Creo que fue en el gobierno de Marcos Covarrubias cuando Rubén Muñoz editó el libro que llamó Tiempo de gobernadores.

Tiempo de gobernadores

Los gobernadores priistas han sido:

71-81- Ángel César Mendoza Arámburo

81-87- Alberto Alvarado Arámburo

87-93- Víctor M. Liceaga

93-99- Guillermo Mercado Romero

Luego siguió el PRD con Leonel Cota y Narciso Agúndez. Enseguida entró el PAN con Marcos Covarrubias, y, el actual, Carlos Mendoza Davis.

Con los cuatro priistas me llevé bien, luego trabajé con Leonel Cota, y con Narciso Agúndez nos saludamos solamente una vez en la inauguración de unas fiestas de Santa Rosalía. Iba acompañado de Víctor Castro y Luis Armando Díaz. Cruzamos un saludo y Víctor Castro se quedó y me invitó a que lo visitara en la Presidencia Municipal.

En el gobierno de Alberto Alvarado, a una invitación fui al Caimancito; lo quería ver para que me comprara unos libros. Le pidió a Mario Vargas que me atendiera. Después de batallar un poco me compraron cien. Volví al Caimancito cuando Marcos Covarrubias inició su gobierno. Lo abordé para pedirle que ordenara la segunda edición de la novela La ciudad del canal. También batallé, pero al final la editaron.

Al actual gobernador, infinidad de veces solicité una audiencia que jamás me concedió. Actualmente he pedido que nombren al fiscal anticorrupción y el SEA sigue acéfalo.

A Ángel César lo visité en la ciudad de México cuando fue diputado. Platicamos sobre la lucha minera. Cuando fue gobernador tomamos café en el porche de su casa. Antes de morir lo visité varias veces, me regaló libros y los dos CD que grabó en su piano.  Melodías que nunca pasan de moda. En momentos soleados los escucho y a retazos lo acompaño en algunas melodías.

Con el bonachón de Liceaga tomé unas cervezas en una barra en fiestas de octubre en Cachanía. Con Mercado tengo una agradable amistad. En su período me hizo un gran favor. Cuando hay ocasión nos saludamos y nos comunicamos por teléfono.

Creo que fue en el gobierno de Marcos Covarrubias cuando Rubén Muñoz editó el libro que llamó Tiempo de gobernadores.

Un día recibí una llamada. Te habla un tal Rubén Muñoz, dijo mi esposa. Me sorprendí de que Rubén me hablara.

El clásico saludo de un político a un simple mortal. Me habló del libro y me invitó a que hablara por el licenciado Mercado, le pregunté la forma en que me enteraría de lo que escribió de Mercado y me contestó: pídeselo a él y tan pronto llegue a La Paz, te  daré uno… todavía  lo espero. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: La ceremonia se realizó en el comedor del Hotel Perla, lugar abierto frente a la calle. Rubén Muñoz fue acompañado por dos periodistas de renombre nacional. Iniciaron la plática. Recuerdo que uno se llama Gilberto Guevara Niebla, preso político en 1968. El nombre del otro no lo recuerdo.

Ponderando la trayectoria de Ángel César habló Alfredo González. Por Liceaga disertó Mario Santiago, y por Mercado hablé yo. No recuerdo quien trató sobre la trayectoria de Alberto Alvarado.

Cuando inicié mi intervención, apunté que el licenciado Mercado Romero trabajó en Santa Rosalía y cuando se fue a venir a esta ciudad abandonó la cátedra de Lógica que impartía en la preparatoria Hermanos Flores Magón; que el director Ernesto Romero me llamó para que me hiciera cargo de la materia. Visité en su oficina a Mercado y le comenté que lo supliría en la prepa. Se levantó, se encaminó a un librero y me regaló un libro de Lógica. “Ten, te va a servir, lo estoy consultando”. Me lo entregó y bien que recuerdo que se llama “Lógica” pasta dura color verde, de Daniel Márquez Muro. Lo conservé por muchos años. Estaba firmado por el licenciado. Luego continué con enfoque social y político.

La ceremonia se fue desdibujando ya que, por los ruidos de la calle, más la plática de los asistentes las intervenciones se perdieron en la amplitud del comedor y los carros que pasaban.

Participé al último y como acostumbro hablar fuerte en ese tipo de actos, con modulación y vehemencia, muy luego el bullicio se fue apagando y la mayoría atendió mi intervención.

Cuando terminó el acto Rubén se acercó y me dijo: “gracias Bobby, me salvaste la reunión”.

Y es que el que habla en actos públicos tiene la obligación de tener buena voz, de orador. Cuando los que intervienen tienen voz “delgadita,” sin tono ni contundencia, su intervención es mala.  He asistido a algunas y los resultados no llenan el expediente…

Al cabo de muchos años no sé si Muñoz Álvarez se arrepienta de haberlo escrito y publicado.

No me arrepiento de haber intervenido ya que nunca hablo sin sentir lo que digo. Siempre he sido y seré consecuente con mi decir y actuar. Alea Jacta Est- 24-01-20- Miembro de ESAC.

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