El comentario, cargado de odio y desprecio, hacia una mujer indígena, refleja desafortunadamente una dolorosa realidad.

Una pinche india

Esta vez, al tema del racismo le ha puesto los reflectores encima, un actor de cuarta categoría, Sergio Goyri, quien habló despectivamente de Yalitza Aparicio, nominada al Oscar como mejor actriz, por su actuación estelar en la película Roma. El sujeto en cuestión, grabado en video por su esposa, durante una conversación de amigos en algún restaurante de la CDMX, dijo, textualmente, – “Que metan a nominar a una pinche india que dice si señora, no señora, a una terna para mejor actriz”.

El comentario, cargado de odio y desprecio, hacia una mujer indígena, refleja desafortunadamente una dolorosa realidad. Gran parte de los mexicanos, seguimos siendo profundamente racistas. Nuestro país, a querer y no, está dividido socialmente por razas y en esta división, quienes tienen piel morena y facciones indígenas de antemano están sentenciados a recibir un trato discriminatorio, a ser víctimas de burlas y segregación, mientras que, por el otro, ser blanco y de aspecto europeo hace acreedor a cualquiera a recibir un trato preferencial.

La herencia maldita, de la conquista, la seguimos padeciendo hasta hoy y forma parte de un sistema de opresión y explotación. No es una cuestión casual que sea así. Mantener a los mexicanos de aspecto indígena sometidos, cultural y económicamente, es parte de la estrategia para explotar una mano de obra barata.

Basta con mirar alrededor, en cualquier empresa, u organización. Los blancos generalmente son los propietarios u ocupan los puestos de mayor jerarquía.

Las televisoras, Televisa y TV Azteca, intencionalmente, fomentan esta división clasista. Cualquier actor o actriz de aspecto indígena, es relegado a representar papeles de servidumbre o de condición humilde, en sus telenovelas. Lo mismo ocurre con las agencias de publicidad que producen los comerciales y buena parte de los directores de cine, excepción hecha de los buenos; como los que hoy nos llenan de orgullo.

La película Roma, abre una ventana para ver dentro de nuestra sociedad, en la cinta se le da voz y rostro, con dignidad, a esa parte maravillosa de nuestro pueblo que es la raza indígena. Esto, ha molestado a los sectores más reaccionarios de la sociedad, a la “gente, bien”, blanca y europea. Les molesta, ver a los indios crecerse, ser relevantes, y no solamente una masa amorfa de pobreza e ignorancia. Por eso, les causó tanta irritación, la toma de protesta de Obrador. El templete estaba lleno de indios.

En nuestro país, ser pobre es desafortunado, pero ser pobre, mujer e indígena, es, en muchos casos, trágico. Basta con ver los índices de feminicidios, violaciones, prostitución forzada, desapariciones y abusos de toda índole, que quedan impunes.

A los señores, dueños del país, les interesa sobre manera, que estos indios, sigan siendo sumisos, obedientes y se comporten con humildad. No los quieren crecidos, ni estudiados, porque los necesitan así, para explotarlos, pagándoles salarios de hambre y sin darles mayores prestaciones.

 Este sistema de injusticia basado en la desigualdad racial, lo estamos arrastrando hace 492 años, desde que Hernán Cortes acabó con el imperio azteca, en 1521. Y lo seguimos reproduciendo en aras de la buena salud financiera de los Slim, Azcárraga, Salinas, Larrea y todo ese clan de vividores, que con mucho entusiasmo participan del saqueo de la nación, bajo el falaz argumento de que generan empleos y progreso. Mientras aparecen entre los hombres más ricos del mundo, en un país, con más de la mitad de sus habitantes, en pobreza.

Como vemos, discriminar a la gente por su color de piel y aspecto, es no solo un asunto de cultura, sobre todo, es un buen negocio. De esta forma, a los indios pobres se les puede despojar de sus tierras, como hacen las compañías mineras, o emplearles como obreros o jornaleros agrícolas, pagándoles mucho menos de lo que establece la ley.

La sangre que hace moverse a este país es la de los descendientes de Cuauhtémoc, pero a ellos, no los queremos ver ganando premios ni reconocimientos, menos dirigiendo empresas, los queremos, fregando pisos y sin protestar. Nada más, por ser unos pinches indios.

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