Una mirada de mujer sobre el mineral El Boleo.

Juan Manuel Romero Gil

El viernes 30 de noviembre de 1973, interceptamos al presidente Luis Echeverría en la plaza central de Cachanía. Fue un acontecimiento inédito ya que en un momento inesperado la población quedó a oscuras; tomaron de la cabeza a Echeverría, le dieron vuelta e inició la estampida hacia el ferri. Luego llegaron unos mineros y me dijeron que el presidente me esperaba… otra carrera hasta llegar al ferri Benito Juárez. Inicio la subida por la escalinata, una persona me detiene y me informa que el presidente me recibirá en el paralelo 28 y que lleve un documento.

En una colaboración muchos años después narro todas “las peripecias” por las que pasamos.

El compañero Juan Manuel Romero Gil me manda un correo y me dice que en ese tiempo él trabajaba como docente en Tecate BC. Recibí dos mensajes más: de Adrián Ojeda y Julio César Peralta Gallegos.

De esa manera tuve noticias del Cachanía Juan Manuel.

De ser maestro en Tecate emigró hasta llegar a Hermosillo, Sonora, donde actualmente radica:

Es profesor investigador del Departamento de Historia y Antropología. –UNISON- Doctorado en Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Autor de los libros El Boleo, un pueblo que se negó a morir, 1885-1954, el cual obtuvo el Premio Investigación Histórica “Francisco Javier Clavijero” INAH, 1992-1993 y, La minería en el noroeste de México. Utopía y Realidad, 1850-1910 Premio MAUS. Fue director del Instituto de Investigaciones Históricas, de la Universidad de Sonora 1986-1991; fundador de la Licenciatura de Historia UNISON, 1987-1991, y director de la División de Ciencias Sociales 1993-1996. Premio Maestro Investigador 1999, de la misma división. Miembro del SNI, 1991-2020.

El jueves 13 de este mes a las seis de la tarde, en el Archivo Histórico Pablo L. Martínez, presentará el libro: “Una mirada de mujer sobre el mineral El Boleo” escrito en coautoría con el historiador Mario Manuel Cuevas Arámburo. Cordialmente los invitamos a escuchar los certeros comentarios del Doctor Romero Gil.

Hace unos días me habló y me invitó a ser uno de lo que lo presenten, tarea que acepté de inmediato; fui por el libro y me puse a leerlo. En él reseñan las 28 cartas que Helene Escalle envió a sus hijos en París, especialmente a su hija Sussane. Helene Escalle fue esposa de Pierre Escalle, primer Director de el Boleo. Helene llegó en 1885 y esta circunstancia le permitió vivir el desarrollo tecnológico en las edificaciones de la empresa: la fundición, las locomotoras y enrielado, las minas y los talleres.

En su visión eurocéntrica nos describe diversos ángulos sobre el proceso social que da origen a Santa Rosalía.

Al leer el libro encontré una visión que no conocía, ni conocen los Cachanías, visión que palpitó en las cartas de Madame Escalle describiendo la realidad de una población nacida en 1885, donde los colonos franceses tuvieron que vivir en un mundo que no era de ellos.

El mundo que dibuja en sus cartas nada tiene que ver con el mundo que conocimos y conocemos los Cachanías ya que cuando hablamos y escribimos de la minería en Santa Rosalía, nos referimos a la minería de los 60 en delante ignorando los inicios en 1885; hablamos y escribimos de la minería de los setenta o más años después, borrando de la mente social lo que vivieron los pobladores del último tercio del siglo antepasado, de las cartas de una madre a su lejano París.

En mis dos novelas que he publicado de la minería en mi pueblo, toco los inicios, pero nunca me puse a pensar que los franceses de aquella época “tenían alma, pensaban y suspiraban”.

Helene Escalle en sus 28 cartas nos pincha el entendimiento con una escritura que retrata las vivencias de ellos, desoladas y desesperantes muchas veces. En una carta dice: “hay días terribles cuando pienso en las tres mil leguas que me separan de ustedes, entonces maldigo el exilio”. En otra dice: “mi semana ha pasado como todas, monótona, fastidiosa”.

Pero también vuelca su humanismo cuando se refiere a que los yaquis viven felices en esa pobreza, cuando narra sus paseos en mula recreándose en lo agreste de la serranía; vuelca su humanismo cuando pide a su familia en París, que no dejen de contestar sus cartas ya que la llegada del Kórrigan es un bálsamo en la soledad.

Sus cartas son un toque de atención para los que no reparamos que el Boleo tuvo vida desde 1885 y no desde 1954 en que escribí del cierre de la minería en San Luciano.

Sus cartas me refrescaron la mente; me hicieron reflexionar. Alea Jacta Est- 10-06-19

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