Mi primer discurso importante fue desdeñado por el incendio del hospital

¡Esos quince de septiembre!

En el verano de 1965 cursé las primeras cuatro materias de la licenciatura de historia y ciencias sociales de la Normal Superior de Tepic, Nayarit. Terminé la carrera en 1969.

Desde el 60 aproximadamente, por la primera arbitrariedad del sistema educativo, me mandaron a San Ignacio. Fue tal la arbitrariedad, que, impartiendo clases en la Antonio F Delgado, de Ranchería, llega un maestro y me dice que va a trabajar en mi lugar. Luego llega el inspector –Palencia- me entrega un telegrama donde me dicen que por necesidades de servicio me comisionan a la datilera población.

Regresé a Santa Rosalía en 1963, aproximadamente, a la escuela Benito Juárez, del centro. En el verano del 65 me voy a la Normal Superior.

En septiembre del 66 o 67 con ocho materias cursadas en la Superior, solicito a los organizadores de las fiestas que me den la oportunidad de decir el discurso oficial del 15 en la noche, festividad que junto con la del 20 de noviembre son las más importantes del calendario escolar.

Me concedieron el discurso de las fiestas patrias. Me preparé a conciencia tomando nota de las materias de historia y sociales que ya había cursado en Nayarit.

Agustín Cue Cánovas fue mi libro de cabecera y argumenté sobre el inicio de la independencia y la consumación en 1821. Abordé la temática señalando que los enemigos de la revolución de independencia en 1810, ahora, en 1821, se aprestaron a consumarla. Recuerdo que en parte de mi discurso apunté: la consumación de la independencia fue la falsificación del Grito de Dolores, fue el hijo espurio de la revolución. Cabe señalar que mi discurso lo había memorizado.

Estaba en la parte culminante del discurso atacando a los enemigos del México contemporáneo, cuando de golpe la gente empezó a abandonar sus sillas.

Estaba tan en mi papel de orador, eufórico y contundente, que no escuché que el silbato de la fundición, con su sonido ronco y melancólico como ronroneo de gato siamés, “llamaba a desgracia.” Y así fue: se quemaba el hospital empresarial. Bajé los escalones del templete, corrí a la calle frente al Hotel Central, y en esa tumultuosa manifestación escuché a Ramón Bastida, hijo del Chato Bastida, que me gritaba: “vente Bobby se está quemando el hospital.”

Mi primer discurso importante fue desdeñado por el incendio del hospital. ¡y tanto que había estudiado!

Después se corrieron algunas versiones. La más repetida fue de que al hospital había llegado un fuerte cargamento de instrumental moderno, rayos X, camas, lo más moderno a la altura de los mejores hospitales del interior de la república. Que dos noches seguidas algunos médicos habían sacado todo el material… eso dijo la vox populi, que es “la voz de Dios. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: El segundo quince de septiembre también tiene su historia: desde que llegué a trabajar en la administración de Enrique Garayzar (99-2002) decidí pedirle que me diera el discurso oficial del 15 de septiembre.

En un viaje que hicimos a la Costa lo abordé en su cuarto. Él se sentó en la cama y yo en una silla… eran los primeros días de agosto. “sí Bobby no hay problema”, agéndalo no se te vaya olvidar y se lo des a un panista trasnochado, le contesté.

Para la fecha elaboré un magnífico discurso para decirlo leyendo. Contraté al compañero Isaac Leyva (el Cochi) para que me sacara un video.

Estaba en lo mejor de mi lectura cuando de improviso llega El Timbre, se para de patas en el templete y me empieza a ladrar; luego sube los escalones y me hace piruetas. Le digo por micrófono: “bájate Timbre, bájate” no me hace caso y sigue en su fiesta. El compañero Guillermo (Memo Guajo) le grita desde una silla. Por fin sube y lo jala del collar y se lo lleva.

El Timbre se llamaba así porque desbalagado llegó al correo, un lado de donde vive el Guajo y yo vivía en la primera casa de la misma Calle Uno. Se aquerenció con el Guajo y cuando llegamos a esa calle, al pasar el perro lo llamaba, le hacía cariños y le daba comida.

También se aquerenció conmigo.

Como la calle está muy cerca de Palacio de Gobierno, al oírme corrió, me hizo gracias desde abajo y luego se subió. Tuve que interrumpir el discurso… algunos se rieron de la puntada. Luego fui el orador oficial en una fiesta de la Revolución Mexicana.

Declaro que en esta ciudad jamás me dieron discurso alguno, pero me di vuelo en las concentraciones y reuniones de la Corriente Democrática Sindical de la Sección Tres del SNTE donde alternaba con los compañeros Víctor Castro, Florentino Ortega, Omar Castro, Mirna y Diana, Renán Liera, Rubén León y otros más.

Y este sábado es día quince…Alea Jacta Est.- 13-09-18.- Miembro de ESAC (Bobby García)

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