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Civitas Californio XXXI

Don José "Cano" Carballo Valle a sus 92 años de vida: hombre de familia, íntegro y de fe

carballo

El pasado domingo 3 de julio Don José “Cano” Carballo Valle cumplió 92 años de vida.

Afirman los estudiosos de la mente humana que todos, consciente o inconscientemente, tomamos como modelos a nuestros padres, algún familiar, un amigo o alguien externo que puede ser un artista, escritor, político o científico, para moldear nuestra existencia en mayor o menor medida.  Y desafortunadamente,  en los últimos tiempos, hasta a indeseables impuestos por las modas mediáticas y los disvalores, que desvían a muchos de nosotros de un desarrollo ético y moral.

En algunos escritos me he ocupado de un hombre, cabeño a más no decir, a quien le debo tanto como a mi padre Saturnino Castro porque ambos, aunque no los únicos,  de mí, como de otros, se preocuparon en las etapas de nuestro desarrollo en la que nos encontramos en la indefensión, en la que no somos conscientes de nuestra vida y necesitamos que otros, principalmente nuestros familiares directos, se hagan cargo de nuestra alimentación, salud, vestido, vivienda, aspectos vitales que nos marcan para siempre. Eso pasó buena parte de mi vida infantil y mi querencia y apego por mi familia de San José del Cabo, ahora de manera consciente, sigue creciendo.

Don José Carballo Valle, es ese hombre  que sigue estando presente en los avatares de mi vida, desde casi recién nacido, en mis años de primaria y secundaria, en mi primer trabajo, en la Normal Urbana, muy presente en las situaciones de enfermedad, de éxito, de preocupaciones, de mis eventos políticos, de la toma de decisiones personales, difíciles o agradables, como todo en la vida.  Por supuesto, no más que  en la vida de sus hijos Ramón Octaviano, Marcos Domingo y José de Jesús, que en conjunto tenemos en él, el mejor ejemplo para inspirarnos en lo que debe ser un padre responsable, trabajador, honesto, vertical, digno y prudente.  No tengo empacho en decirlo porque muchos que lo conocen saben que no es exageración lo que escribo como un homenaje “en vida hermano, en vida”, como se dice.

A sus hijos biológicos les heredó sus características físicas, su sangre y hasta su carácter prudente y tranquilo, pero digno.  A varios a quienes nos ayudaron a crecer nos sentimos orgullosos, tanto como sus hijos, de haber tenido la oportunidad de estar bajo su tutela  y hasta paternidad, de haber vivido bajo su techo y su amparo.  Junto a su esposa Concepción Burgoin de Carballo, formaron una familia indisoluble, hermética en la defensa de los suyos y férrea en la fe católica,  que en cincuenta y ocho años de unión han vivido unidos con sencillez, humildad y decoro.

El pasado domingo 3 de julio, cumplió 92 años de vida.  Con problemas de salud, por su edad avanzada, pero consciente, entero, con una memoria prodigiosa pues posee la historia familiar y las circunstancias de San José del Cabo, cuando era solamente un pequeño pueblo pintoresco, en las épocas doradas de la agricultura, del tomate, de los trapiches, de la pesca inmisericorde del tiburón, de los embarques de ganado en La Palmilla, del Estero sin planta de tratamiento de aguas residuales en su seno, de  La Playa sin la Marina que cercenó su historia, del Cabo San Lucas despoblado y abierto en sus costas al común de los mortales, de  los viejos comerciantes, empresarios  y maestros que hoy se materializan en nombres de calles, colonias o escuelas, parques y jardines: Valerio González Canseco, Ernesto Arámburo Verdugo,  Concepción Olachea de Montejano, Sumiko Sanay Maldonado, Jesús Castro Agúndez, Fernandito Cota Sández, Arturo Guerrero González, Vicente V. Ibarra.  Así bien  recuerda,  porque convivió con ellos en su casa, abajo del  vetusto huanacaxtle de Villa Chica a escasos doscientos metros del viejo Cine, ahora denominado Teatro “Miguel Lomelí”, a  cabeños “de pueblo”  que moldearon el imaginario colectivo en aquellos años sin televisión, menos internet, cuando la luz eléctrica era casi un milagro y el agua entubada solo eran para ricos, y que ascienden prácticamente al morir, inmortalizándose, lo digo con respeto, en el Jardín de los Cabeños Típicos: a Rafael Tamayo “El Mengua”, al Cone, al Chivi, al Güero Menchi, al Güero de Doña Otilia, al “Desparramado”, al “Pitín”,  a los hermanos Don Víctor y Jorge Leggs Amador “El Güero León”, a la Comadre Rosa, al Güero Girón, al Llalán, al Rojo, a Albañez, al Bochón, a don Julio Pimentel, al Goyorín, al Cabos Negros, a Manuel Ruiz “El Bolero”, al Neto Mercado, al “Michoaca”,   a la profesora Juanita Green, al Negrito, a  Chicho Castro, a don Manuel Avilés,  a mi tíos  Cuatito, Guita, Pache, y Ramón “Carranza”  y el mayor Ángel, todos fallecidos y que fueron entrañables hermanos de mi Tío Cano,  a Doña Beatriz, Don Matías L. Galindo, a  Don Carlos Manuel González Ceseña,  Don Rodrigo Aragón Montaño y su hijo “El LLigo”,  Taracena,  a Ricardo Calderón de la Barca,  Joaquín Palacios, Abel Olachea,  a Chivi Verdugo, a Don Avelino, a Don Ricardo y al Pano Mendoza, al “Pocholano”,  a Don José Ojeda,   a Los Pérez (a los ya fallecidos), a su compadre Héctor Green  “El Toto”,  y su hermano  César el “Patas Blancas”, a Juanito Lucero,  Ricardo “Callosa” Espinoza, Manuel Almanza “Chapo” y “El Barco” y una lista interminable de personajes de esta talla y popularidad.

