Fui a teatro de la ciudad a ver la obra ¡A vivir!

Odín y los mercaderes del templo

Fui a teatro de la ciudad a ver la obra ¡A vivir! de Odín Dupeyrón, el teatro estaba lleno. La obra es buena en términos generales, aunque el discurso de Dupeyrón en entrevistas y otros espacios ha madurado mucho más que la propuesta de la obra que, según dijo, tiene más de 15 años que fue concebida por el propio escritor y actor de la misma.

Partiendo de que no se puede pedir mucho a los temas de superación personal, el mayor mérito de la obra consiste en que te mantiene entretenido mientras de te da lecciones de vida. Es como si hicieran una obra de teatro de “Juventud en éxtasis” o de “Los cuatro acuerdos”, dado que según el actor la obra surge a partir de un libro que escribió llamado “Colorín colorado, este cuento no ha acabado”, que vio la luz en el 2002. Entonces éticamente es un despropósito, los libros de superación son para gente huevona que piensa que se puede ahorrar la vida, la experiencia, el dolor, la risa, el desamor, y que repitiendo frasecillas pedorras como mantras van a poder interiorizar lo que al resto de los mortales les cuesta años de caídas y golpes aprender y asimilar como parte del aprendizaje de su biografía personal, entonces no solamente son huevones para aprender de la vida, son además huevones para leer y por lo tanto mejor se esperan a que salga la película, o en este caso, la obra. Esa es la paradoja de la obra, que te quiere enseñar a vivir yendo a ver la obra, ni siquiera haciendo el esfuerzo de leer el pinche libro.

Odín Dupeyrón es un buen actor y un pésimo escritor, por lo menos en lo que a la obra se refiere; la obra, aunque entretenida, cae en el simplismo de los lugares comunes, de las metáforas forzadas e insulsas. Franqueado por una mesa y una silla de un lado,  por el otro una maceta y de fondo tres mantas que componen toda la escenografía, la obra empieza donde un paciente o asistente a un curso, taller o tratamiento -no se especifica-, está dando testimonio de su paso por el proceso guiado por un ficticio doctor, vuelve a su infancia recordando los eventos que lo llevaron a dar a ese centro de… lo que sea.

Recuerda su niñez con una mamá que aúlla sobre una piedra todas las mañanas en el patio de su casa y grita: ¡A vivir, a vivir!, situación bastante anormal y mamila para ejemplificar la personalidad de la madre, pero además, innecesaria porque el personaje con sus propias palabras describe la personalidad algo extraviada de la realidad de la madre; en realidad el diagnóstico clínico de la mujer era que estaba medio traspaleada, era medio sencilla, le faltaba un cuarto pal veinte.

Una mujer que amaba la libertad y despreciaba los convencionalismos  sociales, que tenía un pie en la realidad y el otro en puras jaladas, enarbolando una libertad que no le servía para nada, más que para tener desplantes ridículos, como colgarse una pajarera –casita para pájaros- en lugar de un bolso para asistir a la cena que tenían prevista con los suegros. El padre, obviamente, era completamente respetuoso de las formas y dictados sociales, el clásico atrapado en el empleo que no ama, con miedo a los retos, al cambio y a esa famosa libertad que tanto enarbola la esposa.

