El jueves pasado escribí la colaboración sobre el inicio de la educación primaria y la secundaria en la salinera población de Guerrero Negro

Dos correos que me ilustraron

El jueves pasado escribí la colaboración sobre el inicio de la educación primaria y la secundaria en la salinera población de Guerrero Negro. Nemesio Fiol es cofundador de la primaria junto con Máximo Rubio Ruiz. Nemesio llegó el 57 y le tocó inaugurar el edificio de la Amado Nervo, edificio que ha albergado a cientos de ciudadanos que ayer fueron niños. Los maestros Escopinichi, Ramona, Linda, Ramón, Bouttier y Valero, siguieron siendo maestros de primaria y secundaria hasta que ésta se mudó al edificio que hoy se llama escuela secundaria Francisco J. Mújica. Obviamente fueron maestros de muchísimos negroguerrerenses.

El jueves apunté que El Chinco (no supe su nombre) suplió a Nemesio. Sacando cuentas debió ser en 1961 ya que el santiagueño Chinco salió de la Normal ese año. Quiere decir entonces que llegó al internado en el ciclo escolar 55-56 y concluyó su Normal en 1961.

El Maestro Eligio Moisés Coronado me dice que el Chinco se llamó Elpidio Montaño Cota y que fueron condiscípulos en la Normal egresando en el ciclo 60-61; que supo que había radicado en el estado de Baja California.

El otro correo que recibí es del Doctor Julio César Peralta Gallegos. Se expresa así:

Profr. Bobby:

A lo mejor no hay reconocimiento oficial de nadie por su noble labor de ser uno de los creadores y precursores de la secundaria en Guerrero Negro; estimado profesor de lo que sí estoy seguro es de que, gracias a personas como usted, yo pude estudiar la escuela secundaria (1972-1975) en ese aquel entonces pueblito de Guerrero Negro: dos años en el mismo edificio de la primaria Amado Nervo, y el tercer año ya en el nuevo edificio de la secundaria Francisco J. Mújica. De no ser por esa modesta inicial secundaria, a lo mejor no hubiese tenido yo la oportunidad de seguir estudiando (es Doctor en Ciencias)

Yo sí, no soy nadie, no soy quién para hacerle algún reconocimiento, pero mi agradecimiento hacia usted y hacia esos primeros excelentes profesores, de los cuales la mayoría me dieron clases, es muy grande mi agradecimiento.

Nunca pensé que andando el tiempo lo fuera yo a encontrar a usted en otras circunstancias, de lo cual me felicito; una por haberle re-conocido, y otra, porque pude convencerlo de que escribiera la obra que es mi favorita de todo lo poco o mucho que he leído: “La Ciudad del Canal”. Vaya para usted mi reiterado agradecimiento y un abrazo muy sincero. Julio C. Peralta.

Le contesté:  Gracias doctor. Con su información ya sé, entonces, que las generaciones: 68-71 (que iniciamos) la 71-72, la 72-73 y la 73-74, salieron de la Amado Nervo, y la quinta, la de usted (74-75), ya salió del nuevo edificio. La de usted estuvo en la Amado Nervo dos años (72-73-73-74) y culminaron su educación secundaria en el ciclo 74-75, ya en la escuela nueva que se llama Francisco. J. Múgica.

Me congratula su agradecimiento y la “terquedad” para que escribiera La Ciudad del Canal, novela que tampoco ha sido reconocida en la salinera población. Es la primera en toda la historia del poblamiento.  Un fuerte abrazo. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: He ido muchas veces a Guerrero Negro y he visitado la Amado Nervo. Cada vez que la visito siento un fuerte impacto que me hace devolverme en el tiempo cincuenta años. Camino por el pasillo y veo la explanada y los salones; ¡los mismos en los que nosotros trabajábamos! Una fuerte impresión que me llena de pasado y presente.

Cuando el Doctor Peralta Gallegos se refiere a que nos encontramos en otras circunstancias es que un día llegué a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) de la que era titular, me presenté y recordó mi sobrenombre (Bobby). Le vendí mi novela Sueños de metal y lumbre, me habla como al mes y me pide que escriba una novela sobre su pueblo. Jamás tuve la intención de escribir algo sobre esa población ya que en mi mente estaba guardada los sinsabores, fríos y vientos. La población era desde el canal para adentro, pero rumbo a Vizcaíno era puro desierto; además me enfrenté al control empresarial que dirigía toda la vida de la pequeña comunidad.

El Doctor insistió por varios meses hasta que me convenció: llegué a Guerrero Negro y en casi nada se parecía al Guerrero Negro que había conocido en 1968.

Nemesio me comenta que en aquella época había dos comedores: el de los obreros y el de los empleados y visitas importantes. A mí me hospedaron en una edificación que se llama Biconsa; allí dormía y me daban alimentos… nada que ver con el 57 y con el 68 en que fuimos a fundar la educación secundaria, institución que el domingo pasado (dos de septiembre) cumplió cincuenta años. Alea Jacta Est.- 04-09-18.- Miembro de ESAC.-

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