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El huracán

Yo soy de pueblo, y eso es bastante jodido

La provincia y el animismo totémico

Si algo todavía nos diferencia a los que vivimos en la periferia de los grandes centros urbanos, conocidos como provincia, o haciendas cerealeras diría mi querido y mamonsísimo maestro Jorge Amao, es decir, todas aquellas regiones donde no es la industria, sino todavía la producción de materias primas e insumos para esos grandes centros industriales lo que mantiene esas economías regionales, es precisamente ese contacto que aún mantenemos con la naturaleza. Y no me refiero al contacto con la naturaleza de una manera contemplativa o idílica, mucho menos a la postura esnobista de veganos o hipsters sino al que meramente por razones coyunturales e históricas de nuestra biografía personal, es decir, porque nos tocó la putiza de vivir en lugares de esas características.

Yo soy de pueblo, y eso es bastante jodido, porque si BCS es tipo el culo del mundo, imagínense entonces lo que significa ser de la provincia de la provincia, es decir, si ser de Toluca vale madre, que está a tiro de piedra de la capital del país, pues ser de Baja California Sur y no ser de La Paz o Los Cabos está de la chingada. Cuando llegué a la gran capital, como el mil usos, la provincia me pesaba bastante, porque es una concepción tan arraigada que uno mismo la asume, la desventaja cultural, el atraso tecnológico que aunque en algún momento fue muy evidente, no determina realmente las capacidades o aptitudes del individuo, por el contrario, a veces los apendeja y los hace completamente dependientes; ahora los plebes no saben ni jalarle el pescuezo al gallo si no están en línea en los chats del ohmibod o de perdida al xvideos.

Y la provincia durante mucho tiempo fue representada por la lejanía del centro geográfico donde se concentraba el poder económico, político y cultural; que pareciera que es un fenómeno natural, pero no es así, durante mucho tiempo, hasta la edad media por ejemplo, los imperios y naciones se conformaban de manera policéntrica, es decir, los feudos o Burgos eran unidades independientes, si bien es cierto que había las “capitales” por decirlo de alguna manera, esto no determinaba realmente la capacidad económica y material de las ciudades, pero bueno, esto ya es harina de otro costal.

El caso es que la provincia es una concepción cultural que lleva implícita esta condición de alejamiento, de orfandad cultural, de escasez y atraso tecnológico; y en todas partes existe esta idea de la provincia, seguramente en la Isla de Pascua los que viven en Hanga Roa se burlan de los que viven en otras comunidades por provincianos, aunque la isla completa esté en medio de la nada. Así en los pueblos los barrios más alejados del centro cargan con el karma de ser provincianos, o rancheros, es decir, están más alejados del centro “civilizado”, entendiendo por eso donde se concentran las actividades económicas, políticas, sociales, donde se encuentran los centros de salud, escuelas y demás. Y aunque pareciera que si vives en Guerrero Negro y lo ves en un mapa, piensas: no mames, esta en medio de la nada, que más da vivir en Guerrero Negro o en Punta Abreojos, o en Jesús María, es la misma verga, pero no, no lo es.

Los que vivimos en el centro de la población, por más pequeña que esta sea, vamos perdiendo ese contacto íntimo con la naturaleza, a eso es lo que quiero referirme con este asunto, a la soberbia que se impone por encima del conocimiento real de los fenómenos meteorológicos. Quizá para los que viven las ciudades rodeados de cemento y estructuras metálicas temer a la lluvia resulta de provincianos, de ignorantes, de rancheros. Pero ese candor provinciano, esa ingenuidad quizá sea el único remedio contra la soberbia del hombre civilizado que piensa que es dueño del mundo y que con un fajo de billetes y toneladas de cemento puede imponerse a la naturaleza. Recuerdo cuando llegué a estudiar y en una ocasión que salió el tema en la plática uno de los presentes me preguntó si  yo había estado en los boys scouts, y antes que yo pudiera responder cualquier cosa un amigo que tiene familia en mi pueblo y que solía pasar vacaciones allá le contestó riéndose: no seas pendejo güey, esa raza todo lo que nosotros hacemos de mentiritas en los scouts ellos lo hacen de verdad a diario, no necesitan estar en los scouts para eso. Efectivamente, yo sin ser tener un rancho ni nada por el estilo, me tocó agarrar cochis, chivos, descabezar, gallinas, que me picaran los bitachis, matar víboras, comer mapaches, ir al monte por biznagas para el dulce –cuando estaba permitido-, ir a cortar orégano, sajar aceitunas con mi nana, ir al monte por leña, y muchas cosas que no son extraordinarias, pero ahora viviendo aquí y viendo cómo pasan las cosas, me parecen importantes, me parece importante simplemente estar en contacto con la naturaleza.

