Camino largo a Tijuana (final)

Guerrero Negro, con ese clima de las costas escandinavas

Guerrero Negro, con ese clima de las costas escandinavas, si el Golfo de California nos ofrece su hermosura transparente y sus cálidas aguas acarician nuestros pies, en esta Escandinavia sin árboles ni escollos, escocida  en sal, empezamos a conocer el rostro siniestro del Pacífico con su alma abisal. El Golfo es el Dr. Jeckyll y el Pacífico es Mr. Hyde.

Saliendo del clima apretujado de Guerrero Negro, cruzando el paralelo 28º que divide a la Baja en dos entidades diferentes, la línea recta que inicia en el Desierto del Vizcaíno prosigue inmutable en la geografía del vecino estado del norte, pasando por el valle de los cirios, esas plantas endémicas de la Baja que asemejan adolescentes de tímido y tierno follaje. La recta es una constante apenas alterada por esporádicas variables: una curva sin razón de ser, un arroyo famélico, un tramo de carretera lleno de hoyos; el paisaje de igual manera es persistente, de tanto verlo y bajo el mantra sordo del motor –trrrr-trrr-, la mente empieza divagar y las sombras de los jesuitas y el relevo dominico se transfiguran en el sopor del desierto, toca el pacífico en Guerrero y la recta se adentra por la mitad de la península hacia el norte, Jesús María, Punta Prieta y la desviación a Bahía de los Ángeles. Chapala con su laguna inmensa, reseca, de tierra partida que evoca Las Crónicas Marcianas, el pedregoso, la montaña de rocas gigantes surgidas de la nada, en medio de la nada.

El próximo sistema de curvas avisa la llegada a Cataviña, con los imperceptibles arroyuelos que enmarcan la llegada y salida del pueblo; donde por obra de la gran distancia que media entre el Rosario y Guerrero Negro muchos viajantes que no calculan bien el tiempo del trayecto se ven obligados a pernoctar. El hotel amplio y agradable es un monumento a la política social y desarrollista de Echeverría, diseminados en la Baja –Loreto, San Ignacio, Cataviña- la cadena de hoteles que en aquel momento se llamaron La Pinta impulsada por el gobierno federal hoy siguen operando, con su look  setentero, pero instalaciones completamente funcionales.

Con mínimas variables la carretera sigue impasible hasta que una serie de curvas delinean una subida tan larga como pronunciada; entre curva y curva, subida y subida de repente se encuentra uno en un espinazo con voladero hacia los dos lados, pero también permite admirar la grandeza de la nada, de esa mujer desnuda que divide los mares que es la península de Baja California.

Después de tres o cuatro horas de haber salido de Guerrero Negro vuelve la normalidad, la gente, las tiendas, la gasolinera, el  Mama Espinoza´s. de ahí en adelante es constante la aparición de pueblos, de gente, de señal telefónica. Hay llanteras y talleres mecánicos. Puedes comprar un café sin sentir que serás apuñalado en cuanto te bajes del carro.  En cuanto subes las cuestas del Rosario el clima cambia, el golpe fresco del pacífico cercano y la altura plantean otra perspectiva del clima y la geografía. Existen varias poblaciones, ejidos más bien, de poca población hasta llegar al valle agrícola de San Quintín, la llamada Oaxacalifornia, planicie frente al Pacífico donde son precisamente las manos de los migrantes indígenas los que arrancan los frutos de la tierra y han permitido que el valle crezca y se desarrolle, de ese hormiguero surge una cantidad importante de las verduras que día a día se sirven en las mesas de la Alta California.

Vicente Guerrero, Camalú, Colonet, San Vicente son una verdadera pesadilla para cruzarlos, el tráfico es constante y lento, generalmente las calles están llenas de charcos y semáforos, el tránsito entre una localidad y otra hace que los tramos carreteros sean un verdadero fastidio solo atenuado por la tranquilidad de pensar que ya no estás solo ante cualquier emergencia que se pudiera presentar en el viaje; saliendo por fin de ese tramo, llegamos a Santo Tomás, cuando vamos de sur a norte es una delicia observar el verdor del cañón donde se enclava el pueblo, generalmente nublado y fresco nos deja sentir por fin que estamos en un lugar diferente, la bondad de la franja mediterránea ofrece a quienes vamos del desierto el espectáculo de cerros verdes, de neblina.

Llegando a Maneadero ya estamos prácticamente en Ensenada, el gran puerto de la Baja. Por la costera puedes ver un gran número de establecimientos comerciales sobre la avenida con los grandes buques de fondo, contrario al apacible malecón paceño, no se ve el mar, que en realidad no es tampoco indispensable, pues si nuestro malecón deja al descubierto las tranquilas aguas del golfo con sus tonalidades y matices esmeraldas, el pacífico con sus siniestras profundidades es un mar casi negro que inspira con mayor facilidad temor y pensamientos terribles de lo que acontece en su interior muy contrarios a la tranquilidad y relajamiento que inspira el Mar de Cortés.

Por fin, con la espalda destrozada y el sistema nervioso a punto del colapso, tomas la cuatro carriles y te dejas llevar, puedes apreciar los acantilados y las interminables obras en construcción sobre la costa del Pacífico que van teniendo ya un tufo más Californiano que Bajacaliforniano. For sale, Real State, Open Condos, llenan el paisaje, muy atrás quedaron las choyas y los torotes, Rosarito es como Los Cabitos del norte, ya todo se va volviendo un revoltijo de idiomas. Cuando llegas por playas no puedes alcanzar a dimensionar el tamaño de la coqueta Tijuana, la esquina del mundo, solo hasta que pasas la caseta y rodeas el cerro sobre el cual se encuentra el fraccionamiento Soler y empiezas a ir más aprisa y de repente te ves en medio de cientos de bólidos empiezas a apreciar la dinámica de la ciudad.

Recorrer la Baja es siempre ir de menos a más, si la recorres de norte a sur, irás de menos a más en algunas cosas; si la recorres de sur a norte, de igual manera irás de menos a más en otras. Algunos prefieren lo más, algunos otros preferimos lo menos.

Tijuana y La Paz son hermanas; Tijuana es la hermana que se fue a correr el mundo, se casó con un gringo y ahora habla pocho, La Paz es la solterona que se quedó a cuidar a la mamá y sigue atizando la hornilla.

Salmo responsorial: Welcome to Tijuana, tequila sexo mariguana.


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4 Responses to Camino largo a Tijuana (final)

  1. marina 29/04/2016 en 11:59 AM

    muy bueno

  2. Juan L Martin 29/04/2016 en 7:47 PM

    Genial, como siempre, Simitrio

  3. El Costeño 02/05/2016 en 4:39 PM

    ¡Qué buen trip!

  4. pacegno 04/05/2016 en 2:01 PM

    es BAJA CALIFORNIA!!!

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