado vemos como narcotraficantes y matones traen unas camionetonas de lujo y pagan comilonas y música a diestra y siniestra. Qué decir de los pequeños comerciantes que tienen la soga al cuello y cada vez se las aprietan más con impuestos, gasolinazos e incrementos a las tarifas de energía. De verdad que ser una persona de bien en este país y en este estado es verdaderamente una odisea, es para santificar a cualquiera… o de a tiro ser gente de bien resulta ser ya una verdadera estupidez que no te lleva a ningún lado, porque además de no gozar del bienestar económico, el reconocimiento social también se lo adjudican criminales y corruptos.

La brecha de injusticia social no se limita a los empleos y sus remuneraciones, la ciudad también refleja esas diferencias como nunca antes se habían visto, hoy podemos ver en La Paz colonias de primera, de segunda, de tercera y hasta de cuarta. Mientras unas colonias gozan de accesos  ágiles y bien pavimentados, con alumbrado y hasta seguridad privada, otras subsisten en una eterna nube de polvo con las calles hechas pedazos, con fugas de aguas negras, sin alumbrado público, sin un suministro regular de agua potable, vaya, ni las patrullas se asoman por allá – a los policías, ministerios públicos y jueces les da flojera otorgar seguridad o  justicia a los pobres, ¿qué les pueden robar? ni el papeleo-, amén de que tienen que pasar por el vía crucis del tráfico en las anárquicas y luego entonces caóticas vialidades de nuestra ciudad; desde luego estos desequilibrios no se pueden entender sin la negligencia, incapacidad y corrupción de nuestras benditas autoridades que llegan al cargo a lamentarse pero no tienen ni la iniciativa ni la inteligencia de solucionar nada.

Mientras admiramos, unas veces en secreto y otras veces de la manera más desfachatada, a criminales y corruptos, mientras vemos como nuestros impuestos se transforman en casonas, avionzones, relojones y camionetonas, por el otro lado flagelamos a los maestros porque defienden sus derechos laborales –los únicos impuestos mal utilizados que nos duelen son los dedicados a la educación-, y nos molestamos si nos dicen nuestras verdades –déjalo que me pegue, para eso es mi gobierno-, la clase media wannabe, sigue soñando con “hacerla”, con gozar de las mieles del capitalismo y ya no gastan en maestrías en línea, ahora compran manuales que aseguran el éxito empresarial, biografías de uno en un millón que se hizo rico gracias a las bondades del sistema, pero de los millones que lo perdieron todo, de los ancianos condenados a la indigencia y de los jóvenes condenados a la delincuencia esos libros de a tres por 500 pesos no dicen nada.

La clase media agria confirmamos nuestras teorías conspiracionales y los que hemos vivido más de 5 sexenios ya sabemos que el ascenso social en este país es como aquel juego de  “La Caravana”, en IMEVISIÓN, donde la última prueba para ganar el gran premio consistía en preguntas o pruebas completamente inalcanzables por ser ajenas a las destrezas físicas o intelectuales del ciudadano promedio, entonces viene la frase lapidaria para las aspiraciones clasemedieras: “Lástima Margarito”. Y al son de una devaluación, inflación, quiebra del sistema bancario, baja del petróleo o cualquier otra plaga financiera, el sueldo que te costó quince años conseguir, de un día para otro vale la mitad, y ahí van de nuevo todos los Margaritos a querer subir de nuevo.

Paréntesis para establecer el currículum de los aspirantes al Margarismo yameriano:

Inglés y computación

Excel y Word

Liderazgo

Diplomados de gerencia en algo

Establecer en tus proyectos objetivo, misión y visión (creer que vale más la forma que el fondo)

Leer biografías de empresarios exitosos

Ser emprendedor

Leer a Og Mandino, quién se robó mi queso, el monje que vendió su Ferrari, en fin, crees que puedes sustituir la educación formal y la cultura general por manuales con frases que son “llaves del éxito”

Carrera profesional que termine con el adjetivo internacional

Creer que la inflación, crisis y demás fenómenos documentados por las teorías económicos son psicológicos y tú podrás salir adelante por encima de ellos, es más, creer que son las mejores circunstancias para emprender un negocio

La clase media emprendedora desconoce estos fenómenos como recurrentes y tiene fe en que no se presentarán de nuevo, ya agotado el discurso del liderazgo, de los cursos de computación e inglés que aseguraban un futuro prometedor, ahora a la clase media que voltea para arriba los tienen entretenidos con una nueva estrategia, para que no se caiga en la cuenta de vivir sicológicamente en el “ya merito”, pero materialmente en el “apenitas”, ahora a esta clase media que se siente más patrón que trabajador, les aventaron un hueso nuevo, entrepreneur les dicen, y va nuevo, nuevas técnicas y estrategias para acceder al éxito con mayúsculas; mientras la clase media amarga voltea cada vez menos para abajo y pierde el tiempo teorizando sobre la nueva dialéctica de las relaciones sociales y económicas y también acaba navegando de muertito y abonando a que las cosas sigan igual.

