El siete de julio de 1885 se funda oficialmente Santa Rosalía

A 133 años de aquel estallido que parió bola de cobre

Para los Cachanías (los viejos) la historia de su pueblo la conocen, algunos muy bien, otros a “retazos”. Pero bajo la lupa de la historia hay acontecimientos poco conocidos. Roberto Gastélum publicó una reseña que bien sirve como referencia ya que tiene muchas fotos y anécdotas. En mi estricta opinión, es un libro que soslayó la miseria laboral de los mineros. Y es comprensible porque Roberto Gastélum fue parte del engranaje sindical, de ese sindicato que por siempre negó el derecho a los mineros a que pertenecieran a él.

Hay otro libro, del investigador Juan Manuel Romero Gil, de la Universidad de Sonora, pero nacido bajo el humo infernal de la fundición, que relata documentalmente la vida de su pueblo. Es un libro metodológico que abre al mundo la verdadera historia política y social de Santa Rosalía.

He escrito mucho de mi pueblo en dos novelas: Caídos del cielo del infierno, y Sueños de metal y lumbre. Poesía, crónica, relatos, cuentos, en otros libros. Mi visión se fundamenta en la vida de explotación que sufrieron los mineros desde la fundación hasta 1985 fecha en que se clausuró definitivamente la minería de cobre.

El siete de julio de 1885 se funda oficialmente Santa Rosalía, y se festeja el aniversario en el mes de octubre por lo insoportable del calor en julio. Este siete de julio cumplió 133 años. Desde su fundación vive a salto de muerte ya que ni los franceses ni la compañía mexicana que el gobierno creó en 1954, cumplieron con lo establecido en la Ley Federal del Trabajo. Hasta hoy Santa Rosalía es una ciudad sin derechos laborales.

En 1885 la empresa de El Boleo, de capital francés, inicia las exploraciones y la prospección en los cerros aledaños. Obviamente empiezan a aparecer las minas a los alrededores de Cachanía. Prospectan las montañas del oriente y surgen los Grupos Mineros con matriz en Santa Rosalía. Estos grupos fueron: La Soledad, Providencia, Santa Martha y Purgatorios (que en épocas de lluvia le decían Cerro Verde) Santa Marta se fundó al último y al clausurarse su minería los franceses fundaron San Luciano, al occidente en una planicie prolongada. Por los 50 dieron vida a la minería de manganeso y el asentamiento se llamó Lucifer, que desde “el cielo” parecía una bola negra inhabitable.

Con el auge minero se desarrollaron los “enganches” que desde Guaymas traían obreros. Así llegaron los indios Yaquis, que su descendencia mantiene la costumbre de la festividad de “La Ranada” festividad en la que aparecen los fariseos en semana santa, recorren la ciudad enmascarados tocando un palo largo sobre otro chico a manera de cuchillo. El sábado de gloria los azotan y… a esperar el siguiente año.

Para el primer decenio del siglo veinte la población ya crecía; en dos enganches trajeron 500 chinos y 500 japoneses. A unos los confinaron (como animales) en San Bruno, y los japoneses fundaron su pueblo en Purgatorio. Para resolver el problema demográfico que se iniciaba construyeron 6 hoteles de dos pisos alrededor de la plaza: el Hotel Central Moderno que opera donde mismo; Hotel Centro Número Uno y Número Dos, el Hotel Boleo que después fue oficina de correos, el hotel Casillas y el de Juan Ayub, en las dos plantas de lo que después fue la oficina de telégrafos.

Santa Rosalía ha padecido (ojalá ya no más) tres Hégiras: la de 1945, cuando se clausuró la minería en San Luciano, la de 1954, cuando se fueron los franceses y, la de 1985, año en que la empresa mexicana clausura definitivamente la minería. En las dos últimas los mineros fueron corridos como animales sin dueño.

Hoy hay la minería del Nuevo Boleo, que al igual que ayer, han dado vida a un sindicato al que le “hacen de tos” los derechos sindicales

Antonio Figueroa (el Cadena) y Francisco Javier Gaynor, dos obreros de la fundidora, el 17 de junio de 1985, accionaron por última vez el mecanismo que hacía funcionar el silbato de la fundición. Este “pitazo” estaba fundido en la piel del pueblo; era el tic tac de su corazón y la señal para iniciar el trajinar diario. A las seis, a las seis y media y a las siete de la mañana se escuchaba para que todos los pobladores nos preparáramos para las tareas diarias; los mineros, los obreros de la fundición y talleres, se levantaban al primero; los demás lo hacíamos entre el segundo y el tercero. El pitazo era parte del pueblo; su ronco sonido, melancólico y gordo recorría la playa, la gran cañada y los cerros. En la noche se escuchaba dos veces: a las diez y media y a las once. Hubo un tiempo en que el primero anunciaba al pueblo que dentro de media hora se suspendería el servicio de energía eléctrica. Fue uno de los tantos espacios de crisis que ha vivido el pueblo durante su azarosa vida.

