El solo hecho de hablar de amnistía no solamente es polémico

Amnistía

El solo hecho de hablar de amnistía no solamente es polémico, sino que, aunque como ciudadanos no sepamos explicarlo con claridad, nos da la sensación de que algo no va bien. Y así es, efectivamente, hablar de amnistía es reconocer, nos guste o no, nos duela o no, que las vías institucionales tradicionales, ya sean las organizaciones policiacas, de procuración e impartición de justicia e incluso las propias leyes no están brindando los resultados que la población espera.

La amnistía es una figura jurídica a la que se acude a ciertos momentos excepcionales donde se busca crear las condiciones para generar una transición hacia un mejor estado de las cosas, ofrecer alternativas menos coercitivas para generar cambios favorables ya sea hacia la paz pública o el acceso a la justicia. Existen diversos casos a través de la historia donde se ha utilizado la figura de la amnistía para poner fin a conflictos, sobre todo bélicos que han sido demasiado prolongados como el de las FARC en Colombia, o porque el desistimiento de uno de los grupos en conflicto requiere de ciertas condiciones para darse, como fue el caso de ETA y otros grupos terroristas, existen también casos donde la situación de las investigaciones sobre ciertos delitos que laceran de manera muy particular a la sociedad han llegado a un punto donde es indispensable contar con la colaboración de los propios perpetradores de esos crímenes para conocer la verdad de los hechos, como es el caso de las madres de la plaza de mayo en Argentina y en otros muchos países que durante las dictaduras militares perdieron a sus seres queridos bajo diversos procedimientos de desaparición forzada.

La amnistía no es una ocurrencia ni una decisión unipersonal, en la mayoría de los países debe de ser un decreto expedido por el Congreso y no implica necesariamente el perdón o la impunidad llana; en este decreto se determina cuales delitos serán considerados dentro de esta condición para ser objeto de penas especiales e incluso del perdón total, ciertos tipos de delitos (portación ilegal de armas de uso exclusivo del ejército, lavado de dinero) pueden ser anuladas totalmente, incluso para ciertos grupos de personas (mayores de 50 años), otros, (secuestro, homicidio) no pueden entrar en este programa de amnistía necesariamente. Existen además en los tratados internacionales delitos, como los de guerra o de lesa humanidad, contra los derechos humanos o de género que no pueden ser considerados por la amnistía, incluso algunos son imprescriptibles según las propias normas internacionales.

La amnistía como otras figuras busca generar movilidad en conflictos que han llegado a un punto muerto, donde las condiciones de inseguridad o injusticia se perpetúan, existen figuras como el de testigos protegidos, donde quien aporta información valiosa para el combate a la delincuencia obtiene ciertos beneficios, de acuerdo desde luego a la importancia de la información que aporte y a la gravedad de los delitos que haya cometido, incluso el programa de la SEDENA donde se intercambian las armas en posesión de los ciudadanos exenta de manera general de indagatorias y castigo a quien por voluntad propia entregue dichas armas.

El tema siempre es polémico, lo ha sido en los momentos y en los lugares donde se ha implementado y desde luego en México no es la excepción, como la propuesta proviene de un candidato el tema se ha politizado y no se explora con seriedad, sin embargo los datos que arroja la mal llamada “guerra” contra el narcotráfico no son nada halagadoras, y no solamente eso, contradicen plenamente la estrategia que se mantiene a pesar de estos indicadores, del 2006 a la fecha han muerto más de 132 mil personas y más de 30 mil se encuentran desaparecidas, siendo el 2017 el año más sangriento con más de 30 mil muertes, lo que nos deja la duda de que el ataque frontal contra el crimen organizado sea la única opción realmente viable, y paradójicamente, viendo cómo en ciudades como la CDMX siendo de las pocas que no se encuentra militarizada los índices de violencia son de los más bajos del país, esto sin señalar las más de 14 mil quejas ante los organismos de derechos humanos interpuestas contra el ejército y las más de 500 averiguaciones abiertas en la PGR por delitos cometidos por militares en contra de civiles.

