Democracia

La joya Latinoamericana

La joya Latinoamericana

La democracia, según su definición, es el sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del mismo a elegir a sus gobernantes. Dicho de una manera más sencilla, este sistema establece quién o quiénes están autorizados para tomar las decisiones colectivas y bajo qué procedimiento. Se esperaría que aquellos elegidos para ejercer el poder fueran los más preparados y quienes tuvieran la mejor capacidad para generar decisiones políticas que beneficien a la mayoría. Tristemente, en América Latina, el mal ejercicio del poder político ha traído consigo la crisis de la democracia.

El 70 % de los latinoamericanos prefieren una dictadura siempre y cuando ésta pudiera satisfacer sus necesidades básicas. Esta cifra es alarmante y nos invita a analizar dónde es que dejó la democracia de funcionar y cómo es que debería de ser. Un punto que siempre ha quedado pendiente en latinoamericana es que no tenemos un registro sobre los logros y alcances que ha tenido la democracia en la región, lo que nos ha imposibilitado a realizar un estudio de las causas de la deslegitimación de este sistema político.

Los criterios de un gobierno democrático son: participación efectiva, agenda ciudadana, libertad de expresión, ciudadanía incluyente, fuentes alternativas de información, transparencia, legalidad y responsabilidad en el ejercicio del gobierno, partidos políticos serios; elecciones libres, equitativas y frecuentes; y, por supuesto, la obligación de los gobernantes de rendir cuentas a aquellos que les otorgaron la capacidad de ejercer el poder. Desafortunadamente, América Latina pareciera ser la excepción a la regla, la incerteza política, la impunidad y corrupción son antivalores que vemos día a día en el ejercicio del poder político

Es un hecho que la democracia está pasando por momentos difíciles, en los últimos años hemos visto el fracaso de los Estados por intentar sacar regímenes democráticos viables, el debilitamiento de las instituciones y las fallas del sistema que han causado una desilusión política generalizada.

Esta desilusión no está muy errada, pues Latinoamérica es de las únicas regiones en el mundo que a pesar de tener, en su mayoría, regímenes democráticos, aproximadamente el 75 % de su población vive en pobreza y posee las tasas de homicidio más altas del mundo. Las carencias y déficits del sistema constituyen el deterioro del funcionamiento de las instituciones, la corrupción, la falta de libertad de expresión, la ausencia del Estado de derecho, el pésimo funcionamiento de los sistemas electorales, la inseguridad, la falta de equidad y el deficiente sistema de los partidos políticos. Lo anterior explica el por qué el descontento de la ciudadanía y es causa de la existencia de movimientos, sobre todo juveniles, que exigen la existencia de mejores políticas públicas, mayor transparencia y líderes preparados para enfrentar las problemáticas actuales.

Los procesos democráticos en esta región representan un desafío para la democracia clásica, las transiciones están caracterizadas por ser aceleradas, violentas, superficiales, discontinuas y externas, ya que dejamos que países extranjeros influyan en nuestras decisiones políticas con base en sus intereses. A diferencia de las transiciones europeas, donde los procesos son continuos, lentos, pacíficos e internos.

Quizá nuestra realidad está muy desapegada a cómo debería de ser la democracia según los libros y las definiciones, sin embargo es un hecho que el sistema democrático en Latinoamérica debe ser fortalecido. ¿Cómo podemos fortalecerlo? Para empezar, es necesaria la participación de la ciudadanía, sobre todo de los jóvenes; ellos constituyen alrededor del 20 % de la población mundial y son quienes más ponen de manifiesto la falta de confianza en la política clásica, lo que ha generado una disminución en su participación en las elecciones, partidos políticos y organismos sociales. En segundo lugar, es necesaria la construcción de opinión pública crítica, obteniéndola mediante una educación de calidad y libertad de expresión. Tercero, la profesionalización de la función pública; es decir, aquellos que vayan a desarrollar un cargo público deberán de trabajar a partir de la transparencia, la imparcialidad en la toma de decisiones y la toma de responsabilidad del cargo que ejercen. Cuarto, reducción de las desigualdades, si queremos que una nación progrese es necesario que su población pueda desarrollarse de manera integral y mientras existan desigualdades este progreso no será posible. Y quinto, generar certeza política, esto mediante transiciones democráticas continuas, lentas, pacíficas e internas.

La democracia sigue siendo un reto para los Estados. Llegar al poder y no saber ejercerlo, aún cuando el proceso haya sido mediante el sufragio, no nos permitirá poder construir una nación donde los verdaderos valores de la democracia prevalezcan, donde la voz y la participación de todos sea igual de importante o donde una opinión crítica sea más valorada que el silencio de la represión. Más allá de representar un reto para el Estado, debe ser un desafío para nosotros los ciudadanos, debemos de ejercer nuestra capacidad de hacer valer nuestros derechos y uno de esos derechos es tener una representación digna y no cualquier representación, esto sólo lo lograremos mediante la ciudadanización de la política, rompiendo el monopolio del poder y teniendo una participación activa.

Estudiante de Relaciones Internacionales del Tec. de Monterrey campus GDL


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