Desde 1985 no escuchamos ese silbatazo, ronco y melancólico que recorría la piel del pueblo…ya muchos ni se acuerdan, es más, muchos nunca lo escucharon. Algunas veces nos anunció incendios y con su silencio nos anunció la muerte de una época llena de heroísmo, contradicción y memoria. Al llegar el silencio nos rompieron la piel y nos inventaron otro pueblo. El pueblo viejo vivió entre humos y rieles, cascos y carritos de la mina, entre camiones llenos de metal y entre planchas de cobre. Desde 1985 nos inventaron otro pueblo que quedó sin las minas y sin trabajo… hoy ya nada tenemos de aquella historia bella y sacrificada.

Hace 33 años que le rompieron la lengua y las piernas al pueblo aguerrido de mineros, rieles y locomotoras. El silencio del trajinar metódico y metálico pesa mucho, tanto que la historia minera se quedó sin tiempo; sus venas de rojo cobre y escoria negra se han hinchado como una pompa seca en pus… ya nadie las ve, ya casi nadie las recuerda….

La historia de Santa Rosalía tiene su origen en aquel transitar en el que por casualidad José Rosa Villavicencio, ranchero de la comarca encontró unas bolas de cobre. Luego, el 7 de julio de 1885 el gobierno de “don Porfirio” concesionó el fundo minero a los franceses. Nació entonces la EMPRESA DE EL BOLEO y el pueblo de SANTA ROSALÍA.

En la historia contradictoria de Cachanía uno se puede preguntar que si quién sería el que le jugó la broma a Rosa Villavicencio de ponerlo al paso de las bolas de cobre…¿Sería Dios o el Diablo?

Nuestro origen centenario es ya muy conocido: el capital francés, los enganches y los trabajos difíciles llenos de explotación. La época de bonanza en que fuimos un gran productor nacional de cobre de fama trasnacional. El inicio de la fundación con 250 personas de las cuales 80 eran franceses. Para inicios del siglo XX llegamos a ser más de trece mil habitantes. Fuimos el primer pueblo organizado en la lucha obrera ya que para 1923 funcionó organizadamente el GRAN SINDICATO OBRERO que escenificó grandes hazañas de lucha social. Fuimos la capital obrera de Baja California Sur.

En 1903 el minero Mauro Flores, mata de una puñalada a un capataz francés. Fue un acto violento y visceral…pero al fin, un acto contra la injusticia y la explotación. 42 años después (1945) muchas familias de San Luciano inician la PRIMERA HÉGIRA (la huida) de la injusticia laboral. Muchas familias fuimos llevadas a la “la playa” (así llamaban a cachanía los de San Luciano) y en el muelle nos subieron al barco San Luciano y nos “engancharon” rumbo a Ensenada. Las planicies del norte y de Mexicali recibieron los ojos de mina de los hombres de cobre. En los cerros de Guaymas parieron casas de madera de Cachanía. Y así, en diez años las casas de Los Grupos brincaron de cerro a cerro y de ciudad en ciudad. En La Paz hay varias de ellas. Están en línea como para que no las olvidemos. (queda nada más una)

En 1949 es desmantelado San Luciano y ocho años antes había pasado lo mismo con Santa Martha. Los grupos mineros ya eran parte de la historia como hoy lo es la historia minera de Santa Rosalía que en aquellos años siguió llenándose de humo y escoria, rieles y láminas ¡dedos ultramarinos! Las casas de los Grupos dieron nombre a Las Barracas, Ranchería, El Canadá el Cincuenta y Nopalera.

Los franchutes vinieron a explotar los yacimientos y sabían que la vida de bonanza era de 50 años… y así fue… Cachanía desde entonces vive a salto de muerte y casi muere día tras día. El presente está lleno de viejas sepulturas casi borradas. Cerca de cinco mil defunciones se dieron en el primer decenio del siglo XX recién sepultado. Pagamos la cuota de tierra EN MÁS DE UN MUERTO DIARIO. Los cerros se quedaron vacíos de cobre PERO LLENOS DE HUESOS. A finales del siglo, algunos viejos pasos mineros se encaminaban a los antiguos Grupos Mineros a visitar a sus muertos. Espartacos de piedra que desempolvaban sus recuerdos. Parecía que el pasado, lleno de polvo y suciedad, lo traían amarrado a sus tobillos. Si los hubiera visto usted cómo arrastraban sus recuerdos en sus pasos…. del Chorizo al Pozo y Calle Once y de aquí a la Plaza Central…

