Hace días fui al circo

El poderoso Rolex

Hace días fui al circo, hace mucho que no iba, me gusta el circo, no voy hacer una apología del circo, de la belleza estética de los actos ni de la magia que encierra la carpa del circo colosal, trayendo alegría a grandes y chicos por igual, con muchas canciones, piruetas y gritos ya verás, una pista, los trapecios y un sansón, tres enanos, una foca, un domador…; me gusta porque en un pueblo pequeño como del que provengo, el cine ambulante (de húngaros) y el circo eran los espectáculos más grandiosos que uno pudiera imaginarse; era como cuando Melquiades llegaba Macondo. Dice Elmer Mendoza que por eso gusta tanto García Márquez, porque a los que somos de pueblo nos recuerda todas esas cosas, las costumbres, el atraso tecnológico, las creencias, y por otro lado, a los que no son de zonas rurales, les parece muy pintoresco que en los pueblos se crea que si se casan entre primos los hijos saldrán tarados, derechito pa diputados, o con cola de cerdo, como creían Aureliano Buendía y Úrsula Iguarán.

 Al interior de la esas carpas apestosas a meados o a León uno podía imaginarse lugares distantes, conocer animales exóticos que solo en la tele -en el Discovery channel los que tenían parabólica, o en “Fantástico animal” con Fito Girón los que solo tenían acceso al canal 2 de Televisa- podríamos conocer. Los húngaros y los cirqueros siempre fueron gente misteriosa para uno, vivir de esa manera itinerante era algo incompresible, sobre todo en aquellos tiempos donde prácticamente acampaban en el baldío, o ya de plano dormían en los propios camiones, hacinados unos con otros, grandes con chicos, mujeres con hombres, con todos sus humores a flor de piel, a sexo, a pacuso. Los veía uno consiguiendo agua de los predios vecinos o comprar pipadas, bañarse en baños improvisados con retazos de las misma carpas, supongo que igualmente iban al baño en letrinas improvisadas de la misma manera. En aquellos tiempos no había la facilidad de contar con esos trailers, motorhomes o autobuses con baños, camas, aires acondicionados, etc. La gente decían que eran unos cochinos, no sé si por las precarias condiciones de higiene que la vida nómada les permitía, o porque como comprendí cuando fui un poco más grande, esa vida nómada suponía también un estilo de vida endogámico, o porque mucho antes que se pusiera de moda sacarse el pecho para darle chichi al plebe las húngaras ya lo hacían y no armaban una alharaca por eso, nade de free the nipple ni que la mamada, los pechos a la cadera indicaban luego luego la falta de sostén.

Después de que los snobs del Partido Verde tuvieron la “brillante” idea de promover la legislación que prohíbe a los circos tener animales para su espectáculo, mandando a todos los animales ya amaestrados y hechos a la vida del circo a morir a refugios no adecuados para ellos, muchos pensábamos que era el fin del circo en México. Claro, como los juniors del verde se van de safari a cazar directamente a Kenia o Tanzania y si no se divierten aventando modelos búlgaras por los balcones, pues que les importa afectar un negocio que ha sido sostén de miles de familias en el país y un espectáculo apreciado por grandes y chicos.

Pero bueno, el caso es que fui al circo, al Rolex que recientemente estuvo en esta capital, y para mi sorpresa, la verdad es que presencié un espectáculo bastante agradable y entretenido; quizá el ya no tener consigo a los animales les ha permitido ahorrarse el sostenimiento de los mismos e invertir en otras cosas. La última vez que fui, todavía me tocó sentarme en las gradas de puros  tablones, bastante incómodos e inseguros, ahora tienen sus butacas, no son la última maravilla pero bueno, mucho más cómodo que sentarse en las sucias tablas de gayola.

Desde que entré por el largo pasillo pude observar el culto a Francesco Rolex, la estrella del circo, sucesor del otrora domador más guapo del mundo Apolo Rolex. El sonido al interior de la carpa era alto y nítido, nada que ver  con aquel sonido distorsionado de las bocinas de corneta, sobre la parte superior del lado izquierdo de la puerta por donde entran los artistas a la pista se observaban varios monitores que formaban una gran pantalla. El espectáculo fue bueno pero limitado. Mención especial merecen una pareja de hombre y mujer y una muchacha en solitario que hicieron ejercicios de fuerza y contorsionismo, actos bien ejecutados y con una destreza física realmente sorprendente. Los payasos hicieron los suyo de igual manera. Quedaron a deber los trapecistas que por la altura de carpa tan baja no permitía realizar grandes acrobacias, un ejercicio muy corto, al igual que una chica que hizo varias acrobacias sobre un columpio suspendido en las alturas, lo malo de este número es que la muchacha no subió a realizar su acto con la clásica red de protección instalada debajo, sino que iba asegurada por un arnés que pendía del techo de la carpa, lo que le quita emoción y lucimiento al acto.

Contrario a Apolo, el domador más guapo del mundo, Francesco Rolex aunque ocupa el mismo lugar de estrella del circo que su antecesor, participa de varios actos, trapecio, cama elástica, hasta un número de payaso realiza, la verdad es que es un artista muy completo y tiene un carisma que Apolo no tenía, el Apolo era un pinche hígado el cabrón, mamonsísimo. Y aunque Francesco cuando era niño y salía en la tele era bastante odiosito también, al parecer ya le bajó a su mamilería. Lo que sigue siendo bastante incómodo y de mal gusto es ese sesgo hipersexualizado que le dan a la imagen del señorito Rolex, y digo incómodo para los padres que van con sus hijas, o hijos según se preste el caso, o para los asexuados de la familia natural, cuando sale el Panchesco las incitan a gritarle y por un momento el espectáculo se vuelve un solo para mujeres o un Magic Mike XXL, no creo que sea muy agradable para los padres ver a su hija adolescente con los ojos inyectados de lascivia gritarle como desaforada  a un tipo casi pelado en el medio del escenario. No sé si sea puro marketing o hay motivos de otra naturaleza que hacen evidente los tintes sexuales en pleno show totalmente fuera de lugar y de muy mal gusto, existen ya diversos eventos relacionados con el circo y la conducta concupiscente de sus miembros, desde el domador más guapo hasta los eventos que hicieron que el circo dejara Mexicali.

Por lo pronto el espectáculo es bueno, quedan debiendo mas actos meramente circenses como equilibristas, malabaristas, el acto de las motos en la esfera de la muerte, más y mejores actos de trapecio, por otro lado es justo decir que el vestuario, botargas y demás se ve excelentemente bien, se ve luego luego que le han invertido al espectáculo, sobre todo en el transformer bumblebee, que hizo que mi sobrino pelara tamaños ojotes de alegría y fascinación al ver como el auto cobraba forma de robot, solo por esa sonrisa en la cara de los niños vale la pena pagar el boleto.

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