Pero un contacto real, ordinario, de cosas del diario, como esas que describí, simplemente caminar por un cerro, por un arroyo y poder percibir el gran número de animales y plantas con las que compartimos el mundo, no para idealizar un edén primigenio donde todos convivimos en perfecta paz, pelados con las manos en la bolsa, no, no para crear santuarios, sino para tener una conciencia muy vívida de esta relación que tenemos con nuestro entorno, y no solamente tener un conciencia ética que solo sirve para apoyar buenas causas en el face. A pesar de las modas, la verdad es que nos estamos volviendo una sociedad antinatural, luchamos contra el calor, contra la vejez, contra la gordura, contra la propia naturaleza de las cosas, como los perros, ahora los perros tienen conductas antinaturales obligados por nuestra obsesión por el confort y la frivolidad. Antes los perros cuidaban la casa y a sus dueños, cazaban ratones y comían las sobras, ahora no sirven para nada, son los niños malcriados e inútiles de la casa, les damos de comer químicos para que no les apeste la mierda, si salen de su casa se pierden, no saben regresar. ¿Cuánto tiempo va a pasar para que Mariah Carey, las Kardashians, o nosotros mismos nos alimentemos de puros químicos para que no nos apeste la mierda? No es posible estar en un mall tan nice, en una suite tan cara, comprar una casa tan lujosa, con acabados tan finos, para entrar al baño y dejar una peste de baño de terminal. No nos cuadra, no nos gusta sentir que a pesar de todos nuestros logros personales, económicos y materiales, seguimos siendo simples animales mortales, que a pesar de joyas y silicones y botox, nos apesta el culo (por eso lo traigo atrás, Monsiváis dixit), debe ser triste para Luis Miguel, para Kendal Jenner o Scarlett Johanson estar en su jet privado, en un yate en la Riviera Francesa, y que cuando salga del baño le digan, ¡futa madre, que chingados tragaste! Debe ser muy triste para la hijita de Marcos Covarrubias ir al fashion valley y descubrir que le apesta la caca como a todos los indios (Sofía Covarrubias Dixit), que lo que debería de hacer es subastar todo lo que compró en fashion valley y regresar algo de lo que su papá se robó, dinero de estos indios, a ver si así libra la orden de aprensión que tiene, pinchis rateros.

Y como conjunto social nos pasa lo mismo, nos agravia tener que poner límites a nuestro lábil desarrollo material, que si bien durante mucho tiempo fue sinónimo de civilización, ahora las dimensiones grotescas e irracionales en la explotación y depredación de los recursos naturales solo demuestra lo incivilizados que som

Nosotros, el culo del país, la provincia de la provincia, el brazo descarnado de la patria como lo llamaban los cronistas e historiadores a sueldo, deberíamos de volver a ese contacto con la naturaleza, rescatar ese temor ingenuo, que en realidad es respeto por la naturaleza, no propongo de ninguna manera volver al animismo y bailar frente al tótem para pedir o ahuyentar el agua para las cosechas, no propongo destruir las estaciones meteorológicas y descreer los pronósticos del clima, no, simplemente volver a esa humildad provinciana donde uno aprende a vivir con las bondades y dificultades del clima y el medio ambiente y no pretende imponerse a como dé lugar sobre la naturaleza.

Lo que el agua se llevó

En “Ensayo sobre la Ceguera” de Saramago, en una ciudad con gente de todo tipo, en “El Señor de las moscas” de Golding, con jóvenes adolescentes en una isla desierta o Buñuel en “El ángel Extrerminador” con un grupo de adultos de una clase social alta en una casa, se han retratado diversas situaciones límite donde la naturaleza instintiva del ser humano aflora por encima de las convenciones sociales que en situaciones normales rigen la conducta y la interacción entre los miembros de la comunidad. En Los Cabos durante el huracán Odile presenciamos un espectáculo que a los sudcalifornianos nos sorprendió y sobre todo, nos indignó: la rapiña.