En un pasaje de la obra los padres discuten porque ella quiere ir al cine y el padre dice que no, que solo tiene 600 pesos para el resto del mes, y ella dice ¡perfecto, nos alcanza para ir al cine! Y argumenta que 600 pesos no van a resolver los problemas económicos de la familia, y que hay comida en la despensa así que no necesitan guardar esos 600 pesos, después de discutir el padre le da 300 pesos para que vayan al cine, y la madre le dice, nosotros elegimos ser felices con los 300 pesos e ir al cine, tú eliges ser infeliz con tus 300 pesos y quedarte en casa. Ahí la gente se conmueve y silenciosamente le da la razón a la madre. Situación simplista y obvia, todos queremos ser felices y a nadie nos resuelve la vida 600 pesos, pero en el fondo, todo es una trampa facilona para darle gusto a esa gente que no quiere pensar, pero quiere ser mejor; el propio Esopo se hubiera ofendido por lo pedestre del razonamiento, y sobre todo, por lo inacabado, porque no existen solo esas dos opciones, en la vida real si el padre hubiera asumido la propuesta axiomática acerca de la libertad que la esposa le planteaba, la única hipótesis posible no era ir al cine con la familia, de hecho el padre en ejercicio irrestricto de su libertad pudiera haber hecho muchas otras cosas con esos 600 pesos valiéndole madre que fueran los últimos del mes, probablemente les hubiera dicho: me voy al billar a gastarme estos últimos 600 pesos, me voy al teibol, con estos 600 pesos me alcanza para una cubeta y dos privados, para relajarme que bien merecido me lo tengo, al cabo que ahí tienen comida en la despensa, no sé, tantas cosas que en realidad harían feliz a ese pobre hombre, no ir al pinche cine a ver una película para niños o una comedia romántica. Y no sé si estaría de más señalarle a la paladina de la libertad, eres libre de ir al cine, pero con tu propio dinero. Desde luego que habrá mentes obtusas que cuestionen mis salidas alternativas, no importa, si las del Nuevo Sistema Penal son bastante cuestionables, y eso que tardaron como tres años en diseñarlo, que se puede esperar de estas humildes líneas que escribo en el celular mientras estoy en la taza del baño con un tránsito más lento que el que hay para Camino Real. Pero precisamente ese es el asunto, científicos y filósofos saben que la verdadera dificultad de sistematizar el conocimiento y sintetizarlo en fórmulas y enunciados es que deben de ser válidos generalmente, deben de poder aplicarse siempre en los mismos casos con los mismos resultados, y  generar eso requiere de un gran conocimiento y talento. Eso es lo que no saben quienes esperan encontrar soluciones fáciles y rápidas en las publicaciones de superación personal. Y quienes escriben esas recetas lo saben perfectamente,  pero son charlatanes.

