Qué afortunados somos los sudcalifornianos y los paceños doblemente.

Crónicas de los tiempos de la 4t: mentiroso mentiroso

Pues resulta, queridos dos lectores, que ahora en esta tanda de dizque informes de presidentes, diputados y toda la sarta de fauna política que tenemos en el estado y que abrevan del erario, se encontraron dos personajes, que digo personajes, dos personajazos, qué digo! personajazazazazos-zázáyacuzáyacuzá, mesa, mesa que más aplauda le mando le mando le mando a la niña, la rola de Mario Marín, de KamelNacif, de Gamboa Patrón, el himno de Tenancingo-; bueno  estábamos hablando de dos personajes de la vida pública de la entidad, que más allá de los cargos públicos que ostentan, quiero hacer hincapié en su gran calidad como seres humanos, dos personas, -que digo personas…jajaja, no es cierto-,  con valores mucho más allá de lo que los simples mortales podríamos aspirar.

Si una cualidad, de entre las muchas que tienen, podríamos señalar como una que los distingue por igual, es su amor a la verdad, su incapacidad casi patológica de mentir. No se ha tenido noticia de dos seres humanos con más amor por la verdad: ni socráticos, ni presocráticos, ni antisocráticos, ni pos socráticos, ni socratycfriendlys, ni comisiones de la verdad sobre el holocausto, ni científicos, ni esa gente panochera que publica en el Facebook que ellos dicen la neta y les vale madre, todos esos son unos pendejos comparados con estos vatos: nadie, pero nadie nunca jamás ha tenido tanto amor por la verdad como este par de personas. Hasta gordos caen los vatos, hacen que uno se sienta incómodo por su apego a lo que es, no se dan el lujo de la debilidad ética ni moral para decir aunque sea una pequeña mentirilla piadosirijilla, ni siquiera por corrección política; para ellos es si o no, nada de medias tintas, nada que deja ver, vamos a tratar, está por llegarnos un recurso federal, nada, ¡no señores, ellos no!

Es tanto su compromiso con la verdad que ni siquiera por una cuestión cultural caen en esa falta, con decirles que jamás si quiera se han aventado las tres mentiras del mexicano, nada, nunca. ¡Qué bárbaro que claridosos son estos vatos, cómo les gusta decir la verdad! De a tiro exagerado, podría decirse que han hecho de  la verdad un apostolado. Disculpen la insistencia pero la considero necesaria para poder darles una idea de lo mucho que aman la verdad, para poder hacerle justicia a ese gran don que tienen. Bueno, pues resulta que  se encontraron y la primer verdad que se dijeron al saludarse fue: ¡qué gusto saludarte presidente!, ¡el gusto es mío gobernador!, y  después de un abrazo fraterno, pero sobre todo, sincero, se encaminaron a sentarse uno al lado del otro. De entre todas las cosas ciertas que platicaron, veríficas todas, se remontaron hasta las anécdotas de sus mocedades, pero no por sentimentalismo, sino para engrandecer el periplo que los llevó hasta el cargo que hoy ocupan; en el resumen de la autobiografía, en la remembranza de su propia trayectoria, el político empieza a generar sus contradicciones, a ejercer la vanagloria que un día será odiosa y cavará su propia tumba política. Los políticos cualquier cosa simple, cualquier experiencia vivida en las mocedades pretenden transformarla en una experiencia única, al paso del tiempo, vistas a través del cristal del poder obnubilan y distorsionan del candidato, del diputado, del presidente municipal cualquier taco de frijoles, cualquier caída en bicicleta, cualquier carencia estudiantil, o una simple y vulgar chaqueta quieren convertirla en un acto singular de una persona especial, de alguien elegido, de un joven que ya daba trazos de ser una persona sobresaliente.

