Nuño, como Echeverría; Peña Nieto, como Díaz Ordaz

GDO no atendió la petición de diálogo

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Es característico de un régimen autoritario reprimir al tiempo que tiende la mano. El gesto del gorilato se hizo emblemático durante el inicio de la masacre de 1968. Después de ordenar que se lanzaran granadas a la puerta central de la Preparatoria de San Ildefonso y causar muertos y heridos, el patético Presidente salió a escena.

Díaz Ordaz, desde un acto protocolario celebrado en Guadalajara, dijo –supuestamente alentado por vocaciones democráticas–, que él tendía su mano al movimiento estudiantil, en un pretendido llamado al diálogo con sus cientos de dirigentes. La represión había detonado los resortes de inconformidad de una juventud que no conocía la capilaridad política, ni el respeto al ejercicio de las libertades cívicas.

Los consejos de huelga proliferaron al interior de las facultades de la UNAM y de las escuelas superiores y vocacionales del IPN. Habían querido enfrentar a las dos instituciones, por un conflicto menor acaecido afuera de la escuela preparatoria Isaac Ochoterena, en las inmediaciones de la Secretaría de Gobernación, donde se alojaba un personaje siniestro.

‎En el seno del Consejo Nacional de Huelga, que sesionaba en la Escuela de Físico Matemáticas del IPN, los representantes de todas los plantelers en paro se decidieron por desconfiar de las palabras de Díaz Ordaz, pues era reiterativo en promesas falsas.

GDO no atendió la petición de diálogo

Sin embargo, tomaron una sabia decisión: comprobarlo. Para ello, convocaron a una marcha de más de cien mil alumnos, que partió del Museo de Antropología e Historia de Chapultepec, y llegó al Zócalo. Como los sagaces muchachos, desde arriba de un camión retaron al diálogo público, éste no apareció.

La bien llamada “prensa vendida” los tachó de subversivos, comunistas, agitadores y traidores a la patria. Hasta capitalizó el hecho de que algunos provocadores, desde luego ajenos al movimiento, arriaran la bandera e izaran, en su lugar, un pendón pintado de rojo y negro, que para el régimen autoritario significaba bolchevismo.

‎Díaz Ordaz se sintió herido, porque los muchachos decidieron pernoctar sobre la plancha del Zócalo, esperando que el Presidente atendiera la petición de diálogo público, ante la inminencia del IV Informe que tenía que rendir ante las adocenadas Cámaras, tres días después.

Su respuesta, en la punta de las bayonetas

Por toda respuesta, como a la una de la mañana empezaron a ingresar al Zócalo, donde miles de muchachos estaban dormidos, decenas de tanques del ejército, repletos de soldados enmariguanados, armados con rifles de alto poder, cruzados con todo tipo de enervantes, y con bayonetas caladas, dispuestos a todo.

La corretiza sobre las principales calles del Centro Histórico fue de antología. Varios estudiantes perecieron, atravesados por los fusiles con punta de bayoneta que los soldados blandían a diestra y siniestra. La noche del 27 de agosto de 1968 es una de las más aciagas de nuestra historia.

Miedo del poblano e intervención abierta de EU

Se cree que, ante el virtual estado de sitio que se había tendido sobre la ciudad, el embajador de los Estados Unidos, Fulton Freeman, aprovechó para apersonarse frente al Secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán y proponerle diera la puntilla.

Es decir, el Golpe de Estado al régimen civil, a cambio de que los Estados Unidos lo reconocieran como legítimo Presidente.‎ García Barragán lo despidió con cajas destempladas, informó a Díaz Ordaz de lo sucedido, y acrecentó los temores del infame poblano sobre la amenaza que se cernía sobre su cabecita de simio represor.

La ausencia de diálogo durante la masacre que culminó en Tlatelolco, fue la detonante de un movimiento profundo que sólo pedía la liberación de algunos presos políticos, el cese del Jefe de la Policía, Mendiolea Cerecero, y la ampliación de las libertades civiles. El fuego y la masacre fueron la respuesta, y el sello de la casa.

LEA instigaba y sacaba raja para su causa

Ausencia de diálogo, instigada desde la Secretaría de Gobernación por su Secretario, Luis Echeverría, que estaba dispuesto a jugarse esa carta a cargo del Presidente, con objeto de sacar toda la raja posible en el ínter. Mientras más reprimía y asesinaba, más poder presidencial acumulaba.

