No queda de otra, hay que aceptarlo

El gobierno te odia

No queda de otra, hay que aceptarlo. Es humana, lógica y estadísticamente imposible que tantos gobiernos, a través de tantos años, de tantos partidos, militares o civiles y con arraigo, en época de crisis o de bonanza económica, no sirvan para nada.

Ya no es posible ocultar la verdad, no es que sean ineptos y soberbios, no es que llenen las dependencias de queridas y parientes, no es eso lo que nos tiene en el hoyo, lo que nos tiene en la lona es que nos odian.

El gobierno nos odia, pero no es un odio así nomás, te odio bye; no es como decir odio los lunes, no. Estamos hablando de un odio exacerbado, un odio irracional que llega al límite de la cordura, se trata como diría Carl Jung de un odio jarocho, la última frontera en el odiamiento a que puede llegar el ser humano. Ni Hitler llegó a ese nivel de rencor contra los judíos, es más, ni Leonel llegó a tal odio contra Luis Armando.

¿Porqué? No lo sé. Las causas son aún desconocidas, podríamos aventurar varías hipótesis pero en esta ocasión solo mencionaremos algunos hechos que esbozan tal situación.

Que cualquier funcionario de quinta te haga sendas jetas al solicitar un servicio, ya lo sabemos y hasta estamos acostumbrados; que los gobernantes no están para servir al pueblo sino para cuajarse de dinero con gasolineras y constructoras, lo sabemos, que en su estructura mental no existe el concepto de servidor público, también está claro.  Que son unos muertos de hambre que les duele gastar en obras, servicios y sueldos dignos como si el dinero fuera de ellos, también es algo sabido de sobra.

Pero no contento con ello, es tal su odio hacia el ciudadano que no conformes con llevar administraciones nefastas que despilfarran en obras de mala calidad el poco ingreso que les llega, que pagan a sobreprecio hasta los garrafones de agua, ni conformes con burlarse del ciudadano diciendo “no hay dinero” mientras se pasean en carrazos del año, rodeados de un séquito de lamebotas y aduladores de tiempo completo, de abultar las nóminas gubernamentales con gente inútil, ahora les duele hacer lo poco y mal que hacen.

Ya no se conforman con hacer las cosas mal, cuando las hacen, ahora se llenan de rencor contra la gente que recibe o reclama algún servicio público, no pueden soportarlo. Dicen: “ah!, ¿con que quieres que combata la delincuencia? Pues bueno, lo voy a hacer, pero te voy a violar tus garantías y derechos, te voy a llevar a casas de arraigo y esa aspiración de seguridad se la voy a hacer pagar a dos o tres despistados y voy a volcar contra ellos toda mi amargura y rencor, tehuacán va a hacer falta pa metérselos por la nariz… ah! Con quieres seguridad, pues entonces te voy a detener cuando vayas en tu vehículo con cualquier pretexto, te voy a someter a revisiones infames, voy a catear tu casa en la madrugada cuando me dé la gana a ver si así se te quitan las ganas de andar exigiendo que nos pongamos a trabajar.

 Y así los ejemplos pueden multiplicarse tristemente: aaah! Con que quieren pavimento, pues se los voy a dar, pero les va a costar sangre, voy a paralizar la ciudad, voy a cerrar meses una calle para pavimentarles diez metros, les voy a hacer perder horas de su vida cerrando calles al azar, y de mi cuenta corre que cuando esté listo el pavimento, sus carros estén tan destruidos que ya ni siquiera puedan circular, a pie les va a durar más el pavimento.

Aaah!, con que andas de revoltoso comunista exigiendo que recojan la basura de tu casa, pues la van a recoger pero te voy a mandar un mensaje con los de servicios públicos y les voy a decir que te estrellen el tambo de la basura contra la casa; aaah! Con que andan muy machitos queriendo tener agua en sus casas, pues les voy a dar agua, pero en las madrugadas, y cuando yo quiera para que tengan que estar como locos todos los días abriendo la llave a ver si hay agua o no.

Aaah! Con que andan queriendo mejores carreteras, pues la voy a hacer, pero ni bien termine de construirla la vuelvo a tumbar, ahora para poner el puente que no puse desde el principio en el arroyo, y si me sobra, la vuelvo a tumbar y la vuelvo a hacer; digo, si la “remodelación” del puente de Walmart, que recién lo acababan de hacer y gastaron cientos de miles de pesos para no hacerle nada no es una ejemplo de la burla y el desprecio para con el ciudadano, no se de qué se trata. Es tanto el cinismo que a veces creo que piensan: mira, mira los millones que gasto en nada, a ver, a ver, que vas a hacer, todo con el fin de que la gente se manifieste y ya de plano ametrallarla en la calle, de otra manera no tienen sentido las ofensas burdas y llanas que se hacen a la inteligencia y tolerancia de la ciudadanía.

Desde luego que hay áreas de la administración pública donde la venganza del gobierno contra el ciudadano es más cruel y despiadada, ejemplo de ello es la procuración y administración de justicia, no en balde dice Dante Alighieri que el séptimo circulo del infierno está lleno de judiciales y ministerios públicos. En estas dependencias los cancerberos del sistema por ser en su mayoría gente profesionista las humillaciones y arbitrariedades a que someten al ciudadano toman un tinte de sadismo enfermizo que despoja de su dignidad de ser humano a quien acude con la loca idea de recibir justicia. Ustedes conocen bien la mala entraña de los abogados, ahora imagínenlos como autoridad, la iglesia en manos de Lutero. Aaah! Con que andas de rijoso exigiendo justicia, pues se perdió el expediente, ¿Cómo la ves?

Ha llegado a tal grado la campaña de odio del gobierno contra la gente, que uno ya no quiere que hagan nada, porque sabemos bien que ese beneficio que se pretende obtener lleva aparejado una serie de incomodidades y costos que hacen que le salga a uno el tiro por la culata; pedir que hagan  las cosas y que las hagan bien, es un insulto que no pueden tolerar, ni pueden dejarlo pasar porque generaría un mal ejemplo que puede cundir entre la población.

Ahora ser funcionario o representante popular es estar becado, sin obligación de rendir cuentas  ni trabajar, no lo sé de cierto pero supongo que como hay tanto candidato que no tiene ni carisma ni una base social que lo respalde, ya no hablemos de propuestas serias para mejorar la administración pública, pues van al billetazo y a la despensa como los únicos argumentos válidos para reclamar el voto ciudadano, luego entonces gastan tanto en campaña que al llegar a algún cargo no les alcanza el tiempo para ponerse a trabajar y sólo piensan en como recuperar lo invertido, para que convenga, si no ¿pos cómo?, se la llevan tramando como sacar viáticos para ir del trabajo a su casa, como sacar una mordida aquí y otra por allá, como cómo invertir cien pesos pero que de esa inversión a ellos les queden setenta, obvio es que cuando el ciudadano llega a pedir algún apoyo o servicio se pongan como locos y se sientan agredidos en lo personal, cómo no nos van a odiar si a pesar de lo que las cachuchas y tortilleros que nos regalaron en campaña tenemos el cinismo de pedir más. Pobrecillos nuestros cándidos funcionarios y que desalmados los ciudadanos.

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