Ayer miércoles 14 se cumplió un año más de la muerte del ilustre declamador.

Alán Gorosave…sé que agonizas

Ayer miércoles 14 se cumplió un año más de la muerte del ilustre declamador nacido en el pueblo de Mulegé. Ilustre declamador internacional que muriera en su pueblo el 14 de noviembre de 1976, hace ya 42 años.

No conozco otro artista sudcaliforniano en el arte de la declamación que haya transitado con su voz de arrullo, potente y diáfana como el palmar y estero de su pueblo, por toda América y Europa. Y no lo habrá porque la palabra hecha declamación extraordinaria ya casi no se practica. Por lo tanto, Alán es único, es inmortal.

Cuando se sintió minado por la muerte regresó a morir a su pueblo.

Viviendo ya en esta ciudad un día tuve noticia que Adrián Escamilla –así lo conocí- iba cada catorce de noviembre al homenaje del ilustre declamador. Adrián había sido mi alumno de sexto año en la Vicente Guerrero de San Ignacio.

Me preparé para el siguiente 14 de noviembre asistir, saludar a mi exalumno y rendir homenaje a Alán. Ya sabía que se iniciaba con una ceremonia en el panteón, un pequeño programa y guardias de honor.

A nadie dije que asistiría.

Llegué el 13, me hospedé en un hotel y muy de mañana me fui al panteón. Los que me conocen –que son muchos- me saludaron. Pregunté por Adrián y me dijeron que estaba detrás de unos árboles y tumbas, para en momento determinado salir y decir un poema a Alán.

Y así fue; salió entre los árboles y tumbas, fue caminando y con su voz potente como letanía espumosa de las lanchas que surcan el estero fue envolviéndonos con su voz y el sentido poema.

Hacía aproximadamente 40 años que no lo miraba… nos saludamos e hicimos la guardia correspondiente en la tumba de Alán.

Desde ese 14 de noviembre asistí con regularidad al homenaje. Me tocó organizarlo cuando fui funcionario en el trienio de Rojas Aguilar y Enrique Garayzar… hace algunos años que ya no voy.

Cuando ya fallecía, su familiar y amigo Jesús López Gastélum, escritor y poeta orgullosamente nacido en el Grupo Minero de San Luciano, le entregó la sentida oración fúnebre que Adrián –ya llamado Adrián Ojeda Escamilla- la redactó como poema y desde entonces cada 14 de noviembre la dice en el panteón de Mulegé. Al homenaje de ayer no asistió y su ausencia fue como si Alán muriera un poco más:

“Alán Gorosave, sé que agonizas, tu alma lumbre pensante, se te hizo cáncer y el cáncer se te hizo muerte: muerte física que apagó tus ojos y tu aliento, sólo para fundirte en la magia eterna de tu bello paisaje: Mulegé.

Así es Alán, alguien tenía que detener tu avidez trashumante, de aquí, de allá, de más allá, de todas partes llegaban tus tarjetas y tus cartas. Tu angustia era la misma, angustias sin aduanas, angustia en sucesión de timbres postales, angustia en letras obsedidas de soledad y de nostalgia.

De todos modos, Alán, tú llevabas a Mulegé como centro de gravedad de  tu existencia, como genealogía, como raíz, más que un paisaje fue para ti una dimensión espiritual, una manera de ser poeta y profeta para regar tu canto de arte hacia todos los puntos cardinales.

Y todavía tener tiempo, Alán, de regresar a tu origen, seguramente para renacer en el primer rayo de sol de mañana; ahora entiendo por qué te extasiaban los amaneceres: gozabas la sapidez de la aurora en el instante preciso de la transición: fundías tu júbilo en el ascenso inevitable de la luz y llenabas tus pulmones de ozono madrugal.

Ahora recuerdo cuando en Italia dibujaste aquel zapato roto amigo de tus hambres y aquel reloj teutón que nunca supo la hora de tus lágrimas y aquella horrible calle de París donde perdiste las huellas de tu búsqueda y aquella playa adriática donde más tarde encontraste la paz, para otra vez reiniciar la fáustica aventura de vivir y ser, ir, llegar y seguir, siempre seguir, de prisa tras la prisa.

De América a Europa, del mar a la cumbre de los Andes, peregrino siempre, generoso, irascible, tierno, brusco, establemente inestable, no podías dejar de caminar, pero marchabas hablando la poesía universal y tus pasos sembraban la esperanza y tus manos gigantes, paralelas, saludaban el advenimiento del nuevo hombre de la tierra.

Hoy mismo nos parece escuchar la belleza y la riqueza de tu voz, sólo pretexto para que vibrara tu alma tensa y densa de amor; cenital siempre, siempre candente, alma fraguada en el verso que sube audaz la invisible escalera de los horizontes y los contagia en el incendio vespertino.

Algún día, Alán, algún día, una calle, un paseo de Mulegé llevará tu nombre que es ala inmortal; entonces tus amigos nos sentaremos frente al mar a esperar que amanezca en la otra orilla.

Y yo sé muy bien que escucharé tu voz en primer aviso de la aurora.

Hasta entonces, Alán, amigo, poeta, hermano.”

 

                              (Sé que agonizas, de Jesús López Gastélum)

Hace unos días, Adrián la publicó en un correo. Varias personas lo felicitaron por el recuerdo y por la fecha.

Una persona –no recuerdo su nombre- le escribió que el pueblo se debía llamar “Mulegé de Gorosave”

No es mala idea.

Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

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