Tenía confinado al de Los Pinos. Díaz Ordaz, atemorizado por una revuelta comunista que no lo dejaba vivir. Su salvador único, el hombre de mayor confianza, el que había ganado a pulso la sucesión era Luis Echeverría, el dueño de sus miedos, de su intolerancia y de su catatonia cobarde y chantajista.

Hoy Nuño azorrilla a EPN, mientras masacran

‎La historia es una gran consejera. Contiene el archivo del dolor y los indicadores de las actitudes del presente político mexicano.

El dueño de los miedos presidenciales es un badulaque que se resiste a sostener un diálogo con el magisterio, a sabiendas que no tiene un solo argumento válido para enfrentar preguntas sencillas, como las que se refieran a en qué consiste la reforma educativa que presumen estructural y sólo es un remedo de barandilla administrativa para acumular las nóminas nacionales, que ascienden a muchos miles de millones de pesos y dejan pingües ganancias en intereses mensuales bancarios a los fruncionarios de la tolucopachucracia.

Nuño ‎azorrilla a Peña Nieto, inculcándole el miedo hacia el inicio de una revuelta de subversivos, traidores a la patria. Mientras que el de Los Pinos no autoriza el diálogo, El niño ñoño Nuño masacra, garrotea y asesina a los manifestantes. Disfraza su incapacidad con represión brutal e injustificada. Gana puntos para obtener el favor del dedo presidencial, rumbo al 2018.

Mienten en Nochixtlán, como falsearon en Tlatelolco

Los fracasados publirrelacionistas de Los Pinos pagan en prensa sus sonsonetes vacuos. A raíz de la nefasta y reprobable represión en el bloqueo de Nochixtlán, que arrojó muertos y heridos, maestros y policías, el retintín de los boletines es inaudito. No parece que hayan pasado cincuenta años.

Repiten las mismas falacias que se dijeron en el diazordacismo. El tono es: “Los acontecimientos en Nochixtlán son producto de la incidencia recurrente del movimiento magisterial que ha violentado todo lugar por donde pasa… Los federales iban desarmados –igualito que el Batallón Olimpia–. Los tiros salieron de los maestros y de provocadores”.

El Niño y Peña han encendido el polvorín

‎Simultáneamente, se reúne “el círculo de hierro” del peñato en Los Pinos y la discusión no atiende sobre las soluciones al destino de la famosa reforma educativa –nunca explicada–, sino sobre la conveniencia o no de que El niño ñoño Nuño abra las puertas del diálogo a los manifestantes.

Han convertido México en un polvorín. ‎Una tormentita puede ser el tsunami que no deje ni pelos en el alambrado. Todo se debe a la ignorancia y a la falta de lenguaje de los mentecatos, incapaces de enfrentarse a una realidad que ya los ha rebasado.

Son capaces de todo, para evitar que todos nos demos cuenta que están desnudos. Mudos, sordos y torpes.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: Decían que el gabinetito del señor Peña Nieto está dividido. No es verdad. ¡Está fragmentado y enfrentado en varios frentes! El propio inquilino de Los Pinos –otra vez: “haiga sido como haiga sido”– tiene que informarles o, en el mejor de los casos, recordarles que él es el jefe y que las decisiones las toma él y sólo él. Uno de los encontronazos más recientes tiene como protagonistas al multicitado Nuño, en una esquina, ¡y en la otra a Miguel Ángel Oso…rio Chong! El titular de la SEP se opone al diálogo con el magisterio, politiza el conflicto retando a –¡uy, qué miedo!—Andrés Manuel López Obrador, ante un grupo de infantes que no sabían qué mosca le había picado al trajeadito… y el titular de Segob, encargado de las fuerzas públicas federales ahora represoras y asesinas, pide que se aborde otra vez la negociación con la CNTE. Los “infiltrados”, si los hubo, ¿a cuál de los dos contendientes obedecieron? Ambos, como Echeverría en su momento, están jugando a la sucesión presidencial… con sangre en las manos. + + + Resulta una estupidez del jefe de la Policía Federal, un tal Galindo, decir que por los cohetones lanzados por los maestros oaxaqueños, varios de sus elementos no sólo se asustaron, sino perdieron dedos y hasta manos. ¿Qué eso no es lo que sucede cuando la mecha es corta y quien la enciende no logra arrojarlos a la distancia? Otra falsedad más, como la que boletinó en el sentido de que sus genízaros no iban armados. La agencia Xinhua lo desmintió en el acto. Y la más reciente: que los emboscaron. Entonces actúan sin inteligencia y también son pendejos, ¿o no? www.indicepolitico.com / pacorodriguez@journalist.com / @pacorodriguez


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