Hace días fui a desayunar al rancho Los Brasiles. Por la carretera que va a El Triunfo

Los Brasiles

Hace días fui a desayunar al rancho Los Brasiles. Por la carretera que va a El Triunfo, por la vía larga a Los Cabos, pasando la Y de San Pedro, a unos 4 kms. está una entrada que dice San Blas, ese camino atraviesa de esta carretera a la de Los Planes, saliendo por el rancho Los Tamales, son unos 30 kms. de brecha que pasan por distintos ranchos y poblaciones, entre ellas San Blas, como reza el propio letrero señalado y Los Divisaderos, donde se llevó a cabo la épica gesta armada descrita precisamente en “La batalla de los Divisaderos”, situada en el universo del genial Víctor Bancalari.

Tomando la brecha, a unos escasos 2kms se encuentra el entronque para tomar hacia el rancho Los Brasiles. Uno llega al  rancho por una vereda que corta en dos una parcela donde en uno de los lados había sembradas cebollas y del otro lado no recuerdo que, pero ambos cultivos se veían muy bien dados. Desde luego que uno de las condicionantes para ello es el abundante agua que existe en el rancho, donde se aprecia una gran pileta de tierra con plástico negro en el fondo que sirve para contener el agua y a su vez dirigirla al riego de las parcelas. Cuando uno va entrando se advierte cierto desorden, carros aparcados de manera anárquica sobre el camino, carros que vienen de reversa por no haber encontrado estacionamiento en el patio del rancho, chamacos pendejos de ciudad que piensan en los ranchos no les puede pasar un carro por encima y se atraviesan sin ton ni son por el camino.

El rancho es como todos los ranchos, es decir, para los que crecimos en un ambiente no solamente de rancho, sino de pueblo, y sobre todo en construcciones viejas, es muy común que los cuartos estén en un lado, la cocina en otra construcción aledaña, pero aparte, al igual que el lavadero y los baños, la clásica casa de las nanas pues. Llegando al rancho -y por rancho me refiero al patio de la casa que hace las veces de comedor del restaurant, porque seguramente el rancho en estricto sentido tiene varias hectáreas-, el caos se multiplica. No hay una entrada formal, uno se mete por donde sea, y al llegar el corredero y gritería de chamacos malcriados que acostumbrados a estar en sus casas de interés social,  en una jaula de 2 x 3 como el oso del zoológico de Santiago,  aprovechan para desentumirse y se vuelven la bichi corre y corre, brinque y brinque. De manera aleatoria, por no decir puestas a la brava, más de 30 mesas de plástico blancas con sus respectivas sillas se distribuyen por todos los claros del patio que baja hasta el filo del cerro donde un pequeño cantil remata abajo con un arroyo que mantiene agua en unas pequeñas tinajas y piedrones.

Al sentarme en la mesa, con los muertos montados todavía –me refiero a los platos sucios, no a los betabeles que Joel Ávila tiene enquistados en la Secretaría de subdesarrollo-,  me sentí, precisamente en la casa de mi nana, el inconfundible olor de la hornilla, mezclado con la humedad de las plantas y la cuacha de gallina me transportó de manera inmediata a mis mocedades en casa de mis abuelos, donde además el olor de los mangos, las guanábanas, las ciruelas rojas y amarillas y el perenne olor a té de  hojas de naranjo almizclaban el ambiente. Al mismo tiempo, conforme me aclimataba y observaba la conducta de la gente, empecé a sentir cierto malestar, así como tipo corajito, de ver a la gente tan mal educada, con ese afán vouyerista y morboso de andarse asomando a las habitaciones, a la cocina, de andar tomando los enseres propios de la labor de los ranchos, tomándose fotos en diversos lugares de lo que vendría a ser en su conjunto la casa de los anfitriones, con una imprudencia y desfachatez molesta y ridícula, como si estuvieran fotografiándose en un iglú o en un bohío, a los chilangos todavía se los paso, porque aunque se crean mucho, reamente casi no han visto nada, pero  a la gente de aquí, no mames, gente panochera, o sea, nunca en su vida han visto un rancho, gente mamila que quiere presumir en su face como diciendo, miren, estoy en un lugar súper pintoresco, hiper increíble, me asombra esto porque nada que ver conmigo, ridículos, sobre todo las viejas que siempre se han distinguido por tener muy poco tacto y prudencia en este tipo de cosas.