Muchos tuvimos que dejar nuestro origen desde la PRIMERA HÉGIRA, en 1945. Se nos fueron de los ojos las canastillas, el gran terrero y la Torre de San Luciano. Cambiamos los cerros por planicies, surcos, ranchos, vacas y toros, zacate escarchado y fríos huesudos. Pero muchos regresamos cuando podemos a oler a grasa de donque y arenilla… y luego volver a emigrar. A mí la Segunda Hégira, la de 1954, me agarró en la Ciudad de La Paz. Otra vez se desmenuzaba la piel del pueblo. Otra vez a inventar otros paisajes, otras ciudades. El maestro y amigo Jesús López Gastélum, ilustre cachanía fallecido hace poco, lo describe así: “Dura fue la crisis, pero no era el fin. Fue, eso sí, el parteaguas de nuestra historia como pueblo; antes y después de la Compañía de El Boleo. Muchos tuvimos que emigrar obligados por las circunstancias. No escapamos. No fue una huída deliberada sino una salida necesaria, involuntaria, dolorosa. Fue un éxodo colectivo que nos dispersó en entidades vecinas, desde donde, los ausentes hacemos de la nostalgia un estímulo para seguir amando y sirviendo a nuestra tierra”.

Los franchutes vinieron, vieron y vencieron. Históricamente se fueron en 1954 (la Segunda Hégira). Se llevaron todo lo que servía; se llevaron la historia y nos dejaron un cascarón en el alma y en las montañas. Se llevaron el cobre y nos dejaron escupitajos de sangre y las cruces de Santa Martha, San Luciano, Lucifer, Providencia, La Soledad y Purgatorio. También las cruces de Ranchería y Mesa México….

EL RECUENTO: Los franceses llegaron en 1885 y se fueron en 1954. El gobierno federal continuó los trabajos mineros hasta 1985. La EMPRESA DEL BOLEO (francesa) los reconoció hasta 1945, pero el gobierno de México, nunca los reconoció como sus trabajadores y al liquidarse la minería los dejaron en el peor de los desamparos como si fueran animales sin dueño.

La lucha minera adquirió perfiles importantes de 1923 a 1937, con EL GRAN SINDICATO OBRERO, llamado Sindicato Rojo, por ser cabeza en la defensa de los derechos mineros. Surge el charrismo sindical al establecerse LA SECCIÓN 117 DEL SINDICATO MINERO, dirigido a nivel nacional por el charro Napoleón Gómez Sada. La lucha minera se vuelve a organizar para 1965 y sucumbe para 1980. Vale recordar algunos nombres de mineros que dieron la gran lucha: don Ricardo Rivera, del Barrio El Canadá, El Capi, de Nopalera, Reinaldito Maklisch, de Nopalera, El Negro Filemón, del Centro, Pepe Romero, El Suichy, Toño Garay, Eduardo García (mi padre) Bolas Alcántar, Pino Beltrán, Ildefonso Ramírez y El Gollón, de Ranchería. Los Hermanos Ajúquez, del centro, el Cilantrón, del centro.

Mauro Flores realizó el primer acto rebelde en 1903. En 1923 nace la lucha obrera del Gran Sindicato y en 1937 la represión empresarial en complicidad con el gobierno lo cancelan y dan vida a la Sección 117, afiliada al Sindicato Minero Nacional. En 1945 los mineros dejan de pertenecer al sindicato. En 1949 muere San Luciano y en 1954 se da la segunda gran liquidación y aparece la Empresa Minera de Santa Rosalía, S.A. En 1965 se fortalece nuevamente la lucha minera para que la empresa LOS RECONOZCA COMO SUS TRABAJADORES. En 1980 se inicia el desmantelamiento de las minas. El 17 de junio de 1985 deja de escucharse el silbatazo de la fundición y el 7 de julio del mismo año oficialmente es clausurada la actividad minera.

Gaynor y el Cadena, petrificaron la historia en un solo movimiento…congelaron la atmósfera y nos borraron la historia minera…nos dejaron en el pasado sin tiempo. En 1985 la memoria minera saltó al vacío… a guardar los donkes, picos y palas, los carritos de la mina, la lámpara y el carburo, el metal y la escoria, la cañuela y la pólvora. ¡A guardar la zapeta y el secador en la esquina del corazón!!

Esa es la vieja historia que circula –o debería circular- por todos los poros de los cachanías. Esa es la historia que hermana la vida y la muerte, la lucha y la pasividad, la luz y la sombra. Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Santa Rosalía todavía no termina de escribir su historia; llegaron las calamareras y explotaron a las y los trabajadores. Por ahí hay una demanda que duerme el sueño de los injustos. Llegó la minera del Nuevo Boleo, primero con capital canadiense y ahora con coreano. Hace algunos años se dijo que venían a explotar cobalto… ya no se dice nada, pero la explotación es parecida a la antigua ya que la empresa utiliza el sistema de outsourcing (subcontratación) al igual como cuando los franceses establecen el sistema de poquiteros, que es una subcontratación para desconocer los derechos de los mineros.

Pero se explota en el comercio, en las casas (que a las trabajadoras llaman criadas) en los talleres, etc. Alea Jacta Est.- 07-08-18

 

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