Ahora muchos claman por la justicia para las víctimas que hasta la semana pasada negaban, así como nuestro gobernador dice “es entre ellos “, así como ese difuso y deshumanizado “daño colateral” de Calderón, gobernantes y funcionarios que antes negaban las víctimas inocentes de esta guerra, ahora ponen el grito en el cielo porque no se les hará justicia, cuando ellos mismos se han encargado de señalar que si los mataron es porque “en algo andaban”. Los ciudadanos tienen derecho de estar en contra de la amnistía, de querer justicia cuando han perdido a sus seres queridos, los que no tienen vergüenza ni derecho a opinar son los gobernantes y funcionarios que no quieren la amnistía pero en 12 años no solamente no han sido capaces de brindar ni seguridad ni justicia al pueblo de México, esos sí que no tienen cara para decir nada, porque si hoy se habla de amnistía, es precisamente porque su incompetencia, negligencia y complicidad han convertido a este país y a este estado en un baño de sangre que cada día empeora en lugar de mejorar.

No queremos la amnistía, queremos otros 30 mil muertos el año que entra entonces, porque la justicia para los muertos en el 2006, 2008, 2012, no llegó en su momento y no llegará, ¿quién lleva la cuenta de tanto muerto? Seguramente que sus verdugos ya están muertos también, ¿quién lleva los registros ordenados de quién mató a quién? Claro que la paz y la tranquilidad no son negocio, pregúntenle al Ejército y a la SEMAR cómo han visto multiplicarse sus presupuestos cada año y cómo ha crecido su poder político a raíz de esta guerra. ¿Cuándo se va a ganar la guerra? Ya no está el Chapo, ni el mayo, ni el azul, ni el señor de los cielos, y las muertes siguen y peor. Podemos estar así hasta el infinito.
Lo que no dicen es que la justicia no se reduce a castigar a quien disparó el gatillo, sino que también lleva implicaciones morales y humanas, como que los padres y familiares de esos miles de muertos y desparecidos por lo menos puedan saber dónde están los restos de sus seres queridos, y esa información sólo la conocen quienes perpetraron esos crímenes y mediante estos acuerdos pueden dar esa información, los que todavía viven, porque en unos años, todos habrán muerto, y el paradero y la memoria de miles de mexicanos, de hombres, mujeres, de jóvenes, se perderá para siempre y dejará un vacío en los corazones de sus seres queridos, dejará un vacío en la historia y el alma de la sociedad mexicana, se irán, no solamente sin justicia, sin tener donde ir a rezarles y prenderles una veladora y estaremos como en Comala, queriendo sacar razones de los muertos, y si los topamos, puede que sea porque nosotros ya estamos muertos también.

Yo no estoy a favor de la amnistía, porque es reconocer el fracaso de nuestras instituciones, no estoy a favor de que alguien que cometió un crimen no sea castigado, entiendo el dolor de la gente que ha perdido a familiares y amigos, pero yo también tengo familiares y amigos que no quisiera que fueran las víctimas de mañana, que estén dentro de los miles de muertos del año que entra; no quiero que a mis amigos que empeñaron hasta la casa para abrir su negocio lleguen a cobrarles piso, no quiero que le pase nada a mi sobrino cuando va a la escuela ahora que está tan contento porque ya está aprendiendo a escribir, no quiero que a mi prima que es tan guapa (la única de la familia) un día la vea un cabrón y la levante y se la lleve nomás porque puede, no quiero vivir teniéndole el mismo miedo a los policías que a los delincuentes. Pero esta situación tan atroz y la incompetencia de nuestras autoridades nos obliga a preguntarnos qué vale más, la vida de los muertos o la vida de los vivos, no puede ser que para hacer justicia a los caídos deban de caer otros tantos.

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