Antrología: Laurita Garza

Prólogo

Con la emergencia de la subcultura del narcotráfico, de su paso de la página policiaca a las headlines, todo el estilo de vida que rodea la vida de estos criminales emergió también a la superficie y quedó expuesta ante la opinión pública; cuando la opinión pública empezó a hacer de los narcotraficantes personajes dignos de admiración, para bien o para mal, estos personajes asumieron la responsabilidad de dedicar parte de sus ganancias a los excesos y ostentación para corresponder a la admiración que generaban; no es exclusivo de los grandes capos los excesos y la frivolidad, cualquiera que goce de los beneficios del sistema está obligado a generar esta suerte de gastos delirantes, desde luego innecesarios, pero fundamentales para dar sentido al capitalismo que requiere de reinventar las necesidades del ser humano para poder prolongar su existencia.

Nada es diferente entre el zoológico y los hipopótamos de Pablo Escobar, el Neverland de Jackson, el Iphone con diamantes de Paris Hilton o el Castillo Hearst en la costa californiana del editor del mismo apellido. Desde luego que el dinero es dinero y se manda solo para poder tener sentido, no reconoce nacionalidad ni oficio, narco o político, si es que hoy en día se pudiera establecer la diferencia. Ante el dinero todos tienen la misma devoción y la misma responsabilidad: generar esa vorágine consumista que renueva tendencias comerciales y pone en el centro de la escena siempre al dinero. Los relojes de un millón de pesos del político Mexicano César Camacho Quiroz,  el Partenón del célebre Negro Durazo, la casa blanca de la Gaviota y muchos, muchísimos otros ejemplos de este tipo de excesos cunden por todos lados en la vida del país.

El asunto es que bajo estas premisas lo underground, lo subterráneo o lo de la orilla (marginal) se vuelca hacia el centro, en este caso hacia el centro de la vida y la opinión pública. Y no solamente un estilo de vida lleno de excesos en lo material cae como balde agua fría sobre las caras impávidas de una sociedad mediatizada y renuente a asumir la realidad de la intolerancia política del 68 y el jueves de corpus y del fugaz sueño de la abundancia económica basada en el petróleo, los excesos de la violencia con que se manejan los negocios ilegales tiene también un boom, la muerte del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar y su compañero Alfredo Zavala por supuestas órdenes de Rafael Caro Quintero y la posterior huida del capo a Sudamérica y la patética historia de amor con Sara Cosío Vidaurri generan toda una vorágine de información y morbo que deja a la luz pública todo un estilo de vida que  se prefería ignorar y que daba al traste con la última intención de un sistema político de transformarse, así la renovación moral de Miguel de la Madrid resultaba una broma de mal gusto ante la eminencia, no de la corrupción política que laceraba las arcas gubernamentales, sino de una corrupción política que hacía tratos con delincuentes y obtenía ganancias de delitos y del sufrimiento de mucha gente; también se hace inminente de un segundo México, sumido en la pobreza y carente de oportunidades reales para progresar, y donde, desde luego, el debate ético entre el ser y el deber ser, lo ganaba el hambre de regiones enteras que no tenían acceso a ningún tipo de programa e incentivo social por parte del Estado mexicano.

Es en este contexto que la cultura de lo rural que se había desplazado hacia la orilla o la periferia de las prioridades del afán industrializador del primer presidente civil, el cachorro de la Revolución, Miguel Alemán Valdés, el ámbito del campo queda solo como constancia del origen primigenio de ensoñación que justifica el entramado institucional de:

  1. Las raíces culturales indígenas y campiranas como hilo conductor que da congruencia a la modernidad del país;
  2. Justificación del régimen revolucionario que reconoce y funde su identidad con el origen campesino de las grandes masas: el PRI está Cardenizado y proletarizado, quién lo descardenizará y deproletizará? la CNOP;
  3. El marketing de lo nacional para lograr una identidad comercializable y distribuible en el resto de América Latina con el boom del cine nacional, la música ranchera y los muralistas, que hace patente la transición del folklore como imaginario colectivo y ethos al “curios” como necesidad del mercado para equilibrar la balanza comercial.

De tal manera vuelve la cultura de lo rural a insertarse en la vida nacional, ya no como el discurso que justificaba al régimen de la revolución, ya no como esas masas crónicamente  famélicas que vinieron a Comala porque ahí les tocó el reparto agrario; ahora viene como una vorágine que arrasa con los estereotipos establecidos, el narco, ligado por su actividad económica al entorno rural, irrumpe en el centro, no solo geográfico, sino imaginario, al desatarse la guerra contra el narco se destapa la caja de pandora donde se acepta la propia existencia: si es verdad, existo y soy narcotraficante, y ya no pienso dejarme discriminar viviendo en la periferia. El dinero que genera la actividad ilícita y las complicidades que compra en la policía y en la misma sociedad les permite, como a los Cullen,  vivir entre la gente, primero discretamente, y después, estridentemente. Ya expuesta esta subcultura, se genera toda una serie de merchandise para captar ganancias en este segmento del mercado. Los narcocorridos se vuelven moneda de cambio de la corta expectativa de vida a la inmortalidad de una vida que se supone  excepcional. ¿Por qué los narcos merecen ser inmortalizados en un corrido? ¿Cuál es lo excepcional de esas vidas que debe quedar marcada en el imaginario colectivo para la posteridad? Los antivalores que en origen se atribuyen a las carencias de modernización del entorno rural se vierten de nuevo en las actitudes que ensalzan los narcorridos:

