Civitas Californio XXXXI

Intervención en el II Aniversario del Pacto de Todos Santos

Cahelmet,  significa tierra y agua;  Idelibinigá, es sierra alta. Lengua Cochimí, ya desaparecida.

vcbEl Pacto de Todos Santos  -del que hoy conmemoramos dos años de vigencia- forma parte de los documentos históricos de Baja California Sur que emanan de la fortaleza del espíritu de  mujeres y hombres  que con dignidad defienden y resisten por lo que aman.

Es un documento que trasciende las fronteras  y que se inscribe en las luchas auténticas de la defensa   territorial, a favor de la nación, de la patria chica y  de la soberanía popular, como un movimiento permanente por la vida humana, la preservación del entorno,  de nuestra agua y de nuestros suelos y serranías sin contaminación.

El Pacto de  Todos Santos es un documento inspirado en las luchas seculares que se dieron en el Continente Americano después del Descubrimiento (oficialmente llamado así) y que se sigue dando por los dueños originarios de la tierra, los indígenas milenarios, que se resistieron con todos los medios a su alcance -guerreros, legales y culturales- para defender nuestra tierra, nuestras montañas, nuestros ríos, nuestras cañadas y  arroyos, nuestro aire,  nuestra vida, nuestra cultura, nuestra genética, nuestro honor, nuestras costumbres y creencias, y principalmente nuestra familia.  Con aquellos indígenas desaparecidos por el tiempo los Californios actuales no somos sino uno solo, aunque no tengamos ni un peso, ni un dólar en nuestros bolsillos o en cuentas bancarias, sino simplemente porque detentamos la propiedad originaria que Dios nos ha dado por tener la fortuna de haber nacido aquí, por ser mezcla de su sangre,  o por llegar aquí de otras latitudes -nacionales o extranjeras- con las buenas intenciones para trabajar y para vivir con el esfuerzo personal y la bendición de nuestra familia.

Tener al Pacto de Todos Santos, por sus postulados, sus principios y sus métodos de lucha social, en el centro de nuestro  corazón de sudcalifornianos bien nacidos, es tener muy arraigados en la memoria colectiva a todos los que por causas distintas, pero con un mismo objetivo, en diferentes etapas, desde la época prehispánica en Baja California Sur sacaron la casta para resistir al extranjero al que  veían como ajeno, invasor, oprobioso, destructor, seductor y violador no nada más de la carne, sino de la tierra y sus frutos.

Es recordar a nuestros caudillos indígenas pericúes:  Abué, Cunuam o Botón, Chicori o Cacanagua,  los primeros  Californios  que aunque por otras causas diferentes a lo que en los últimos años nos ha unido  y nos concentra hoy aquí en esta Plaza Pública, encabezaron la rebelión de 1734 para defender sus costumbres y sus creencias, iniciando en Santiago –Aiñiñi-, después en  San José del Cabo –Añuití–  y por último en Todos Santos, y  que fueron brutalmente reprimidos.

Es recordar al Capitán Manuel Pineda, Mauricio Castro Cota, Vicente Mejía, al teniente José Antonio Mijares, y sus batallas heroicas en Mulegé, San José del Cabo y La Paz, donde sus milicianos y voluntarios se enfrentaron al invasor norteamericano en 1847, y que no se doblegaron ni actuaron cobardemente, no obstante la superioridad numérica y militar de la agresión que mutiló en más de la mitad al territorio nacional, y que no tuvieron miedo a los mismos imperialistas a quienes la debilidad de la codicia y la ambición los convirtió en criminales de guerra y mitómanos perversos cuya avaricia sigue cercenando virginales territorios  y miles de familias en toda América Latina, ante los que el poder establecido que debiese defendernos se ha doblegado servilmente entregando vergonzosamente extensas concesiones mineras, faltando no solo a su compromiso constitucional, sino al pueblo al que se debe,  y lo peor, a Dios,  porque la tierra y sus montañas deben ser recintos sagrados  por lo que representan para nuestra vida, tanto como antiguamente  lo fueron el Popocatépetl,  el Iztaccíhuatl, el Pico de Orizaba,  en el país,  y  nuestra Sierra de La Laguna en La Paz y Los Cabos,  La Giganta  en Loreto y Las Tres Vírgenes y San Francisquito en Mulegé.

Es recordar a Ildefonso Green, sanluqueño que  enarboló con las armas en la mano la lucha  por la República Liberal y el Constitucionalismo;  a los todosanteños General Manuel Márquez de León que  se enfrentó valientemente a  Porfirio Díaz en el esplendor de su poder; a  Clodomiro Cota Márquez, Melitón Albañez Domínguez,   al Padre Gabriel González,  a Dionisia Villarino  “La Coronela”, al general  Félix Ortega Aguilar y al Plan de Las Playitas de la Concepción de 1913,  todos ellos que secundaron la lucha de la Revolución Mexicana, por ideales hasta ahora incumplidos y manipulados desde el poder.

