Y los Cachanías no se organizan

El sordo rumor del incendio

Llegué a Santa Rosalía por los 50, porque nací en San Luciano por los 40. Conocí el puerto de Cachanía cuando nos embarcaron en el San Luciano o Kórrigan en la hégira que provocó el cierre de la mina de mi pueblo (San Luciano).

En agosto de 1952 me vine a La Paz, por eso no tuve tiempo de conocer más a Cachanía y sus gentes. En vacaciones de verano regresé como tres veces al pueblo minero.

No tengo la cronología de los incendios, pero el primero que recuerdo es uno que terminó con una casa a La entrada a Mesa Francia muy cerca de la Dirección que era el centro neuronal y económico de la empresa de El Boleo.

Eran vacaciones de invierno (56-57) cuando escuchamos el silbatazo característico de la fundición anunciando una desgracia, porque el silbato se escuchaba por la mañana llamando a los obreros y mineros que se aprestaban para la chamba. Luego se escuchaba a las diez y media de la noche y a las once. En una de tantas y azarosas dificultades de mi pueblo se escuchaba a las diez anunciando que la energía eléctrica se suspendería a las once de la noche.

Muchos nos encaminamos a Mesa Francia ya que por estar en la meseta elevada el humo del incendio se miraba desde muy lejos. Mis padres, hermanos y yo, casi al terminar la subida nos colocamos ya que iban llegando muchas personas.

Allí conocí el lenguaje de Vulcano. A medida que daba cuenta de las paredes y el techo, un rumor casi melancólico y triste brotaba por los cuatro rincones de la casa. Muy luego quedaron los puros barrotes rojinegros que se negaban a morir; por fin cayeron en un estruendo mezclado con el lenguaje melancólico de las llamas.

Ese es el incendio que inaugura los vericuetos de mi memoria. Luego viví el de la Calle Ancha –allá por el 58. En este incendio participé ya que era conscripto y el teniente de la partida nos ordenó “a paso veloz” bajar el camino empinado que comunica el arroyo con Mesa México. Desde arriba el incendio se miraba gigantesco. Iríamos a la mitad de la bajada cuando escuchamos un estruendo como cañonazo: Había explotado un tanque de gasolina. Nos tuvieron toda la mañana, pero Vulcano no dejó vestigio alguno.

En los 60 dando el discurso oficial del 15 de septiembre ocurre el incendio del hospital.

En la modernidad han ocurrido varios catastróficos. –tengo algunas fechas que no viene a cuento rescatar:

Me tocó en vivo el incendio del viejo mercado Fue un incendio pavoroso que terminó con todo lo que alcanzó: todo el mercado, el restaurante el Pollito y el lote de Calle Seis. Allí conocí el otro lenguaje del dios Vulcano: Las llamas se envolvieron en un rumor sordo y escalofriante que parecía salir del fondo de la tierra. Un rumor fuerte y pesado que presagiaba la catástrofe. Un rumor que parecía el alarido de una bestia milenaria. Las llamas en un malabar terrorífico brincaban de un local a otro. En un salto mortal brincaron la Obregón y atenazaron el Pollito y todo el lote. Al lado derecho del mercado estaba una botica -ahora es un banco- que alguien decidió fuera demolida por una máquina de la empresa. De no haber sucedido la demolición el incendio hubiera corrido paralelo a la calle tragándose la tienda de Los Núñez, la emblemática panadería de El Boleo, la antigua tiende de la empresa, la Casa de la Cultura, la vivienda y comercio de la maestra María Luisa Salcedo y dejar en ruinas la no menos emblemática iglesia que según la tradición fue construida por Eiffel.

En los incendios que han ocurrido solamente ha faltado el soplo del dios Eolo para que las catástrofes adquieran dimensiones inimaginables.

Luego presencié dos incendios más: el de Calle Once, banquetas altas y el de las calles Tres y Cuatro que terminó con muchísimas viviendas. En ese incendio viví una experiencia más; las llamas envolvieron el lote derecho de Calle Tres, luego como cirquero brincó la calle y dio cuenta de las casas de enfrente y las de atrás, que colindan con el “Palacio de madera”.

Después de los incendios la calle parece un campo de guerra: mangueras, charcos de agua, tambos y baldes, pedazos de pared renegrida, láminas retorcidas, barrotes humeantes y los vecinos observando lo que quedó de su vivienda. Poco a poco los demás que ayudaron en la tarea se van retirando. Para la tarde el campo de guerra guarda un silencio que te recorre por dentro como te recorrió el rumor mortífero de las llamas.

Luego supe del de las calles 8 y 9. Incendio que dejó un baldío muy grande.

Luego sucedió el incendio de Calle Cuatro, abarcando el lote de calle cinco.

A los pocos días sucede el de la calle Dos.

Hasta allí mi memoria de los incendios de mi pueblo. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: En los baldíos de Calle Tres y Cuatro siendo gobernador Leonel Cota, al poco tiempo ordenó construir las viviendas de material cuidando la estructura de ellas. Quedaron muy bonitas, igual que las antiguas, pero de material.

En el de las calles 8 y nueve era gobernador Narciso Agúndez. Al igual que Leonel luego ordenó la construcción de las nuevas viviendas.

El 21 de diciembre de 2015 ocurre el incendio de calle 4 y cinco –lotes colindantes con la Obregón y Constitución. El dios Vulcano, arrogante y abusivo, les entregó como regalo de navidad el pavoroso incendio. ¿Se imagina usted cómo se sentirían y se sienten los que perdieron todo, unos días antes de navidad?

Y a los primeros días, entrando el 2016, Vulcano les entrega como regalo de Día de Reyes el incendio de Calle Dos.

Y allí están los residentes mirando cómo pasa el tiempo y el gobierno de Carlos Mendoza Davis, insensible como es su costumbre se ha pasado días, meses y años, inaugurando obras de relumbrón sin voltear a ver los baldíos de calle Dos, cuatro y cinco.

Vergüenza le debería dar ver los lotes reconstruidos por Leonel y Narciso, y más vergüenza cuando pasa por la Obregón y mira los baldíos de calle Dos, cuatro y cinco.

Y más vergüenza deberían sentir los habitantes de Cachanía que no han sido capaces de organizarse para exigir a Carlos Mendoza la reconstrucción de los lotes.

¿Por qué el gobierno municipal no actúa en este tema?

¿Cómo es posible que no haya una persona –hombre, mujer- que lidere a los damnificados para exigir lo que a derecho les corresponde?

Hay agrupaciones civiles, como la asociación “Hagamos más”, leones, rotarios socios de la Progreso, clubes de béisbol, maestros, que deberían encabezar la lucha.

En el colmo de la desfachatez el gobernador fue hace unos días a entregar “acciones de vivienda”, nombre muy sugestivo y sólo significa entregar una puerta, un corredor, un piso, una ventana, un tanque para el agua.

Y no hubo la exigencia del pueblo, con mantas y oradores para exigir la reconstrucción de los lotes.

Faltan agallas, cachanías. Alea Jacta Est. 26-03-19. Miembro de ESAC.

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