¿Cuál es el sentido de una boda?

La boda (I)

¿Cuál es el sentido de una boda? No me refiero al matrimonio como lazo jurídico o religioso que una pareja decide contraer para formalizar su unión, ya sea por la ley de dios o de los hombres, es tan válida una como la otra, o mejor dicho, tan inválida unas como otras, porque llegado el momento, nos valen las dos, y si por tres o cuatro leyes se casara uno, todas nos valdrían madre con tal de separarse de esa persona que amabas y ahora se ha convertido en tu peor enemigo.

No me refiero pues, al matrimonio, unión sagrada y única manera lícita de formar una familia, me refiero al bodorrio, al pachangón…mmmh, bueno, es algo raro, porque la boda ya no es una fiesta, es como una fiesta pero en realidad no es nada divertida, es un protocolo rígido y de hueva. No es la fiesta llana, alegre y desmadrosa como las que nos gustan a los mexicanos. No no no. El amor de esa pareja no puede rebajarse a una pachanga simplona, ellos no. Su amor es taaaan especial, se quieren taaanto que su boda debe de ser una unión consagrada en una ceremonia con un ceremonial bien ceremonioso, que hasta la cacofonía tiene que aguardar para que pasen los novios; un ritual casi divino donde los dioses desciendan y sientan envidia de este amor tan grande. Todos muy serios y bien vestidos, las mujeres de largo cayéndose de las zapatillas y los hombres con el mismo traje de siempre, de ahí de élite importaciones.

La boda ahora es un tipo coctel de hueva donde, como en un programa de televisa, te dicen cuando comer, cuando pararte, cuando sentarte, cuando aplaudir y cuando bailar. El único que se divierte y no le dicen nada es el papá de la novia, el viejo a la hora del brindis ya anda hasta el queque, con la corbata jalada, y tiene razón, en primer lugar es el pagó la boda, en segundo lugar para borrar de su mente la imagen de su hijita en la noche de bodas. Y así se la pasa el ruco bien pedo y bien felinote hasta que lo sacan en volandas a la hora que los meseros muy sutilmente empiezan a levantar el menaje y los manteles pa corrrerlos a todos. Muchas cosas han cambiado en respecto de las bodas, menos que salen caríximas y de todas maneras la gente sale criticando, malagradecida que es la palomilla.

 Lo primero que ha cambiado es la noche de bodas, no sé si se han fijado que ahora los novios la noche de bodas la pasan en un hotel, no es como en las películas que salen corriendo para tomar un avión a Barbados, no; pero sigue existiendo en este asunto todavía un simbolismo hipócrita que obliga a que la noche de bodas sea algo especial, aunque todo el mundo sabe que los novios ya anduvieron echando pata a diestra y siniestra, hasta un video en el jacuzzi del Paradise anda rolando en Internet ahí en www.paceñoscachondos.com, pero bueno, hay que cumplir el protocolo social, no hay que ser tan cochis, -como diría mi maestra de lenguas modernas-, y como ya la virginidad no es moneda de cambio hoy en día, no hay nada que romper, podrás romper en llanto, pero será lo único en la noche de bodas. Todos los invitados fingimos que está muy bien, que la primera vez que los novios tendrían contacto carnal sea en un lugar agradable, solos, para que ella no se apene si algún gemido se escapa de su boca. Por eso antes la luna de miel era de rigor, para que la mujer fuera la comidilla y tuviera que pasar por el mal rato al día siguiente de la noche de bodas por las incomodidades y huellas que dejaba el desvirgamiento (mira pues, ni en el diccionario del Word está la palabra ya siquiera) en su persona, que podían ir desde unas ojeras leves, hasta sangrados o escoriaciones que le impidieran caminar normalmente. Ahorita pasas sin tocar baranda y quién te pegó. Siempre es una tía, una hermana o amiga alcahueta la que regala la noche en el hotel, saben bien como masca la iguana, estos cabrones ya recorrieron todos los moteles de la ciudad, hasta tienen tarjeta de puntos en el Villas del Sol, les voy a regalar una noche en el Perla de perdida pa que le cambien tantito.

 Por favor amiguis y primis alcahuetillas, no regalen la noche de bodas en el hotel One o en el otro fiero que está allá en el malecón One Express, por favor, oriéntense antes, esos hoteles son una mentada de madre, no cabes, si la novia va con el vestido de la boda, no va a caber, se los juro, todo se oye, no van a fornicar a gusto, y no cabes, en serio. Si te hechas un pedo, esto me lo contó el primo de un amigo que es compadre de uno que trabaja en recepción, el pedo sale con sordina, bien raro, has de cuenta que estás escuchando Kumbala, y luego están cerrados herméticamente, el pedo no se va, nada, ni el vaho ni nada, entonces a las horas se hace una presión en el cuarto como de 3 atmósferas, como si bajaras quince brazadas a puro pulmón sin cabo de vida; es muy peligroso, te asfixias con el aire viciado y te puedes llegar a descompresionar, se te hacen los huevos chiquitos chiquitos y se te saltan los ojos, te quedan unos ojones así como al Picore bien sarra, dicen.

Toda la boda discurre sobre un protocolo al que cada vez más se le han ido agregando detallitos, si la solemnidad del compromiso corresponde a la unión civil o religiosa que es donde queda ésta consolidada, no veo la necesidad de a extender esta solemnidad a la fiesta; es decir, se supone que la fiesta es para festejar aquel otro acontecimiento, el serio, no es una extensión del mismo ceremonial. Pero bueno, te citan a las nueve y llegas a las diez, no hay música, solo ambiental, alcanzas a tomarte dos tragos cuando, sin preguntarte, ya te están sirviendo la cena…

¡Comparte!

* * *