Es recordar al doctor Francisco Cardoza Carballo y  los postulados de Liberación y Progreso del Frente de Unificación Sudcaliforniano de 1945  y 1965, contra el centralismo político y a favor del nativismo;  es enaltecer la confluencia de diversas corrientes en el  Movimiento Pro-Derechos Cívicos del Territorio de Baja California también en 1965, dirigido por el profesor Humberto Mayoral para demandar gobierno civil, municipios libres y leyes eficaces para el  entonces Territorio Sur;  es reconocer al Movimiento Loreto 70, encabezado por el Consejo Editorial del Eco de California por la defensa del nativismo y el arraigo en los cargos gubernamentales, que reunió a las fuerzas vivas en la antigua Capital de Las Californias en 1970;  y  es reconocer los movimientos cívicos de los ciudadanos que en el marco de la efervescencia político electoral provocaron la alternancia política en municipios y el propio gobierno del Estado, logrando cambios políticos a los que les ha faltado contundencia y verdaderas acciones contra la corrupción, la impunidad, la injusticia, el autoritarismo, la soberbia, el desdén y la negligencia desde el ejercicio de gobierno;  cambios que no obstante ser importantes temporalmente hablando, demuestran que cuando los ciudadanos se decidan,  con una ciudadanía plena, informada y consciente de que son el fundamento de la soberanía popular, el cambio será definitivo y la ley dejará de ser solo referencia teórica para convertirse en una realidad que obligue y sancione a todos por igual en su cumplimiento, conduciéndonos realmente a la autodeterminación, a la democracia y al desarrollo.

El Pacto de Todos Santos -con todo este peso histórico y social que tiene- no puede ser una mera referencia que conmemorar, sino el documento que nos mantenga unidos, celosos vigilantes de los actos de autoridad, de que la ley se aplique con verdadero criterio de justicia y no como recurso engañoso y ruin de los poderosos,  porque el imperio de la ambición, la codicia y la maldad siguen tercos en sus objetivos, aún a costa de la vida de miles de sudcalifornianos y de nuestros recursos naturales.

Los verdaderos dueños del poder creen que pueden lograr sus aviesos fines y colocar sus maquinarias en la Sierra de La Laguna, cegados por la ambición, despreciando la vida humana y a la madre tierra, como si la acumulación del oro  y de los dólares los fueran a salvar de las canalladas y crímenes  de lesa humanidad cometidos o por cometer;  como si con migajas pudieran pagar y detener  el juicio dantesco como el que les espera a quienes, sin vivir en Baja California Sur, pretenden llenar  sus vacíos morales y éticos con unas cuantas monedas como Judas, que se vendió tratando de acabar con lo más sagrado que se ha encarnado en el mundo después de la creación de este maravilloso habitat del que formamos parte.

El Pacto de Todos Santos se sembró hace dos años;  se levantó y camina y sigue creciendo porque tiene sus nutrientes en la tierra, donde ha echado raíces, por el agua que le alimenta, por el aire que respira y al que le aporta;  sigue creciendo en nuestras convicciones porque como el tronco de un nuevo mezquite o encino de los miles que habitan  la Sierra de La Laguna, está tan fuerte como un cardón verde y compacto, se defiende como una pitahaya de frutos rojizos y multicolores o como una choya con su cuerpo espinoso, se yergue  solidario como un  ciruelo de frutos  que aquerencian a quien lo come, y protege a este territorio, como las olas vigorosas que resguardan las costas de blancas arenas que pulen las playas a las que arribaron Hernán Cortés, Fortún Jiménez, Gaspar de Portolá, la Nao de China, los Misioneros Fundadores, los  Soldados de Cuera, y cientos de personajes históricos que escapan a mi memoria, y que fueron recibidos por los Californios originarios, con hospitalaria humildad, curiosidad y hasta temor, pero con reciedumbre y orgullo.

Por todo esto y mucho más que me faltaría decir, pero que está en la mente de todos nosotros, los sudcalifornianos que amamos a nuestra tierra, que detestamos la ambición, la soberbia y el abuso, estamos más que obligados, comprometidos moral, ética y políticamente, a hacer lo que esté a nuestro alcance, con todas nuestras fuerzas y hasta el último aliento, para defender, proteger y preservar al símbolo de la vida y de la lucha ancestral de Baja California Sur, de este tiempo y de todos los tiempos: ¡Nuestra Madre Tierra, la Sierra de La Laguna!

Los poderes públicos de Baja California Sur, los ayuntamientos, los representantes populares ante el Congreso de la Unión, los tribunales de justicia locales y federales, tienen ante sí el reto de su vida: ser congruentes con el decir y el hacer.

¡¡Por lo que más queremos, por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestros nietos, por Baja California Sur, levantemos la mirada al horizonte, tomemos el corazón en nuestras manos y caminemos juntos desde el Golfo de California hasta el picacho de la Sierra, al lugar de encuentro generacional, que proteja desde hoy y para siempre este paraíso terrenal, que Dios dispuso para nosotros; jamás para la maldad!!

#Sus comentarios y sugerencias las recibo en  mis correo:  civitascalifornio@gmail.com;  y valentincastro58@hotmail.com (02-10-2016).


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Una Respuesta de Civitas Californio XXXXI

  1. MOLKAS 03/10/2016 en 9:10 AM

    Si Ud. quiso escribir “41” con números romanos, lo correcto sería “XLI”.

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