Civitas Californio XXXVIII

Mauricio Castro Cota, Manuel Pineda, José Antonio Mijares, adalides de la defensa sudcaliforniana en 1847-1848

La relectura de los textos del profesor josefino Pablo Leocadio Martínez Márquez (Pablo L. Martínez) son una veta permanente que estimula el conocimiento, el amor, la reflexión y la investigación social, particularmente de la historia, en lo concerniente a Baja California Sur.  Y  podremos  no coincidir en algunas consideraciones del  autor de la Historia de la Baja California y de la Guía Familiar de Baja California 1700-1900, pero en todo caso, quien busca disentir o criticar dichos trabajos pioneros, tendrá en todo caso la obligación de sustentar con argumentos sólidamente construidos, su dicho.

Hoy me ocupo, por cuestiones de espacio,  de Mauricio Castro Cota   figura relevante de una de las etapas más álgidas de la historia sudcaliforniana, de quien Don Pablo L. Martínez escribió las siguientes líneas en la Guía Familiar:  “A Mauricio Castro corresponde la denominación de héroe bajacaliforniano, aunque hasta la fecha se desconozcan sus méritos en tal sentido o no se le tributen los honores  u homenajes que a tal categoría corresponden.  Aprovechamos este sitio en nuestro libro para hablar del tema familiar o genealógico de este prohombre peninsular, publicando, no una entrevista, sino  una nota con los datos que se han obtenido de sus descendientes y del material reproducido en esta obra.  La persona cuyo nombre encabeza estas líneas se identifica como el promotor y el guía en la defensa de nuestra tierra en los aciagos años de 1847 y 1848, debido a lo cual adquirió el título  que aquí le estamos adjudicando, basados en documentación oficial existente.”

Siguiendo a Don Pablo, ahora en la Historia de Baja California, respecto al papel desempeñado por Mauricio Castro, señalamos, a manera de recordatorio, -seguramente nada nuevo para ninguno de los lectores- que en septiembre de 1846 la marina norteamericana bloqueó las costas mexicanas en franca declaración de guerra, llegando barcos enemigos al puerto de La Paz,  lo que obligó  a las autoridades locales encabezadas por el jefe político del Distrito Sur, Francisco Palacio Miranda, a declararse neutral, lo cual éste hizo sin ninguna resistencia.  Textualmente señala Don Pablo: “La actitud del coronel Miranda (sic) y del vecindario de La Paz, sembró desconcierto en el resto de los pueblos peninsulares, pero esto no duró mucho, pues al poco tiempo el espíritu patriótico levantó en ellos la resolución de defender el suelo nativo, sin consideración al poder del enemigo y a las tristes circunstancias a que los había reducido el proceder de Miranda (sic)”.

Cinco meses después, “en febrero de 1847 la Diputación Territorial se reunió en Santa Anita, en las cercanías de San José del Cabo, y nombró Jefe Político a su primer vocal Sr. Mauricio Castro, hombre destacado del último lugar citado, de notable energía y patriotismo. Se acordó hacer la guerra a los invasores y se dispuso el reclutamiento y  organización de las fuerzas posibles, aunque esto resultaba en extremo difícil debido a la falta de elementos materiales”, apuntó Don Pablo, agregando en otra parte de su Historia de la Baja California, que “entre tanto que lo anterior pasaba, el Gobierno central mexicano, enterado de la traición de Miranda, había designado comandante principal en la Baja (sic) al Cap. Manuel Pineda, militar que desde 1833 había formado parte de la Compañía Presidial de Loreto, gran conocedor del terreno y de las gentes, de valor decidido y leal a toda prueba hacia su país. “

De tal manera que las anteriores citas textuales nos son útiles para argumentar, 170 años después, el papel patriótico, la valentía y el arrojo de los sudcalifornianos encabezados por Mauricio Castro como Jefe Político nombrado por los ciudadanos de estas tierras ahora de Los Cabos, para resistir a los invasores norteamericanos;  al capitán  Manuel Pineda, quien fue nombrado comandante principal por el gobierno mexicano para la defensa, y a uno de los patriotas caídos en el corazón del ahora centro histórico de San José del Cabo, José Antonio Mijares, de quien está pendiente un trabajo de investigación en su memoria, igual para los ciudadanos que se sumaron a la resistencia en las batallas registradas contra los invasores norteamericanos, y que por desgracia permanecen aún en el anonimato.

Si esto fuera poco para que estos prohombres, Mauricio Castro, Manuel Pineda y José Antonio Mijares, se les colocara en el más alto pedestal del honor sudcaliforniano, la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, habría entonces necesidad de erigir una nueva Rotonda por los Defensores de la Integridad de la Península de la Baja California, en la cual se deberían de colocar los restos mortales de los patriotas que aquí mencionamos y de los demás, que ahora en el anonimato, también se sumaron a esta lucha por la soberanía nacional, en Baja California Sur.

Me pregunto: ¿Será de poca valía el arriesgar la vida, como lo hicieron en esta etapa estos valerosos sudcalifornianos? ¿Sería exceso de romanticismo, o una locura, lo que ellos hicieron?  ¿A contrario sensu habría entonces que reconocer el “pragmatismo”, por no decir el “entreguismo y la sumisión” de personajes como Francisco Palacio Miranda y sus allegados que con una facilidad asumieron la “neutralidad” ante los invasores, y erigirles también un monumento a su memoria?  ¿Habrá entonces que destacar en la historia local esta “traición” y puñalada trapera asestada al cuerpo de la patria por la actitud sumisa de  los que para salvar su vida y sus bienes, perpetrada por Palacio Miranda y sus huestes?  ¿Así tendríamos que educar a la niñez y a la juventud, para que trascendieran a un plano superior de conciencia social?

También pregunto  -si se diera  la indeseable posibilidad de ser nuevamente invadidos, más de lo que estamos por la transculturación y el poder del dólar y de lo extranjero en nuestra cultura, en nuestras costas- si en la actualidad donde la pérdida de valores, principios e identidad son materia de todos los días: ¿Quién de nosotros estaría dispuesto a asumir una actitud de defender, si fuera el caso, con las armas en la mano, para repeler a cualquier invasión  territorial que atentara a la soberanía y a la pertenencia de esta tierra a la nación mexicana?

Es una pregunta que dejo en el aire, porque es más ficción que realidad el expresarlo, pero no está por demás, recordar estas lecciones de la historia y los ejemplos patrióticos de estos prohombres, como lo dice Don Pablo L. Martínez, y más vale no olvidar, y exagerar, para que no pase, y si la circunstancias se dan, para estar preparados, porque para eso nos tiene que servir el estudio de la historia y el papel de quienes se dicen proclives y promotores de esta disciplina.

Que quede pues, latente, la inquietud:  Mauricio Castro, Manuel Pineda y José Antonio Mijares, deben tener su sitial en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres; y si de los poderes ejecutivo y legislativo locales se tarda esta iniciativa, es menester que la misma sea encabezada e impulsada a la más alta tribuna del Estado, por las organizaciones civiles y la ciudadanía.  Estamos dispuestos. (04/09/16).

#Sus comentarios y sugerencias las recibo en  mis correo:  civitascalifornio@gmail.com;  y valentincastro58@hotmail.com


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