Tengo las manos de mi padre, pero no su habilidad, su paciencia.

Las manos de mi padre

Tengo las manos de mi padre, pero no su habilidad, su paciencia. Hoy me vi las manos y se parecen a las de mi padre, pero no tienen su experiencia, sus cicatrices; mi manos no han acarreado grava ni batido colados, no han sido laceradas una y otra vez cambiando las bandas de los carros, arreglando el lavatrastes, no han sentido el dolor intenso del chapopote hirviendo con el que se pegaba el cartón arenado para impermeabilizar el techo de madera de la casa.

Mis manos no limpiaron de escombro e inmundicias el basurero aquel que después sería el terreno donde, muy despacio, parte por parte, se edificaría nuestra casa, sin préstamos hipotecarios, sin Fovissste ni Infonavit, como dicen los buzos, a puro pulmón, invirtiendo vacaciones y aguinaldos, cualquier extra que pudiera venir a contentar el castigado cheque de un maestro de pueblo.

Mis manos no han sembrado manzanas, higos, naranjas, mangos ni olivos, no han podado madreselvas ni sacado la jugosa pulpa de las guanábanas y la granada china para poner refrescantes jarras de agua en la mesa; mis manos no han hecho cesáreas a balones para sacar cámaras ponchadas por choyas, vidrios o alambres de púas, para parcharlas y luego volverlas a introducir dentro del forro exterior y volver a cerrar zurciendo con mica para pescar hasta cerrar la herida. Lo que tengo lo he ganado sin esfuerzo ni sudor.

Tengo los ojos de mi madre, dicen, pero mis ojos no han visto irse a padres y hermanos, no han visto cambiar el mundo de la hornilla al horno de microondas, de los patrones en papel para coser a los tutoriales del youtube; mis ojos no han visto a un hijo convulsionarse en una tina llena de agua con hielo. Mis ojos no han visto un hijo un hijo sangrar, tener dolores y afecciones inexplicables. Mis ojos no han visto aparecer, en las horas más oscuras y terribles, el rostro de dios misericordioso y salvador.

Mis ojos no han visto marcharse hijos para irse a buscar la vida, no han visto, y lo más seguro es que jamás lo vayan a hacer, hijos de mis hijos, nacer y repetir la historia, recrear parecidos físicos y actitudes, ver como una parte de ti se transfiere al futuro, como de tu carne nace otra carne, vida que da vida y la puedes tocar, abrazar… quizá pueda aspirar a tener un tumor teratoma que tenga mi nariz, mi pelo, y quizá puede engendrar a su vez otros tumorcitos, que serían como mi linaje.

Tengo las manos de mi padre, los ojos de mi madre… pero realmente no tengo nada.

Tengo este espacio que cada vez me cuesta más trabajo llenar.

Salmo Responsorial: ¡Cállese viejo lesbiano!

 

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