Sergio Gallardo García.

Otra agradable visita

Allá por septiembre recibí una llamada del compañero Lalo Juárez, de la UABCS. Me informó que lo había visitado una persona joven que venía a Santa Rosalía para realizar un estudio antropológico sobre la vida minera, vida del pueblo y sus costumbres, para realizar su doctorado en México. Que le habló de mí y le dijo que me buscara ya que yo tenía información y conocimientos sobre la vida de los mineros y la idiosincrasia del pueblo.

Luego me encontró y nos pusimos de acuerdo en que nos miraríamos en un café que está en Soriana. Eran los días mediados de septiembre. En la fecha señalada nos vimos en el café… una persona joven, agradable y de buen trato. Me dijo que se llamaba Sergio Gallardo García, y el motivo que lo llevaba a Cachanía.

Platicamos, le regalé la novela Sueños de metal y lumbre, y la crónica Ojos de madera cuchillos de vidrio. Le comenté que le serían de gran utilidad ya que la novela pinta la vida minera desde el Gran Sindicato Obrero por la década del 20, hasta el cierre de la empresa en 1985, pasando por el cierre de San Luciano y los demás Grupos mineros, la clausura de la minería en 1954 y la última que fue en 1985. La crónica habla mucho sobre costumbres e idiosincrasia de los pobladores, sus callejones, los Lotes, las casas de Ranchería, el Barrio del Canadá, el Cincuenta y Nopalera. Le dije que los dos libros mezclaban la realidad con la fantasía y él tenía que identificarlas.

Platicamos más de dos horas, me hizo preguntas interesándose por la vida de los chinos y los descendientes que pudiesen vivir todavía. “Rastreó” el nombre de Homero Yee Lizardi, de Mulegé. Le hablé de él… serio, introvertido, poeta, músico y pintor, no afecto a los reconocimientos; que murió encaminándose a su trabajo en la Cárcel, donde había montado un museo. Que murió en los escalones. Que en Mulegé había varias personas con el apellido Yee que son comerciantes y trabajadores. Que si le interesaba los buscara. Me preguntó que si en Cachanía no había chinos y el apellido Yee. Le comenté que había una familia Yee, tronco familiar de Gilberto Flores Yee que fue alcalde y vive aquí en La Paz. Que conocí al chino Luis que vivió en casa de don Bruno Mayoral, que se encargaba de labores domésticas y que allí murió de viejo. Que conocí al chino Güicho, vivía en Ranchería y fue mecánico. Al chino Gilberto Yee que había tenido un negocio atrás del cine Buenos Aires. Que conocí al chino Liu Min Do, comerciante de San Ignacio. Que en San José de Magdalena está Arnulfo Sui Qui, de una familia muy grande. Allí está enterrado su padre y sus tíos.

Nos despedimos y quedamos en vernos en diciembre.

El 22 de diciembre nos reunimos nuevamente en el café, me trajo como regalo en miniatura un carrito de la mina. Recordé, como si fuera hoy, que por los 60 trabajando como donquero y llenador se me fue uno en banda por el chiflón, que estuvo a punto de matar a don Gabino Meléndrez que estaba al fondo a 250 metros.

Ese día le regalé mi novela “La Marcelina y el Granadito” que trata sobre las comunidades de la sierra de Guadalupe. Le recordé que en San José vive Arnulfo Sui Qui que es descendiente de chinos.

Tomamos café, sacó una bolsa de esas para envolver y la puso frente a mí. Le traigo eso para que se la deleite; tomé la bolsa y antes de abrirla le dije: no me vayas a decir que es una Pitaya. Y era una pitaya que pareció que desde el fondo de la bolsa me miró son sus ojos de ternura. Le dije: voy a comer la mitad y la otra se la llevo a mi señora ya que si le digo que la comí se va enojar y no me hablará hasta la quincena.  La próxima le traigo dos, me dijo.

Y le platiqué la anécdota que escenificamos por los 80, recién venidos de Cachanía, rentando una casa en la Magisterial “salimos a uno de tantos viajes que hacíamos “como luchadores sociales” y miembros del PPM (Partido del Pueblo Mexicano) a Constitución. Informé a mi esposa que regresaríamos tal día y no lo hicimos hasta dos días después. Cuando llegué miré en el tambo de la basura que estaba un lado de la puerta, cáscaras de huevo de gaviota. Me dio desayuno sin los de gaviota; le reclamé y me dijo: como me dijiste que venías el viernes y no lo hiciste me los comí. Y los huevos de gaviota nos gustaban mucho y ya estaban escasos. Luego me dijo que un primo le llevó seis. Duré varios días sin hablarle. Al entregarle la quincena lo tuve que hacer”” Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Sergio Gallardo en Cachanía encontró dos mecenas: Juan García, con el que conviví casi dos años para escribir Sueños de metal y lumbre. Allí lo hospedó algún tiempo. El otro es Tino Moreno, que le prestó un camper que está en el patio de la casa.

Estudió la licenciatura en sociología en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. (2009-2014) La Maestría en Antropología Social, en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) (2015-2017) Estudió el caso de comerciantes coreanos, en el Centro Histórico y Zona Rosa de la CDMX. Desde 2017 lo aceptaron como elemento considerable a continuar los estudios de posgrado, realizando los estudios de Doctorado en Antropología sobre el tema de trabajo, Migración y Masculinidades en Santa Rosalía. Pretende regresar a la CDMX en agosto de 2019 con el trabajo ya concluido.

Ya conociendo el tema de su trabajo le regalé la novela Caídos del cielo del infierno, que le servirá también ya que en ella se trata la vida cruda y sacrificada de los mineros que tuvieron que sufrir mil injusticias en los poblamientos a los que llamaron Grupos.

Mi padre me llevó -cuando escribía la novela- a la mesa donde estaba enclavada Santa Martha. Me mostró el lugar de la tienda de raya, el billar, las casas, los lavaderos públicos y la entrada de la principal mina, en la que claramente se observaba al entrar, una oquedad, pedazos de cemento y rejas de lo que fue la cárcel empresarial. Es decir, la empresa tenía cárceles en algunas minas para castigar a mineros rebeldes.

Con la magia del pensamiento pude ver mineros castigados.

Hay que recordar el enganche de 500 chinos a los que concentraron en San Bruno. Todavía algunos llamamos “La Chinita” al lugar donde trabajaban muchos de ellos.

También no debemos olvidar que cientos de ellos, llegaron hasta la Dirección (centro económico de la empresa) y en protesta se sentaron en la explanada en rueda. (hay una foto de ese episodio) La tradición popular dice que muchos lloraban…

 Tengo la plena seguridad de que el compañero Sergio Gallardo llevará su estudio a feliz término y recibir el grado de Doctor. Un saludo cordial. Alea Jacta Est. 17-01-19

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