De todos ellos almacena recuerdos y anécdotas que a la menor provocación nos  platica con tintes de pedagogía  usando figuras metafóricas que nos hacen recordar que Cien Años de Soledad bien pudiera haberse inspirado aquí o acomodarse a nuestros pueblos, sin exageraciones;  y parafraseando la mundialmente conocida introducción del autor colombiano y universal Gabriel García Márquez, pudiera decirse: “Macondo  (San José) era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construida a la orilla de un río  (Estero) de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes (Arroyo de Caduaño) como huevos prehistóricos.  El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre (los apodos eran el nombre de pila de los josefinos), y  para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.”

Don Cano Carballo pasó su juventud y su adultez  trabajando como chofer y  hombre de confianza, con Don Valerio en “La Voz del Sur”, y su sobrino Don Carlos Manuel en Almacenes Goncanseco, en los añejos edificios enfrente de Palacio Municipal, que ahora son testigos fieles y perennes del San José del siglo pasado.  Puedo decir que fue amigo de ellos, conservando la distancia que naturalmente existe entre personas pudientes económicamente y un hombre sencillo y humilde, cualidades que heredó mi tío Cano  de sus padres Don Ramón Carballo Aguilar  y Doña Dominga Valle Zumaya, fallecidos hace varias décadas.  Aunque les tuvo mucha confianza a sus patrones, jamás les pidió ayuda para solventar su situación económica, pues vivió de su salario únicamente, como ahora vive de su pensión y del apoyo de sus hijos;  tampoco, pudiendo hacerlo, les insinuó de sus necesidades materiales: trabajó conforme, con lealtad y con responsabilidad.

Razón y fe; filosofía y teología, estén  en su mente y en su corazón, sin haberlas estudiado. Hay tanto que escribir de nuestro patriarca cabeño, para quien el protagonismo y los honores jamás le preocuparon, menos ahora en esta etapa de plenitud a la que ha llegado, con el favor de Dios.

Todos los días, mañana y tarde, antes de salir al jardín a regar sus plantas y alimentar algunos animalitos domésticos,  Don José Carballo, acude a orar frente a una estatua de la Virgen de Guadalupe que se encuentra después del corredor de su casa, entre multitud de plantas y el canto de más de un centenar de aves. Su meditación y su oración cotidiana, son otro rasgo de la sabiduría y la plenitud de vida que sus brillantes canas expresan.  Y me dice: “Rezo por todos nosotros; le pido a Dios que nos vaya bien, no solo a mí y a ustedes, sino a todo el mundo”.

Dios bendiga a este viejo roble y lo conserve siempre.  Y gracias a Dios por darnos la oportunidad de seguir bajo su tutela, ya no como niños, sino como adultos que lo seguimos necesitando.

 (06-07-2016).    #Sus comentarios y sugerencias las recibo en  mis correo:  civitascalifornio@gmail.com;  y valentincastro58@hotmail.com


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