El burócrata (parte 1)

El caso es que en Baja California Sur la presencia de la burocracia es muy evidente dentro de la vida económica y política del estado

En un estado donde las actividades económicas han sido tan limitadas como Baja California Sur, el servicio público ha sido una de las principales alternativas como fuente de empleo. Y no porque los gobiernos deliberadamente establezcan esto como una medida para paliar la pobre oferta de oportunidades laborales en la entidad, sino que al ser tan contadas las fuentes de empleo generadas en el sector privado, la correlación entre trabajadores públicos y privados resulta importante; en realidad desde los años ochenta que se implementaron en el mundo y en el país las medidas del llamado modelo neoliberal, el adelgazamiento de las nóminas gubernamentales ha estado siempre en la agenda de los gobiernos como uno de sus temas pendientes, sin embargo poco se logra en este rubro debido diversas razones,  casos como el de Baja California Sur que la población está sumamente politizada y la participación política tiene como una de sus consecuencias la integración a la nómina gubernamental, pero también el fenómeno de los grandes cuerpos  burocráticos a nivel mundial, no nada más en nuestro país y en nuestro estado, tiene que ver con las nuevas responsabilidades que incluso la misma ciudadanía le exige al aparato estatal, es decir, si se le otorgan mayores responsabilidades al estado, o si se quiere que el gobierno actúe con mayor eficiencia, uno de los resultados para lograr esto seguramente será, no siempre y no sólo eso, el de incrementar el número de funcionarios y trabajadores para poder hacer frente a esta demandas.

El caso es que en Baja California Sur la presencia de la burocracia es muy evidente dentro de la vida económica y política del estado, porque somos pocos y ante la carencia de otras fuentes de empleo su hace más patente la presencia de los trabajadores de gobierno, porque somos un pueblo chico y todos tenemos algún pariente o conocido que trabaja en alguna dependencia municipal, estatal o federal, lo que hace que la figura del burócrata sea constante y evidente en la vida peninsular.

Si los avatares del destino hicieron de Baja California Sur una población que escasamente tiene raíces comunes con los pueblos indígenas originarios de la media península y por lo tanto, está desligado de factores culturales que a pesar del paso del tiempo siguen enraizados en las derivaciones del mestizaje generadas entres los pueblos indígenas y demás agregados raciales o nacionales que han generado el crisol cultural de México y que son más evidentes en el interior de la República, a pesar de esto podemos identificar en nuestra burocracia muchos de los rasgos que diversos autores como Ramos, Paz, Monsiváis, Bartra -entre otros-, han determinado como característicos del mexicano y que generalmente asocian con la vertiente indígena o prehispánica de nuestras raíces, pero en fin, sea por angas o por mangas, los burócratas sudcalifornianos, como buenos mexicanos son tozudos, negligentes, tranzas, y bastantes pendencieros, dependiendo del umbral respecto del sentimiento de inferioridad que manejen.

¿Quién no ha padecido la furia de estos semidioses, dictando sentencias desde su Olimpo de 3 por 2  mientras la ventanilla retiene su vaho mortal de café y burritos de chorizo con huevo? Todos odiamos a los burócratas, aceptémoslo, pero aceptemos también que gran parte de este odio en realidad proviene de la envidia que nos da que en un país como éste, en un estado como éste,  alguien cuente con un empleo donde, a lo mucho, trabaja las ocho horas que marca la ley y no le andan con las mamaditas de las empresas de dar un  “extra” de dar un “110%”, que no es otra cosa que trabajar horas extras de a gratis en empresas que gastan más dinero en pagar cursos motivacionales para que sus trabajadores “se comprometan con la empresa”, que es simple y llanamente un lavado de cerebro para trabajar más cobrando lo mismo. Si lo que gastan en cursos motivacionales las empresas lo usaran para pagar las horas extras que corresponden, o incentivos por productividad, realmente los trabajadores estarían más felices, pero no, es contrario a la ética del capital, no se paga más, es más, no se paga ni lo justo al trabajador no porque no haya dinero, utilidades, sino porque en el eje del pensamiento del capital está el maximizar la ganancia, el ganar más gastando menos, ese es el quid del asunto, así, aprovechar al máximo el pollo vendiendo la pechuga, las piernas, las alas y haciendo embutido las plumas, patas, pico, cabeza y pellejos del pollo, se actúa bajo el mismo principio  al aprovechar al máximo la resistencia física y sicológica del trabajador pagándole lo mismo, es la ley fundamental sobre la que se mueve el sistema.

Es muy lógico entonces que un trabajador de la iniciativa privada, que batalló para que le dieran permiso,  que tiene que usar su hora de comida o incluso faltar al trabajo para ir a hacer un trámite ante una instancia de gobierno se encabrone si llega y se encuentre con estas figuras hieráticas, impasibles en la ventanilla, eso cuando están en su lugar de trabajo, porque lo más seguro es que anden en otros lados, o estén al fondo de la oficina puro jijijí jajajá con su otros compañeros de fauna y aunque vean que estás esperando que te atiendan, sólo te atenderán hasta que se les hinchen sus burocráticos huevos; ay de ti si los apuras, si les tocas la ventanilla o los conminas a cumplir con su función con un simple y sencillo psst  psst!, pobre estúpido, la mitad del trámite que ibas a realizar ya valió madres.

Gutierritos y Godínez

Desde que Gournay empleó el término burocracia para referirse al nuevo cuerpo administrativo del monarca en la época de las monarquías absolutas, ésta ha tenido una connotación negativa; el burócrata, funcionario menor que sin tener honores académicos es el encargado de aplicar leyes, procedimientos, reglamentos y políticas de gobierno, es mal visto y desdeñado por los usuarios de los servicios públicos: los ciudadanos. Herederos de la arquetípica grisura de  Gutierritos y su versión masificada que homologa manías, costumbres, vestimenta y aspiraciones, los Godínez, aunque se refieren a personajes de la vida laboral privada, el término burocracia ha permeado más en su connotación negativa al referirse a algo ineficiente, a procesos tardados y confusos, a funcionarios negligentes e incompetentes (véase El Proceso de F. Kafka), es por ello que aunque la iniciativa privada se jacte de ser más eficiente que la administración pública, la verdad  es que en cualquier empresa o comercio podemos observar estos fenómenos conocidos como burocracia, por lo que dentro del sector privado existen burócratas, aunque sea un contrasentido del propio término, y desde luego, la iniciativa privada tiene un gran número de trámites sumamente burocratizados, confusos e ineficientes, sobre todo tratándose de situaciones de reclamaciones o garantías que respondan a los derechos del consumidor o cliente. (véase Aeroméxico)

El hábitat del burócrata por excelencia es la oficina, la dependencia de gobierno, es el lugar donde pasa de manera constante la mayor parte de su vida laboral, pero también la mayor parte de su vida productiva en todos los sentidos; en las oficinas se consumen años, sueños, capacidades físicas e intelectuales, el burócrata deja la mayor y mejor parte de su vida consumiendo el mismo café malo, batallando con los mismos archiveros que se atoran, con la impresora que hace bolas las hojas si no la sacas una por una. En las oficinas se pierden los mejores perfumes, las mejores zapatillas, el peinado nuevo. La mitad de las canas del burócrata salen por las deudas y la otra mitad por buscar estacionamiento cada día.


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