Ellos mismos pretenden crear su mitología, que a la vez es justificación de lo que son hoy, pretenden elaborar el discurso del ser predeterminado, son lo que son porque debían serlo, no otros: ellos, y cuando rememoran sus aspectos biográficos, ellos mismos van construyendo una justificatoria de lo que hoy son, cada episodio se muestra como una revelación, pequeños visos de lo que más adelante, al correr de los años debía de ser, es decir, lo que hoy son. Por eso cuando usted escucha hablar a un político, a un líder sindical, en su plática siempre se encuentran detalles, actos, charlas, sueños a modo de augurio de lo que habrían de ser, es decir, el líder sindical desde el kínder ya ejerció un liderazgo o llevo a cabo actos o cultivo ideas que irremediablemente desembocarían en que serían lo que son.

Pero todo esto son puras mamadas, no hay predisposición, no hay destino, son unos pobres diablos comunes y corrientes, la mayoría ignorantes e incultos, buenos para nada, si algo los distingue, por el contrario, es que son más arrastrados que la mayoría, con menos dignidad que el promedio para prestarse a una serie de sobajamientos con tal de llegar a ocupar los cargos que ostentan. Así, Luis Echeverría siendo secretario de gobernación se hincaba y le abrochaba los zapatos a Díaz Ordaz, presidente del país, y en esos tiempos amante de Irma Serrano “La Tigresa”, quien revela este y otros deplorables episodios del poder en su libro “A calzón quitado”; no ha pasado mucho de que el ahora flamante y soberbio gobernador del estado cuando era secretario general se dirigía a Marcos Covarrubias no como Gobernador, sino como “jefe”.

No son especiales ni mucho menos predestinados, cuántos diputados o presidentes municipales han pasado por la historia del estado, cuántos predestinados, cuántos elegidos, que no llegaron a nada, que la historia no registra su paso por los cargos públicos para bien, y a veces ni siquiera para mal. Dónde están esos que hablaban de sí como hablar de otro, son unos pobres diablos que un día tuvieron suerte y ya.

Ya no digamos toda la bola de funcionarios de medio pelo, que en sus pequeños feudos creen que son importantes, que son muy vivos, quién recuerda al de protección civil de ayer, al director de finanzas de antier, al oficial mayor de la semana pasada, nadie, no hubo la gloria que pensaban, no existen en la memoria colectiva, simple y sencillamente porque no son nada ni hicieron nada especial; de los 21 diputados de la legislatura pasada cuántos se recuerdan, ni uno, y si se recuerda alguno seguramente no será por nada bueno, todos ahora volvieron a ser los pobre diablos de siempre, nadie los retrata ni les pide opinión porque su opinión no importa, porque lo que importa es el cargo, no las personas; pocos tienen la humildad de reconocer que si alguna capacidad tuvieron de hacer o tener algo fue por el cargo y no por ellos, porque no lo asumen es que andan por ahí ex gobernadores dando lástima, acomodándose para salir en la esquinita de la foto, haciendo berrinches para llamar la atención, porque piensan que los importantes son ellos y no los cargos. Pero bueno.

El caso es que el presidente municipal de La Paz comenzó rememorando cuando realizaba las faenas propias de una comunidad rural como la que tuvo la dicha de verlo crecer, decía, una vez que con muchos trabajos logramos que se nos diera algo en la huerta de la casa, pero resulta que andaba una chiva muy maldosa ahí en la manada, todo se comía, no podía dejar uno maíz, mecate, ropa, lo que fuera porque todo iba y se lo comía, ya nos tenía enfadados, por más que le cerrábamos el paso se daba maña para meterse a la cocina o a la casa y arrasar con cuanta cosa veía mal puesta, y esa vez que empezaron a verse los brotes de la siembra pues nos entró el pendiente de que la chiva se comiera todo lo que habíamos sembrado, y pues tapamos la entrada a la huerta que era un pasillo por un lado para ir atrás de la casa;  anduvimos pensando con que tapar la pasada, algo que no se pudiera comer, y pues lo que nos sobraba eran piedras, y pusimos un piedrón en el pasillo para que la chiva no se pasara para el otro lado. Mira, sin mentir, nomás cameló la desgraciada chiva que le tapamos la pasada para la siembra y empezó a querer pasar, quería brincarse pero no alcanzaba, hasta que empezó a darle de topes a la piedra, tope y tope, tope y tope, dijimos, al rato se va  a cansar, le va a doler la cabeza y pura madre le vamos a dar  paracetamol, y ya no fuimos a hacer nuestras cosas.

