El funcionario

El funcionario en Baja California Sur no se asume como servidor público

Después de 25 años de haber dejado su tierra, por haber salido a estudiar la preparatoria al centro del país, pues las locales no estaban a la altura de las luces del heredero de uno de los apellidos más conocidos de la oligarquía local, pensó que ya era hora de volver a  tomar posesión de lo que por derecho divino le correspondía.

A la vuelta de más de dos décadas fuera del estado, con regresos intermitentes en algunas vacaciones, con la carrera terminada, veranos de inglés en Canadá y una maestría a cuestas, decidió que, efectivamente, ya era tiempo de volver por sus fueros a su lugar de origen. Con sus seis meses de experiencia profesional buscó la oportunidad, en el centro del país obviamente, de que lo ubicaran en alguna de las dependencias del gobierno federal en la entidad; por la altura de sus miras había solicitado algo bien, de acuerdo a sus convicciones y preparación, lo relacionado al sistema tributario podría ser una buena oportunidad, sin embargo, la opción que le dieron fue algo relacionado con un programa para abatir la pobreza. Sí, sí muy bien, en el segundo semestre de la maestría habían visto la definición de la pobreza y los indicadores que la determinaban, muy bien, sí, había visto bastantes pobres, lavando carros, vendiendo chicles, sabía que había regiones donde se acumulaban y todo su entorno era ad hoc, es decir, no era lo mismo ver un pobre pidiendo en Masaryk, ni el chofer o la muchacha que tenían que usar uniforme precisamente para que no se les viera lo pobre que ir a su territorio, verlos en su entorno natural, donde eran mayoría. Pero bueno, sabía que existían y ese era un buen principio.

Todo ese día trajo en la cabeza esos conceptos, los pobres, la pobreza, teóricamente los conocía, de repente sentía algo raro, pero pensaba que sería como cuando vio las ballenas por primera vez en un crucero por Alaska, o cuando nadó con delfines en Xcaret. Además, el no recordaba que en su estado hubiera pobres, o sea, sí, pero los pobres que el reconocía como tales, eran los meseros, los taxistas, taqueros, profes o burócratas de medio pelo, qué raro, pensó, seguramente hay algunos más pobres, pero no han de ser tantos, se me hace que no va a haber mucha chamba de esta allá en La Paz, pero bueno, mejor, luego lo quieren abrazar a uno…

Le contó la noticia a su padre, para que diera su visto bueno antes de tomar cualquier decisión de manera definitiva; es una gran oportunidad de que sirvas a tu tierra, a tu gente, le dijo, además, podrás volver al estado y hacer una carrera política. Ya con el Vobo, preparó maletas y se despidió de sus amistades del trabajo y del partido; los del trabajo lo llevaron a una cantina a tomar y la farra terminó en un hotelucho de mala muerte donde le fueron obsequiadas dos prostitutas, una del estado de Colima y otra de Veracruz, y  aunque  lo que le faltaba a una lo  tenía la otra, en realidad de las dos no se hacía una, pero bueno, a esas alturas la euforia de varias botellas de tequila, las últimas seguramente adulteradas conseguidas de pasada en una tiendita de la esquina mostraba la realidad algo distorsionada. Las “amistades” del partido ni lo pelaron, le desearon éxito pero nada más, hasta en los perros hay razas y siempre hemos sabido que los de BCS son chinampos, aquí se creen la mera vena, pero allá son tan pelusa como cualquiera.

El funcionario en ciernes antes de llegar al puerto de ilusión llamó a sus amistades para darles la buena nueva de que volvía a su tierra, unos se alegraron de verdad, otros fingieron gusto, pues era otro junior más que se sumaba a los aspirantes que ya existían para repartirse el estado, de cualquier manera todos le dijeron excelente weh, bienvenido papawh! La llegada fue otra farra dionisíaca y hasta la tercer semana pudo convocar a amigos y parientes para ofrecerles la oportunidad de incorporarse junto con él a la delegación y hacer un trabajo “sin precedentes” por los pobres del estado. Llegó el día de su toma de posesión en la delegación y en su mensaje dos cosas fueron claras: la veneración al presidente-tlatoani y el gusto que debería de darnos a todos los sudcalifornianos que alguien como él, haya dejado “todo” en la capital para rebajarse a volver a provincia y trabajar por su estado y por su gente, los trabajadores sólo lo escucharon fastidiados, acostumbrados a funcionarios que en realidad eran políticos que llegaban con sus ideas sin precedentes para mejorar las cosas, con su aire de La délégation, c’est moi, para terminar siendo lo mismo de lo mismo.

