Astrónomo Omar López Cruz.

Una agradable visita

Vuelvo a mi trinchera, –la que abandoné por más de 20 días- no sé si con mayores bríos, pero lo que sí me queda claro es que la lucha por la libertad es un horizonte infinito, si no son unos, serán otros los que sigan arañando las estrellas para que la luz universal ilumine, por fin, las piedras del valle. Esa es la tarea de los verdaderos luchadores por la justicia, la libertad y la igualdad.

Y tomo nuevamente mi sitio en la trinchera a la que entré hace más de 40 años. Más viejo. Más cansado, pero la lucha por libertad no tiene edad.

Unos tres días antes de navidad contesté una llamada telefónica: me habló Omar López Cruz, astrónomo del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica, (Puebla) que estudió en Toronto, Canadá, donde realizó su Maestría y Doctorado en Astronomía. El 4 de diciembre escribí una colaboración en la que trato el tema sobre el compañero Omar. Y la realicé porque para mí Omar nació en San Lucas, pueblecito que está unos cuantos kilómetros de Santa Rosalía. Y porque allí lo vi crecer sin imaginar que aquel plebe que todo el día se la pasaba con una fisga en la orilla de la playa llegaría a ser uno de los astrónomos de más valía en México y el mundo.

Le indiqué más o menos por dónde llegar y lo esperé en el portón el patio de la casa. Llegó en un carro blanco acompañado por su esposa y una pequeña hija. Traía un libro en la mano.

Nos dimos un abrazo efusivo, tomamos asiento e iniciamos la plática: “leí su comentario y por eso lo busqué hasta encontrarlo, me dijo riendo. Quién va a creer, profe, que nos volvamos a encontrar sin imaginar que en el tiempo se conjugarían los espacios (astrónomo al fin) y estar hoy platicando en su casa.”

Y afloraron los recuerdos: Profe, viví una infancia feliz y he dicho a mi esposa e hijos que nos daremos un tiempo para regresar a San Lucas, aquellos parajes tan hermosos, volver a observar el cielo estrellado, quieto y atrayente, que me subyugó desde siempre.

Pero si allí, donde vivían no hay nada, solamente las palmas quedan, atajé:

No importa, quiero volver a mi origen porque allí está todo. Está la playa, la fisga y los peces, mis pasos infantiles, mi humilde casa y mis padres, mis hermanos… allí está todo, profe.

Recordamos las puntadas de Toral, su padre, el trajinar de su mamá y las jugadas de baraja.

No profe –ahora me ataja él- no eran jugadas de baraja ya que mi padre, hasta ahorita, no juega baraja, no conoce ese juego. Me dice que lo que jugaban era el cubilete.

Y es cierto porque el cubilete también lo jugábamos mucho; apostábamos las cheves y las mojarras. Todo se ganaba y se perdía en el cubilete.

Le recordé que con su padre le mandé un poema para que lo memorizara para una fiesta. No recordé cual fue, o qué fin tuvo…

Es con el que ganó un premio territorial en una olimpiada, me dijo.

¿A poco fue “No quiero crecer”,? ese fue profe, aquí gané los concursos y fui seleccionado a nivel nacional donde obtuve el octavo lugar. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Después de una larga charla nos despedimos. Le pedí saludara de mi parte a su papá, mamá y hermanos. Me regaló el libro “Arrugas en el tiempo” del doctor George Smott, Premio Nobel en Física. Omar se encargó de la revisión del libro y organizador de la conferencia que el Doctor impartió en el Teatro de la Ciudad a fines de noviembre o primeros de diciembre…

En la dedicatoria escribió. “Para el Profr Bobby García, por todos estos años de lucha. Firma y… Omar López Cruz. La Paz, Baja California Sur”

Yo le regalé: Ojos de madera cuchillos de vidrio.

Prometió regresar para ir a San Lucas, tierra de sus orígenes. Alea Jacta Est.- 15-01-19. Miembro de ESAC.

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