Ya se nos había olvidado lo de la chiva, ya serían las siete de la noche cuando nos acostamos a dormir y quedó silencio el rancho, que se volvió a escuchar la chiva tope y tope con la piedra, y pues, yo creo que todos pensamos, se va a cansar la pinche chiva, se va a cansar. Ya para la mañana que nos levantamos, se seguía oyendo el topeteo, pero más bajito, como más sordo, y todos nos quedamos viendo, y nos llamó la atención que la chiva seguía tope y tope con la piedra y pues ahí vamos todos de mitoteros, y cuando salimos al pasillo de la casa, no vas a creer, pero que me caiga  un rayo si miento, estaba la pura colita de la chiva echándole chingazos a la piedra,  la pura gastita quedaba del cabrón animal que le echó topes toda la noche al piedrón.

– De veras? Le dijo Carlos Mendoza.

– Por la vida de mi nana, le respondió Rubén.

Le brillaron los ojitos a Mendoza, ¡de aquí soy! dijo el vato, había encontrado un sayo de su medida, XXXL, alguien con un amor a la verdad sin precedente y de ahí se agarró para contar su anécdota:

-Si te creo güé, verás, deja te platico, más antes, cuando estaba plebe, estaba bien pinche gordo.

– Deja tú lo gordo… je je, no es cierto mi gober precioso…

– Mmh, tenía unos doce o trece años más o menos, ya tenía pelícanos en el estanque, mis papás me mandaron a un fat camping, a un campamento para gordos güé, allá en California, y pues ahí voy, no quería, pero pues ni modo, y resulta que ahí estuve todo el verano haciendo dietas y ejercicios, y cuando ya iba a terminar el camping, nos llevaron el último fin de semana a Lake Tahoe, como premio para los que habíamos concluido el programa. Y pues ya llegamos por la mañana a las cabañas, todo muy chingón güé, ahí estuvimos todo el día, salimos a conocer los alrededores, la nieve, muy bien, pero como se iba haciendo de noche, iba haciendo un chingo de frío; para las ocho de la noche que estábamos ahí en la fogata, ya sabes con asando winnies y bombones, de repetente empecé a ver que la gente hablaba pero no se oía nada, nada güéeee, yo me metía los dedos en los oídos, pensé que era yo que no oía nada, pero de repente, cuando yo hablé, nada, movía la boca y no salía nada de sonido, ya para ese entonces todo mundo se había dado cuenta y se quedaban como que qué onda, ya ahí llegó el guardabosques y nos explicó con señas ahí como pudo, que las palabras se congelaban de tanto frío, y ya todos nos quedamos serios, pues ya que, terminamos de cenar y nos metimos a dormir. No vas a creer lo que te voy a decir, pero te juro que es verdad, en la mañana que me desperté se oía un barullo, y mis compañeros de cuarto se asomaban por la ventana como queriendo  ver qué pasaba, y cuando me paré y me puse junto a ellos en la ventana, que pusimos atención a la guasanga que se oía, no manches, eran las palabras que se estaban descongelando y estábamos escuchando lo que habíamos dicho anoche, neta, neta…

-¿En serio gober?

– Te lo juro, ¿no me crees?

– Sí, si te creo.

Qué afortunados somos los sudcalifornianos y los paceños doblemente por tener dos gobernantes tan sinceros, que no mentirían ni en defensa propia.

Salmo responsorial: te lo juro por el osito Bimbo

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