Pancho Padilla

De olvidos y otras cosas

El día 16 escribí sobre los maestros, y recordé viejos tiempos, desenredé la piola de la mente y aparecieron momentos importantes, no tan importantes y algunos chuscos de mi estancia en Santa Rosalía donde trabajé en primaria, secundaria y la prepa. Obviamente conviví –y “conbebí”- con muchos maestros de la vieja guardia.

Y es allí donde llegó el olvido.

Nombré a muchos de la farra y la bohemia, de la cantada y la guitarra, de la lucha sindical y política, y se me olvidó nombrar a Francisco Padilla Ruiz, nombrado por todos como “Padilla”.

Cuando inicié mi formación magisterial habiendo ya abandonado la secundaria, es decir ya estaba en cuarto año –primero de profesional-,solicité ir a mi primera práctica intensa (dos semanas) a Cachanía, a la escuela Antonio F. Delgado. Mi solicitud fue aceptada y el lunes señalado asistí a la escuela en la que me asignaron el sexto grado a cargo del profesor Francisco Padilla Ruiz. Digo que allí lo conocí porque unos años antes estando en mi casa (Ranchería) un hermano me dijo que con “Fortino” se realizaría la pachanga de una boda. Supe entonces que el casadero sería Padilla. Asistí porque la boda era como a tres casas de la nuestra. Allí supe que el inspector escolar era Palencia, porque aparte de Padilla que vestía de traje, resaltaba el de otra persona vestida igual. El inspector Palencia toda la vida portó traje y corbata.

Se puede decir que a Francisco Padilla Ruiz lo conocí cuando realicé mi primera práctica, y en su grupo.
Ya como maestro no faltó el día que concurriera a una pachanga y allí también me enteré que Padilla cantaba y tocaba muy bien la guitarra. Desde entonces Padilla y su guitarra fueron indispensables en las pachangas. Un sábado la realizamos en su casa y nos presentó a su perro, que dizque porque cantaba. Tomó la guitarra, llamó su perro que se sentó muy cerquita de la guitarra. Padilla pulsó las cuerdas hasta lograr un sonido muy agudo y en ese instante el perro empezó a aullar siguiendo los intervalos de la guitarra.

Se levantó “El Pistiado”, que luego fue secretario general de la Sección III, le plantó un sonoro beso en la nariz al perro.

Muchos años después me enteré que algunos perros cuando escuchan un ulular fuerte aúllan llevando casi el ritmo. Tengo tres perros que cundo suena la bombera o las patrullas, dos aúllan en el patio y la Chihuahua en la sala.

Cuando la raza se juntaba en La Progreso al que llegaba retrasado le preguntaba: ¿“viste al Bobby, trae puesto sombrero, y te fijaste si Girón anda en zapatos?”. Si la respuesta era afirmativa entonces decían: “al rato van a llegar”. Ya entrados en la parranda los que andaban por el corredor del salón preguntaba: ¿“Ya cantó Las Bicicletas Padilla? Si la respuesta era negativa decían: la pachanga no llega todavía a su máxima expresión.

En fin: Padilla fue parte del alma de la bohemia de los maestros de la vieja guardia. Antonio Muñoz, él y yo, nos fuimos juntos a estudiar la Normal Superior a Nayarit… imagínense si no nos conocimos y la lagunota de no haberlo nombrado. Durante cinco veranos entonamos mil canciones él y yo. Un día, sentados en la escalinata del hotel Juárez –allí nos hospedábamos- quise cantar Janitzio y en varios intentos Padilla fue acomodando el tono hasta que por fin alcancé las partes altas de la canción.

Pero Padilla no fue importante nada más como cantante y bueno para la guitarra, no. Fue ungran maestro que nació para ser eso. Fue un gran matemático que impartió esa cátedra en la Preparatoria Flores Magón de la que fue director por muchos años. Ocupé la subdirección y nunca tuvimos una dificultad. Incluso en 1980 fui candidato a alcalde por el Partido del Pueblo Mexicano y él fue candidato a alcalde suplente en la planilla de Marco Antonio Orozco. De esa coincidencia, siendo directivos de la Prepa, fuimos candidatos a alcalde. De ese tamaño fue nuestro entendimiento.

En un curso de verano concertamos un encuentro de béisbol con maestros de Nayarit. El domingo como a las diez de la mañana llegó el Tongareba, hijo de García Tapiz, y frente a la puerta del comedor del hotel nos gritó: “Bobby, Padilla, ya nos están esperando en el estadio, ya no hay tiempo. Con toda calma le contesté: Tongareba, tal vez no haya tiempo para jugar béisbol, pero para desayunar sí hay”. Así llevamos la gran amistad los sudcalifornianos.

Una ocasión yo tenía dificultad para enseñar problemas sobre encontrar interés, capital, tanto por ciento y tiempo. Llegó Padilla –ya era director- y se detuvo en un ventanal, le expliqué mi dificultad. Me dijo, “mira, pon en la esquina del pizarrón la siguiente fórmula: I= CxRxT. No la borres esa es la clave. Si quieres encontrar el interés multiplica los otros factores. Y así, si quieres el Capital, el Interés siempre pasará como dividendo y como divisor el rédito por tiempo.

Hasta hoy, después de más de 54 años no olvido la gran lección que me dio Francisco Padilla Ruiz. Y ese tipo de problemas fue fuerte ante mis alumnos de sexto grado.

Fue director de escuela, director de la prepa y director de educación estatal, lo que ahora es Secretario de Educación.

Cuando trabajé en el patronato del Estudiante, en un viaje a Cachanía coincidí con su fallecimiento. Lo acompañé hasta el panteón donde Toño Muñoz dijo unas palabras.

Un recuerdo solidario a su familia y un abrazo fraternal a Padilla, seguro de que en alguna parte nos encontraremos para entonar sus canciones y las mías. Alea Jacta Est.- 24-05-18.-

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