Para la una de la tarde el menú ya solo constaba de carne en su jugo y burritos de machaca, ambos servidos con frijol y una rebanada de queso fresco, of course, el menudo y la birria -no recuerdo muy bien el menú completo-, desde temprano ya habían bailado las calmadas, seguramente a manos de gente cruda que llegó mucho más temprano. Incluso a la hora de pedir se nos informó que lamentablemente la dotación de frijoles fritos ya había fenecido, pero que ya solo le faltaba un hervor a los que estaban en la olla, que en un ratito salían. Yo pedí carne en su jugo, con el sequión que traía si hubiera pedido machaca, con la deshidratación y la sal me  hubiera quedado la lengua más reseca y agrietada que la vagina  de una candidata a diputada, asco el chango aunque se eche maromas.

Por fin salieron los frijoles…no en el sentido escatológico sino culinario…válgame, que difícil abordar el tema de los frijoles sin caer en la cultura del albur, que en lo personal me parece de bastante mal gusto, pero bueno, por fin nos sacaron los frijoles y me trajeron la carne en su jugo, realmente muy rica al igual que un par de burritos que tuve que empacarme para hacer tiempo; todo era un desorden, a la hora de servir, a la hora de cobrar, los meseros, dos hasta donde pude observar, obviamente no se dan abasto, y menos con todos los retrasos en la cocina, mas aparte la gente metiche e imprudente que van y se meten a mitotear preguntando pendejadas y no dejan trabajar a las cocineras.

Es de reconocerse el gran esfuerzo que hace esta gente por salir adelante y emprender un negocio de esta naturaleza, les aplaudo y les reconozco la iniciativa de poner en marcha este restaurant, que más allá de todo, es un concepto que realmente le hace falta a la ciudad y a la región, un destino que se supone turístico pero que en realidad se distingue por su mal servicio, no solo para con el turista, para con la clientela en general, restaurantes, bares, taxis ni se diga, no hay una cultura de atención de calidad por parte de comerciantes y prestadores de servicios, groseros, malmodientos, sin seriedad, terrible realmente el servicio  que se presta en general en La Paz, si a eso le aunamos lo caro del destino, las pocas opciones de esparcimiento y además las casi nulas alternativas para que quien nos visita pueda conocer y probar platillos realmente regionales, con productos, procedimientos y técnicas realmente, si no exclusivas de esta tierra, si por lo menos representativas de esta hermosa y calurosienta tierra; porque si pensamos que alguien va a viajar miles de kilómetros para venir a comer sushi y hotdogs estamos bien jodidos. Entonces estas alternativas que la gente emprende con sus propios recursos y con más ganas que otra cosa están huérfanas de algún tipo de apoyo por las instancias de gobierno que se supone están para eso, y no digamos  apoyos económicos porque sería casi una blasfemia, alguna orientación técnica o de algún tipo que pudiera brindar la  delegación de la Secretaría de Economía en la entidad y se dejara de puñetas mentales del emprendedurismo y demás jaladas, que el huevón del Secretario de Desarrollo dejara un rato su rancho en el valle y viniera a atender la Secretaría y no dejara a su particular, que en la práctica es el verdadero secretario del despacho, que tuvieran un poquito de iniciativa para que en coordinación con alguna cámara de comercio o algo le dijeran a esta gente, organiza el estacionamiento, aunque sea pinta una piedras con cal para que se estacione la gente de manera ordenada, que le dijeran, de un kilo de frijol salen tantas órdenes, con dos meseros solo puedes atender como se debe tal número de mesas, un menú se arma de tal manera, tal alimento debe de ser cocinado en el momento, otro puedes tenerlo refrigerado, no sé, si lo supiera yo me hubiera acomedido a ayudarle a organizar su esfuerzo.