Ya en funciones todos los amigos le dijeron lo mismo: que ondita contigo mi rey, o sea, tú y los pobres me traen bien loco, tú y los pobres me van a matar papawh!!! Cero que ver. El nuevo delegado, la promesa de la política sudcaliforniana se dedicó las siguientes tres semanas a hablar por teléfono para informarles a toooodos sus conocidos que estaba “a la orden” en la delegación; las segundas tres semanas se dedicó a tirarle la onda a todas las trabajadoras de la dependencia, hasta que alguno de los subalternos desesperado por  la inactividad del delegado le propuso que hicieran un gira por toda la geografía estatal para atender de viva voz las demandas de la población. Le pareció buena idea conocer su estado, lo más lejos que había ido fuera de la Paz era al Hilton de Los Cabos.

Empezaron a planear la agenda para visitar el norte del estado, no sabía que más allá de ciudad Constitución había más Baja California Sur, o sea, si sabía, pero nunca había pensado en eso; nunca se había imaginado como eran las poblaciones o su gente, así que cuando el funcionario escuchaba los nombres de las poblaciones que habrían de visitar trataba de imaginarse los lugares de acuerdo con lo que él conocía: Las Vinoramas = Napa Valley; El Ancón = Palo Alto; Guerrero Negro = Salt Lake City; San Luis Gonzaga = San Luis Obispo; Las Barrancas = Grand Canyon; colonia regularizada El Caribe Alto (regularized High Caribbean) = Curaçao; el Caribe Bajo (low caribbean) = Haití;  Mulegé = Mohave; La Presa = Hoover Dam; Zona Pacífico Norte = Los Hamptons, pero con un chingo de abulón.

Así iniciaron la primera gira de presentación por la geografía estatal, en la primer reunión donde se entregaron cobijas, despensas y enseres de cocina que se semejaban más a los juguetes para niños de balde y pala para la playa, el flamante funcionario llegó con un atuendo que consideró apropiado para su presentación ante la sociedad sudcaliforniana, el único detalle fue que entre sus zapatos, su reloj y su camisa, llevaba puesto muchos miles de pesos más que los que entregó en especie para apoyar a la gente, pero bueno, él se lo merece y se lo ha ganado, y pues los pobres son pobres porque quieren.

El funcionario en Baja California Sur no se asume como servidor público, se asume como dueño de los haberes y trámites de su respectiva oficina, según la visión que tiene de sí mismo, siempre la ciudadanía está en deuda con él, siempre es benévolo y da de más; por eso mismo el merece más, un cargo más alto, un mejor sueldo, por eso dispone de los bienes públicos que se le confían para su provecho personal, para él siempre está justificado pagar comilonas o viajes que nada tienen que ver con su función con recursos públicos, por eso siente que puede disponer del personal no como trabajadores de la institución, sino como vasallos personales.

Por otro lado, el funcionario generalmente no es la persona más preparada de su oficina, sino que dispone del trabajo de otros que no tuvieron la suerte de ser designados para ocupar dicho cargo; porque para ocupar dicho cargo no es requisito indispensable la capacidad profesional, sino más bien el servilismo, la lambisconería que en muchos casos llega a la abyección; por eso generalmente los funcionarios son déspotas con el trabajador, porque quieren compensar la conciencia de su actitud rastrera con los de más arriba, porque viven concientes que para llegar a donde están generalmente tuvieron que perder la dignidad en más de una ocasión y tratan de compensar y de ocultar esta actitud ante sus subordinados.

El funcionario utiliza a su familia, esposa, padres, hijos, deliberadamente para sus fines políticos, se retrata los domingos en reuniones familiares cuando todavía ni siquiera le pasa la resaca de los excesos del día anterior, alcohol, putas, drogas, chamaquitos, incluso en esas fotos donde los funcionarios presumen su vida familiar puede que tengan el ano sangrando y escoriado, porque ahora la moda es formar cofradías de homosexuales, se cogen entre ellos o entregan a sus esposas e hijas, práctica muy común y documentada en la vida del “Negro” Durazo o en “La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa”, se visten de mujeres y se besan en la boca, se toman fotos, todo esto como una manera de sellar sus pactos perversos y asegurar la discreción y lealtad al grupo, los funcionarios son unas perras que podrán despedazarse, pero jamás hacerse daño.

El funcionario cuando está en el cargo se siente en el medio del huracán, siente que forma parte de la historia del estado, todo mundo lo saluda en los desayunaderos políticos, se paga sus notas en la prensa, cree que eso va a durar mucho, sin embargo, cuando pasa su periodo al frente de la dependencia, se da cuenta que es un pobre imbécil como los ha habido por cientos, que a nadie le importa y que su paso por la administración pública fue tan gris como la de otros tantos, que no aportaron nada a la vida pública del estado, que fueron más de lo mismo y que la historia del estado ni la memoria de los ciudadanos tienen un lugar para los pusilánimes como ellos.

Esos son los seres miserables a los que el pueblo rinde pleitesía.

Salmo responsorial: mejor futuro


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