  1. Machismo, andan con muchas y la mujer es un objeto que se posee porque se merece, como una camioneta o un caballo;
  2. Relatividad de la vida humana: mato o me matan, no me importa;
  3. Tengo buenos carros;
  4. Me empedo mucho con buchanans;
  5. Apología del despilfarro gastando dinero excesivamente en ropa sumamente culera;
  6. Se dan muchos pericazos;

A saber estos son las virtudes dignas de guardar para la posteridad en los corridos, pero bueno, esta emergencia de la cultura del narco, y de lo rural que es su entorno, aplica en los países productores como México, desde luego que esta misma cultura no tiene los mismos antecedentes en los dealers del Bronx de origen netamente urbano o en los camellos de la Costa del Sol; incluso en  los mismos cárteles mexicanos puede verse la diferencia entre por ejemplo, la rusticidad del cártel de Sinaloa, productor rural, y el CAF, cártel urbano que desde hace años, por lo menos mucho antes que sus predecesores sinaloenses organizaron un entramado empresarial para lavado de dinero que hasta la fecha sigue operando a pesar de que fueron durante más de una década los enemigos favoritos del gobierno y las agencias antidrogas americanas.

De tal manera, con la emergencia de la cultura del narco vuelve a tomar auge lo relacionado al entorno rural, las carreras de caballos, los sombreros, la botas, y desde luego, la música relativa a este mismo entorno. Así como hoy en día los hipsters no necesitan ser leñadores ni montañeses, ni muchísimo menos ser muy hombres para dejarse esas largas y asquerosas barbas, apestosas siempre a café, tabaco o cerveza, ahora no es necesario realmente ser de rancho para vestir botas y sombrero, es solo un atavío más por el que se puede optar: puedes ir por el mundo de hippie, rockero, fresa puto con un suéter sobre los hombros, de hombre equis con una camisa tipo polo, o bien, de buchón.

Libro Primero: El Laurita Garza

Desde luego, hay que sacar tajada del pastel y entre otros, han proliferado los bares donde se escucha música ranchera, banda, norteña, sierreña y todas las demás variables que gusten agregar. Uno de ellos es precisamente el bar, o como ahora les gusta autodenominarse “cantina”, siguiendo este hilo conductor de recuperar y sentirse orgulloso de los orígenes que viene aparejado en todo este fenómeno, en tal línea de pensamiento introspectivo contamos además de varias cantinas, con una mezcalería, y si sigue en boga esta tendencia seguramente pronto tendremos una pulquería y más allá, una pirámide para beber la sangre de los corazones arrancados en honor a Quetzalcóatl o aquí, mas playerón el asunto, a kukulcán.

El Laurita Garza, o la Laurita Garza, vayan ustedes a saber la corrección gramatical del sustantivo, no es una cantina, no quisiera ser duro al juzgar pero  he estado en lugares más nice en la primera en Tijuana, como el Club Bambi que era un intento de tabledance, pero como no sacaban para la tarima de la pasarela y el tubo, las muchachas bailaban entre las mesas, floor show le denominaban,  o el Bar el Fracaso, que tenía piso de tierra.

Es un galerón de mal gusto, sin ningún tipo de decoración, el servicio es regularmente bueno y no es caro, pero la pasada al baño siempre está lleno de parejas nacas discutiendo o fajándose sin ningún pudor, la puerta del baño de hombres está llena de hoyos y literalmente el único mingitorio queda exactamente enfrente de la puerta. Los hoyos por todo el baño de repente te podrían hacer pensar que estas en un antro de Alepo y que algún yihadista despistado dejó caer una granada de fragmentación en ese baño. El olor a amoniaco del baño puede dejarte inconsciente o terminar con la mitad de tus neuronas por lo que no es recomendable permanecer mucho tiempo ahí.

El grupo es bueno, los integrantes son muy buenos músicos, sin embargo, estando uno ahí, viendo el lugar y escuchando el repertorio musical no puedes dejar de sentir que estás en alguna quinceañera en el Casino Corona, templo de las festividades de la sociedad de medio pelo hace 20 años. Eso es Laurita Garza, es como estar en una quinceañera o boda en cualquier salón de eventos rascuachón de la ciudad. La gente que va cuando se inauguró no es la misma que va hoy en día, cuando estaba de moda snobs  y vouyeristas de las diferencias de clase abarrotaban el lugar, ahora encuentras puras tionas y mamás luchonas que no se resignan a que sus mejores tiempos ya pasaron y que intentan enderezar su biografía sentimental con muchachos más jóvenes que ellas; no faltan los chilangos que piensan que al bailar todo es salsa, y extasiados por la baja densidad poblacional ocupan toda la pista para bailar cualquier cumbia, liberados por fin del hacinamiento histórico del California Dancing Club o el Salón México. Hay gente que está ahí bebiendo todavía con el uniforme del trabajo, o con el traje de fútbol, con antifaces de salitre alrededor de los ojos, tránsfugas de los cotejos en el Piojillo que no llegan a su casa a bañarse porque ya no los dejarían salir. Tratando de ser justos debemos de argumentar a favor del Laurita Garza que todavía no han matado a nadie ahí y si andas mormado dos jalones de aire en el baño te limpian todo el sistema respiratorio, es más, la pinche urea que se respira ahí es capaz de matar el cáncer de pulmón.

 Salmo responsorial: “Como antes si me querías”


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2 Responses to Antrología: Laurita Garza

  1. ANGELUS MORBUS 24/03/2017 en 8:27 AM

    FACINANTE!!!!!

  2. manuel mendez lutero 28/03/2017 en 8:38 PM

    interesante reflexion,sobre todo lo de las tillonas que no creen que,ya son viejas y mmm,suculento olor a miado,mmm,delicioso,alivia lo costipado

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