Regresas ilusionado a tu casa pensando en el día, la hora y el minuto en que vaya el maistro a ponerte el lavadero

Oficios parte II

Regresas ilusionado a tu casa pensando en el día, la hora y el minuto en que vaya el maistro a ponerte el lavadero, por fin, ¡qué felicidad! Pasa un día, dos, tres, miras el teléfono pero no te animas a marcarle para no molestarlo, ya después de tres días pasada la fecha fatal en que no llegó, no lo llamas, te parece poco serio y formal, así que vas de nuevo a buscarlo, y ahí está, en la sombrita tomándose una ballena con los mismos gañanes de la vez pasada; con temor te acercas y con voz quedita, mirando al piso para no provocarlo le dices: oiga que pasó lo he estado esperando, pedí mis días económicos en la chamba para estar todo el día en la casa para cuando fuera estar ahí. El maistro, le dice que ha tenido mucha chamba, que no ha tenido tiempito, pero que si quiere de una vez vayan a ver para sacar el presupuesto.

Llegan y lo primero que hacen es criticar tu casa; esa pinche costumbre que tienen, desde arquitectos o ingenieros civiles y contratistas hasta el último chalán de la trama alimenticia constructivista tienen la misma puta costumbre: oiga, estas columnas están cuarteadas, la pared está desplomada, el piso está desnivelado, te lo dicen de una manera burlona para que puedas darte cuenta que te quieren decir que eres un pendejo que pagaste porque te hicieran mal un trabajo. Tsss amigo, ¿quién le hizo esta barda? ¿pos quién la va a hacer? Un pinche albañil, ni modo que quién, no lo dices, nomás lo piensas, sabes que esa humillación es el precio que tienes que pagar por el atrevimiento de darle trabajo al cabrón. Está bien chueca, mira aquí ya se rajó, esta descuadrada, mira cómo se mete allá al fondo, no no no amigo, le hicieron muy mal trabajo, de seguro la zapata ha de estar ahí nomás por encimita, y el cabrón, constructor exitoso, teórico de los materiales y las resistencias, de la geometría hermética, heredero del conocimiento de los constructores del templo de Salomón, se pone a darte una cátedra de cómo se debe de hacer bien una barda.

Después de que el cabrón termina su disertación sobre la evolución de la construcción bardológica en occidente, le preguntas, ya nomás por cortesía y por ver a qué viene todo el pinche rollito ese, oiga, ¿y qué, se va a caer la barda o qué?, no, de que se cae no se cae, pero pus, no se chambea así. En fin, el caso es que ya después que le puso cuidado a toda la casa y te criticó dejándote ver que eres un pendejazo, por fin se dirige al fondo del patio donde quieres que te ponga el bendito lavadero. Se para, se queda viendo la esquina el patio, le corta un palito a la escoba y se pone a picarse los dientes; después de algunos minutos de horadar su dentadura escupe algunos hollejos de tomate y cebolla. Con solemnidad desenfunda su cinta métrica y así nomás de lejitos la pone vertical, horizontal, se acerca al polígono en cuestión y da dos o tres zapatazos sobre la tierra, para ver si está muy duro el suelo y va a ser mucha chinga meterle pala, esto yo no lo sé de cierto, pero lo supongo.

Ante el silencio del interfecto tú ya te empiezas a poner nervioso, empiezas a sospechar que el chistecito te va a salir caro, por fin el vato rompe el mutis y te dice, pues mire amigo, de mano de obra es tanto, como la barda está chueca hay que emplastar para agarrar el nivel- o sea, si toda la pinche casa está descuadrada quién chingados se va a fijar en que el lavadero esté chueco, es más, hasta mal se va a ver en el Google Earth el lavadero alineadito, pero bueno, reconoces el profesionalismo del constructivista-, y luego te dice, aquí ya escarbando hay que ver cuánta agua podemos meterle a la pila y ya con el peso del bloque no haya hundimientos ni desplazamientos, además como estamos en zona de sismos oscilatorios, hay que calcular bien la resistencia de los materiales, pero yo tengo un cuñado que sabe de mecánica de suelos, yo lo voy a traer y ahí nomás le damos una feria; va a ser tanto de cemento, tanto de arena y tanto de bloques, ahí tengo un compadre que hace acarreos yo le voy a pedir que me venda medio metro de arena nomás. Le preguntas cuanto tardaría, y dice que pegándole temprano, tipo siete de la mañana en un día queda. Ah, pero la tubería y las llaves de agua no las pone él, tienes que hablarle a un plomero, y le dices que las salidas ahí están a mano, que nomás hay que meterle un tramo de pvc para que quede justo sobre la pileta, pero no, te dice que él es albañil no plomero, que no tiene herramienta y que su profesionalismo le impide intervenir en áreas que no son su especialidad, y le comentas, oiga, y también quisiera poner aquí un contacto para poner la lavadora al lado del lavadero, uy! No amigo, menos, si no le entro a la plomería, menos a la electricidad, es muy delicado eso. Argumentas lo mismo, que solo hay que jalar el cable de corriente y meter una caja para el contacto, pero no, no hay manera que acepte poner la toma de corriente, alega la variación de los flujos eléctricos, el calibre idóneo del cable para ese tipo de lavadora, en fin, terminas convencido de que lo mejor es llamar a un electriciólogo competente.