Y mientras la clase media snob vive en el eterno yamerismo soñando con ser uno de los pocos ejemplos de éxito económico, con ser el entrepreneur del año, y la clase media proletaria se la pasa inventariando la veces que la realidad le da la razón, la economía del país y el estado se sostiene realmente sobre los hombros de los trabajadores más humildes y peor pagados, al país lo sostienen y lo mueven realmente las mujeres y hombres que todavía se ensucian las manos para sacar el fruto de la tierra, sobre la espalda descarapelada y escocida del pescador; México, Baja California Sur, y todo el andamiaje social se sostienen de pie porque todavía hay gente  que prefiere trabajar tirando nuestra basura por un sueldo de mierda y en condiciones higiénicas y de seguridad inhumanas antes que delinquir, mientras sus jefes el fin de semana gastan en una botella lo que ellos ganan en toda la quincena. Muy bien podrían ponernos una navaja en el pescuezo para que podamos entender lo que es estar desesperado, lo que es no tener nada, lo que es vivir temiendo un gasolinazo que te suba el precio del pesero y ya no ajustes ni siquiera para ir al trabajo, lo que es vivir bajo gobiernos infames que te dan una despensa para la semana y te dejan morirte de hambre el resto del mes, mientras te obligan de manera vulgar tomarte la foto pal feis -que es en realidad el fin del evento-, con funcionarios relumbrosos y sonrosados de gordos cual lechones, mientras reza en sus impolutas camisas blancas “cruzada contra el hambre”.

No, no es gracias a políticos con estrategias económicas y laborales genocidas, ni gracias esos falsos robinhoodes sinaloenses, tampoco a esos pro hombres del consejo coordinador que ven al mundo a través de Forbes y las pantallas titilantes de la bolsa de valores, son los principales hambreadores y culpables de la injusticia social, igual de corruptos y delincuentes que políticos y narcos, es sobre el trabajo peor pagado sobre el que erigen sus fortunas, es por el regateo de las prestaciones sociales de sus trabajadores que pagan sus viajes a Las Vegas y los nuevos implantes de sus mujeres, es gracias a la clase trabajadora más humilde, más abusada y humillada sobre la que descansa la frágil estabilidad social de nuestra sociedad ¡ojalá nunca lo sepan y ojalá nunca se cansen!

Es gracias a que el Jaime se levanta todos los días a chingarle que conceptos podridos como la paz social, estado de derecho y civilización tienen todavía un significado, ahí están los ejemplos que todavía incentivan la esperanza de que las cosas mejoren  a pesar de las políticas oficiales que a machetazo limpio cortan de tajo las oportunidades de millones de ciudadanos; no es porque los ministros de la suprema corte con sus togas de medio millón de pesos resuelvan esto o aquello que existe el concepto de justicia, no es por miedo a los militares que a la primera provocación arremeten contra el pueblo que se mantiene la paz, no hay ejemplos de dignidad en la clase política que incentiven el ser un ciudadano a cabalidad, no, todo eso se construye y se sostiene desde abajo, no son más ex gobernadores millonarios lo que necesitamos, no, lo que necesitamos es más gente como el Jaime, que con su confianza en el trabajo honrado sostiene a su vez los conceptos de paz social y de justicia, porque el día que esos millones de mexicanos caigan en la desesperanza, o elijan la delincuencia como forma más expedita de satisfacer sus necesidades, nos daremos cuenta que hemos estado viviendo en un espejismo que oculta la injusticia e incentiva el abuso, que desconoce los valores sociales en pos del éxito económico; necesitamos más ciudadanos como usted o yo, apreciable lector un par de pendejos que religiosamente pagamos nuestro recibo de agua por más disparatado que sea el cobro, que año con año pagamos nuestro revisado y emplacamos nuestros autos, que con esfuerzo pagamos el predial aunque sepamos que el ayuntamiento no sirve ni para tapar los baches y sirva para mantener una bola de huevones como son los regidores.

Aclaración para chairos y maestros de economía política:

Atención, que no estoy haciendo un llamado a la resignación, por el contrario, debe de entenderse que si sobre los hombres y mujeres menos afortunados reside el endeble equilibrio social del país, bastará una sacudida de hombros de los que sostienen toda esta pirámide para que este frágil equilibrio se pierda.

P.D. Pinche Jaime no me vayas a hacer quedar mal y al rato salgas en los periódicos que vendías conos de mois & cois o que le ponías chochos de los otros a la nieve.


* * *

2 Responses to El Jaime

  1. robert 09/09/2016 en 12:12 PM

    muy bueno y muy cierto

  2. El Costeño 22/09/2016 en 5:19 PM

    Muy buena observación

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