Pero no, se ve que nadie, ninguna autoridad ha tenido la iniciativa de ir a ver cómo está funcionando, en qué pueden apoyarlos, por ejemplo, al arroyo que está a los pies del rancho es lugar muy bonito y agradable, a los niños les encanta, pero hay que bajar la ladera así rústica, resbaladiza, mucha gente no se atreve y se queda con las ganas de bajar al arroyo, nadie por medio de algún programa de algo se ha acomedido a hacer los escalones, a proveer de una escalera en forma con su pasamanos y todo, si a los inútiles del gobierno no vas a su oficina a rogarles para que te apoyen y les llevas puño de papeles que no sirven para nada, ellos no levantan el pinche zalate ni mueven un dedo para apoyar a la ciudadanía.

Es una verdadera lástima que un proyecto así, muy modesto pero con todas las ganas del mundo no encuentre apoyo– bueno, tampoco le hagamos a la mamada, pero más ganas y más futuro que la campaña de Meade si tiene-, vamos, tan solo con ver más de 30 mesas para dos meseros y otro par de cocineras uno sabe que no se darán abasto, 30 mesas ya es una quinceañera !Ya es una boda! Si en el Bellavista con un chingo de meseros y cantineros tienen un servicio de mierda, pues acá imagínense.

Ojalá y  Los Brasiles siga adelante, es un lugar agradable y la comida está muy rica, ojalá alguien se acerque a brindarles apoyo y asesoría para que no tengan que estar a prueba y error para organizar su negocio, ojalá también que los pinches paceños sigan yendo y no sea una llamarada de petate como El Triunfo, El Cañón de la Zorra o el vato de los churros que se puso en la banqueta de la mueblería San Diego, donde un año hacía cola la gente para comprar churros, -nunca habían comidos churros supongo- y el pobre señor viendo el éxito se animó y para la otra temporada le invirtió machín al negocio y lo puso bien acá, y ni las moscas se pararon por ahí, valió madre el negocio, así es la gente aquí, son lurios y todos  quieren ir donde van los demás, pero van una vez y ya no vuelven.

En fin, esperemos que esfuerzos como el de Los Brasiles tengan éxito, y esperamos que las autoridades comprendan que estos pequeños y a la vez grandes esfuerzos son los que deben de apoyar, y no estar sentadotes en sus oficinas esperando que les lleguen con un billete para aprobar proyectos pedorros que nunca se realizan o su pinche mamada de creer que el turismo solo son campos de golf, no es gracias a estos funcionarios que otros tipos de turismo se desarrollan en la entidad, proyectos como éste o el de “Hecho en Rancho”  que los pobladores de la Sierra la Giganta llevan a cabo con un gran esfuerzo organizando, capacitando y promoviendo los lugares, actividades y productos de la región con más esfuerzo propio que institucional, son lo que  hace falta al estado, gente que quiera a su región y gente que quiera a su gente, que busque como ayudar y no como frenar estos modestos esfuerzos, modestos comparados con los proyectotes que les gustan a los funcionarios que es donde manotean agusto, pero grandes en relación los beneficios que dejan a las comunidades, gente como el buen Milo Arce  y otros más que se comprometen con estos proyectos y con el desarrollo de Baja California… Surrrrrrrrrr!  Ay cabrón, me aventé, Simitrio para diputado ¡cómo chingados no! Si el Chilpa que es más simple y el Moncho que es más pendejo se aventaron, pues yo también. En mi próxima columna les haré mis propuestas como candidato co-dependiente. Nos vemos palomilla, se lo lavan, no coman tierra.

Salmo Responsorial: ¡Cómo chinga mi nana!

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