Bueno, por fin le das la mitad de lo que te costará el dichoso lavadero, no sin antes señalarte que mañana a primera hora estará ahí, y como no tiene carro tienes que ir por los bultos de cemento para que pueda trabajar llegando. Vas por los bultos de cemento, los subes al carro, los bajas en tu casa, y se los dejas ahí cerquita pa que no batalle el güey. Te paras temprano, pones café para brindarle, te reportas enfermo al trabajo para estar ahí al pendiente por cualquier cosa que se le ofrezca al señorito. Nueve, diez, once, doce de la mañana y nada. No fue. Haces gala de paciencia, al segundo día repites la misma operación y nada, no llega. Al tercer día esperas hasta la nueve de la mañana y te vas al trabajo. Como a la una se empieza a nublar y a tronar machín, te asomas por la ventana de la oficina y chin! Está lloviendo pa San Pedro, ahí sales como pinche loco en chinga a tu casa a mover los bultos de cemento para que no se te vayan a mojar. A esas alturas ya como que te empieza a dar un tipo corajito así, te armas de valor y le marcas, que pasó maistro, lo estoy esperando desde antier, recuerdas que ya le diste la mitad de la lana y le bajas dos rayitas, él tiene la sartén por el mango, y en chinga recuerdas a Marx, tu tendrás el capital pero él tiene la fuerza de producción, así que te chingas y para no exasperar más la dialéctica de la lucha de clases le hablas suavecito, que pasó amigazo – ta madre, ni con tu vieja eres tan condescendiente-, tuvo algún problema de salud o algo, ya el vato agarra esa tabla de salvación que tu mismo le echaste y te dice que sí, que se lastimó la espalda, el caso es que cumplidas las formalidades de la charla quedan, ya sin falta, para el sábado.

El viernes rechazas la ida a una fiesta de uno de tus mejores amigos, el más alivianado y divertido, iba a haber un chingo de morras bien buenas, conjunto, comida y alcohol hasta decir basta, pero tienes un compromiso ineludible, casi bendito, así que no puedes asistir a lo que según pronósticos será la peda del año; al principio tus compas se agüitan y te echan carrilla, tu callas y aguantas vara estoicamente; incluso llega a oídos de tu súper brother que no irás a su cumple y te marca ipso facto, te llama y va directo al grano, qué onda cabrón, cómo que no vas a ir el viernes a mi fiesta, no mames pinche compadre – todos los vatos que se dicen compadres “de cariño”, o sea, que no son compadres formalmente, se dicen compadres porque en algún momento de esa “amistad”, ya pedones, se besaron en la boca o se agarraron las nalgas, si no es que llegaron más allá, y para cubrir ese desliz joteril, enmascaran esa atracción homoerótica bajo el manto de una gran amistad para acallar su conciencia que les llama desde el clóset, para más información ver el Laberinto de la soledad-, pero luego luego que te reclama tú sacas tu as bajo la manga y le dices, es que quedé de ver a mi albañil el sábado temprano, el compadre de marras luego luego comprende la situación, y dice, ah, bueno, así cambia la cosa carnalito, ni te preocupes, hay prioridades, ni pex, y ya para despedirse te dice, no hay bronca, luego festejamos tú y yo compadre, hay babochón, no que no. Pa que se dicen compadre, hipócritas, si son tan hombres díganse mi amor ya de a tiro, o gordo o algo, ay sí, ya cuelga compadre, no, cuelga tu primero compadre, bueno pues, a las tres colgamos al mismo tiempo, una, dos, tres, hey! Mañosito compadre qué tramposo eres no colgaste, tú tampoco compadre, doble de mañositi… y luego ya borrachos les gana el sentimiento y se dedican canciones de Juan Gabriel por el face, pinches vatos.

Por fin llega el esperado sábado…

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