Obviamente Odín hace click con la mamá y no con el papá. Un día el papá se lleva la piedra del patio y la mamá los abandona. De ahí empieza el peregrinar emocional del autor, debatiéndose entre ser un inadaptado como su madre o un sobreadaptado como su padre, la obra de alrededor de dos horas discurre sobre ese quid. El vato obviamente opta por principio de cuentas por ser un tipo normal y aburrido y consigue trabajo adivinen dónde, siiii en un banco, que más predecible y de hueva que  trabajar en un banco, así, con estos clichés Dupeyrón trata de dar un mensaje liberador y libertador, repito, su discurso personal al respecto ha madurado más que lo planteado en  la obra, un discurso que en realidad busca oponerse y sobreponerse al clásico discurso de la superación personal plagado de buenas intenciones y voluntarismo por uno más apegado a la realidad y con el cual coincido completamente -en el fondo mas no en la forma-, el asunto es que la obra se lleva hora y media en plantear el problema, divagando en anécdotas y ejemplos pedorros, como cuando la madre confiesa al hijo que aúlla porque los lobos se alejan cuando salen a cazar y aúllan para reencontrarse con su manada, y que ella aúlla todas las mañana porque sabe que algún día otro ser libre como ella responderá a ese llamado y entonces podrá unírseles y ser plenamente feliz y libre; pocas mamadas como esa registran en los anales de la historia de las teorías de la superación personal, es como si yo me subiera al techo de la casa todos los días a gritar ¡soy activo! ¡soy activo! Esperando que algún día alguien por ahí me respondiera ¡soy pasivo, soy pasivo! Y entonces ser felices los dos, el caso es que el hijo ve a la madre anonadado y entonces empieza a admirarla al conocer el porqué de sus aullidos matutinos, como si esa razón no fuera suficiente, no para absolver, sino para confirmar que la madre no solamente está loca, sino que además es una ridícula de primera. Desde luego que el hijo en ese entonces de ocho años no tiene la capacidad de cuestionarla y decirle: ¿y si tanto amas tu libertad para qué chingados te casaste y tuviste hijos? ¿Para qué formaste una familia? ¿Para abandonarla? Le hubiera dicho Mamá soy Paquito, ya no haré travesuras… pero pues no; pero pues sí, el discurso libertario es un nudo axiológico donde a favor de ese bien superior que es la libertad y la consecuente felicidad, primer antinomia porque una cosa no es sinónimo de la otra sino que generalmente se contraponen, salvo que tu felicidad sea andar como perro callejero comiendo desperdicios del a basura y durmiendo bajo un puente, la condición no es: eres libre, luego entonces eres feliz, o, eres feliz si y solo si eres libre, si fuera así nadie trabajaría en Televisa ni se hubiera afiliado a Morena, pero bueno, el caso es que la propuesta ética de la obra respecto de la libertad versa sobre el supuesto que la madre abandone la familia para unirse a una banda de harekrishnas gitanos aulladores y se vaya en una combi por el mundo drogándose y teniendo orgías tántricas y viajes astrales mientras el pendejo del papá tiene que criar a sus hijo. Digo, sería un mundo ideal el hacer solo lo que uno quiere, cuando quiere, pero pues sería el principio del caos, que sería bonito de igual manera, pero no creo que sea lo que la gente quiere, es decir, esa facultad de ser libre y hacer lo que uno quiere la reclama para sí mismo, pero no la soportaría en los demás, para no entrar en temas muy complejos, si la gente se pone como loca cuando el mecánico le dice que tal día le entrega el carro y no lo tiene listo, aun cuando le dan a uno mil explicaciones -aunque sea mentira-, nomás imagínense que a la semana lleguen al taller y el mecánico les diga: no está listo tu carro porque me tomé unos días libres, huevo que van a volar pelos ahí, no le vas a decir: muy bien molcas, haz lo que tu corazón dicte, mi carro puede esperar. Es como cuando un motivador va a Springfield y pone de ejemplo la desfachatez de Bart Simpson para que todo el mundo haga lo que su niño interior le dicte. Hay gente desnuda en las calles, lo cual sería muy lindo, gente embriagándose en los coches, lo cual sería muy padre, incendiarios, no comparto pero respeto, nombran a Jisela Paes directora del Instituto de la Mujer, etc. El caso es que todo es un desorden, y no es que yo esté muy a favor del orden, pero la verdad tampoco me gusta hacerle a la mamada dizque desafiando el status quo con pendejadas que no tienen ton ni son. Que pensándolo bien, si los artistas, aica, los vatos, son artistas, hartistas serán, se andan rasgando las pantimedias para ver quien dirige el Instituto de Cultura, y los deportistas quieren a un deportista como director del Deporte, aunque la experiencia dice que la gente del gremio es la peor para dirigir las instituciones de su respectivo sector, pues porque Jisela Paes no puede ser la defensora de las mujeres, al contrario, debieran de lanzar una convocatoria para ver quien ha padecido más en carne propia el sufrimiento que implica ser mujer en este mundo falocéntrico, porque Wallace, María Isabel Miranda de Wallace, no William Wallace, dicta las políticas anti secuestro en el país, porque a su hijo lo secuestraron, entonces qué, o qué, pues que mejor que quien verá por el bienestar de la mujer en BCS sepa lo que es amar a dios en tierra ajena, no le van a platicar que es violencia física, ni sicológica, ni económica, ni astrológica, ni escatológica ni de ningún tipo, qué más quieren, un chingo de experiencia en el tema, pero bueno, el único tema que yo mismo me he vedado en este su espacio familiar, cómico mágico musical, es precisamente hablar sobre la mujer, y no porque sea un caballero, que lo soy, sino porque…porque…porque…

Otra parte de las contradicciones de la obra, que en este caso no tienen que ver con el autor, sino con los espectadores es que muchos de ellos fueron al teatro como ir al Starbucks, pa que los vieran, pa que dijeran que fueron, la pedante dizque diseñadora de joyería, naquísima por cierto, la joyería, ella no es naca, nomás es odiosa y fea, el constructor que no pasaba de hacer dos o tres banquetas y ahora que es testaferro del gobernador trae las grandes obras subrogadas por el suegro incómodo y otra fauna similar que en realidad son los guardianes de las convenciones sociales, de los prejuicios morales y religiosos, los que todavía se casan por interés y viven para el qué dirán, esas mentes fariseas no compartirán esa postura libertaria de los pobres espartanos del salario mínimo que fuimos a ofrecerles el triste espectáculo de jalonear nuestras cadenas suspirando por esa ansiada libertad mientras nos arengaba el Espartaco que logró romper sus lazos con Televisa y sobrevivir fuera de la matrix.  Así Odín expuso sus ideas sobre vivir con libertad y sin prejuicios, pero lo hizo frente a los mercaderes del templo que son los guardianes de las buenas costumbres.

Bueno, el caso es que la vida es una mierda, pero aquí estamos y hay que vivirla. Es todo. Buenas noches.

Salmo responsorial: ¡a vivir, a vivir! Auuuuuuuú!

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