Pero para enseñar el cobre como sucede en las obras citadas, la gente no tuvo que llegar a una situación extrema, el argumento de la falta de alimentos y agua no tenía ningún sentido, al otro día del fenómeno no podía ser posible que la gente no tuviera ya nada que comer en sus casas, y de haber sido así, había albergues y otras opciones para acceder al alimento y al vital líquido; pantallas, cerveza y otros artículos que fueron robados constatan que no fue el hambre lo que motivó a la gran mayoría de la gente a robar, simplemente vieron la oportunidad y lo hicieron, como dicen, la ocasión hace al ladrón. Acto totalmente reprobable que seguramente se volverá a repetir cuando las condiciones lo permitan, pasará a ser parte de una realidad que muchos lamentamos y nos negamos a aceptar como una regularidad, pero bueno, las cosas cambian y no solamente para bien.

También habremos de acostumbrarnos a otra tipo de rapiña, más infame quizá, la de nuestra clase política desesperados por sacar provecho de la desgracia ajena; peleando por los despojos de los damnificados para generar un clientela política que les asegure continuar con su carrera política. Ni caso tiene mencionarlos, ni uno se salva, peleando por tomarse la foto con los afectados, denigrando sin compasión a quien tiene necesidad, sin rastros de respeto y solidaridad humana por quien está en desgracia; lo que es una obligación del funcionario público, del gobernante, se vuelve dádiva miserable, cruel. El agua se lleva el pudor de  los que están ávidos de brincar a otro cargo público, retacan los medios de fotografías mostrando su propia miseria humana ¿qué tanto son las migajas que reparten comparado con lo que reciben en los cargos públicos? Con sus camionetonas ofensivas, con los achichincles que en realidad son los que hacen la chamba, posan para la foto a veces si siquiera poder ocultar la comezón que les causa la pobreza, peor aún estos casos tan lamentables, el abrazo fingido, la cara de fuchi que se adivina detrás de las gafas de sol, sorteando los charcos para no estropear el calzado de miles de pesos, la ropa y accesorios que traen puestos valen más que las miserables despensas que van a dejar pa la foto.

El agua se lleva el oropel de las obras mal hechas, de la pobreza de los materiales, deja al descubierto la mala planeación; puentes que sucumben ante el paso del agua, carpetas asfálticas que no cumplen con las especificaciones requeridas, hospitales y oficinas que se gotean y resquebrajan, las autorizaciones sobre arroyos y zonas de riesgo, ¿acaso no está casi desierta la puta península para tener que ir a apostarnos a la vera de los pinches arroyos? ¿Somos los pinches egipcios de hace 2000 años que tenemos que estar a huevo sobre la rivera del Nilo? Claro, la especulación, el dinero, la corrupción, los muertos. La frivolidad de las autoridades haciendo obras faraónicas e inútiles, pabellones culturales, centros de convenciones fantasmas, elefantes blancos, ahora van por la enésima remodelación del malecón de La Paz, ¡ay malecón no te acabes! Ese malecón tiene más reconstrucciones que el esfínter del potrillo, malecón, fábrica de ricos, todo ese cemento que van a utilizar ahí, ¿no estaría mejor encausando de manera segura el nicho del río en San Lucas? Como en Tijuana, Los Ángeles, es más, como es posible que DECOPE en Camino Real haya recubierto de concreto el lecho del arroyo que divide el fraccionamiento y el pinche gobierno no tenga capacidad, ni mental ni económica, para crear esta infraestructura donde se requiere, y anden gastando el poco dinero que hay en obras frívolas, tumbando lo que ya está para volverlo a hacer.

¿Porqué esa gente no fue evacuada?


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Una Respuesta de El huracán

  1. pacegno 25/09/2017 en 7:00 PM

    aaa con que envidiando a los chilangos…..pinchi wannabe chilango…no me lo esparaba

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