México, que podría ser una gran potencia económica, languidece como una nación pobre.

La violencia toca a la puerta

México, que podría ser una gran potencia económica, languidece como una nación pobre, tercermundista, azotada por la violencia y dominada por una corrupción tan profundamente enraizada en la idiosincrasia de la sociedad que ha provocado el caos que hoy estamos padeciendo. Gobernados durante décadas, por saqueadores profesionales, de los recursos de la patria, actualmente padecemos el colapso del sistema de justicia, con una impunidad en el castigo de los delitos del 99%. Pero eso sí, con jueces millonarios.

El narco, no solo se ha adueñado de vastos territorios de la geografía nacional, sino que gobierna en muchos estados y municipios a través de funcionarios públicos impuestos por él. Su influencia, ha alcanzado hasta el congreso y tiene infiltradas a prácticamente todas las corporaciones policiacas y militares encargadas de combatirlo.

Los recursos naturales, han sido diezmados de una forma brutal. Nuestros mares agonizan por la sobre explotación irracional de sus especies. Millones de hectáreas de bosques y selvas son arrasadas cada año provocando la destrucción de importantes ecosistemas vitales para nuestra sobrevivencia, en tanto que la SEMARNAT, encargada supuestamente, de vigilar el cuidado de nuestro medio ambiente fue entregada como botín político, a un grupúsculo pseudo ambientalista como el Partido Verde Ecologista Mexicano, PVEM, que prostituyó la dependencia poniéndola en venta, al mejor postor.

En el campo, las cosas no están mejor. Los campesinos y agricultores abandonados a su suerte son víctimas de empresas mineras que los despojan de cientos de miles de hectáreas entregadas en concesión. Sufren el acoso de bandas de narcotraficantes, talamontes, secuestradores, asaltantes de caminos y otros mal vivientes que actúan, las más de las veces, en complicidad con las fuerzas del orden. Decenas de poblaciones han sido desalojadas por el crimen organizado y más de 300 000 personas están en condición de desplazados. Tenemos una cantidad aterradora de personas desparecidas, la cifra supera las 30 000 víctimas, una parte importante de estas, se atribuye al tráfico de personas. Nadie está a salvo y se señala una y otra vez la complicidad de autoridades en este delito que hiere profundamente a las comunidades. Otro delito más que queda impune, en la larga lista negra de la corrupción mexicana.

Por el numero de muertos, heridos, desparecidos, desplazados, así como por la cantidad de armamento y municiones y su capacidad de fuego, utilizado tanto por criminales como por fuerzas del gobierno, estamos catalogados, tristemente, en un escenario de guerra moderada, por encima de Iraq o Afganistán según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (International Institute for Strategic Studies)

Éste, es el país que tiene que gobernar, López Obrador. A esto, se está enfrentando nuestro presidente.

El asunto del huachicol es la punta del iceberg, falta destapar las otras alcantarillas. Las metástasis del cáncer de la corrupción alcanzan a todas las dependencias federales. En su momento se podrá cuantificar el daño hecho al erario público durante años.

Se tiene que ser muy valiente para hacer lo que está haciendo Andrés Manuel, al que muchos criticamos por sus ocurrencias, a quien acusamos de querer convertirse en un héroe Nacional.

Cuando un hombre valiente, da un paso al frente, para encarar a un enemigo común. Lo más decente que pueden hacer los otros hombres, es ponerse a su lado y no dejarle solo.
El país necesita cambiar, y el cambio será doloroso. Pero no hay otro camino. Es esto, o entrar en una guerra civil. Los linchamientos de presuntos criminales, los actos masivos de saqueo y rapiña a comercios y equipos de transporte dan fe de un vacío total de autoridad, muy peligroso. Las numerosas bandas de criminales, que roban, secuestran, violan y asesinan con absoluta impunidad, están orillando a la población indefensa, a armarse. El surgimiento, hace no mucho, de las autodefensas en algunos estados fue apenas un pequeño adelanto de esta realidad. Cada año hay más armas de fuego de diferente calibre, en manos de civiles y eso puede derivar en algo totalmente catastrófico.

López Obrador, puede generar un cambio pacífico. Debemos apostarle a que tenga éxito…O, asumir las consecuencias de que el país entre en una espiral de violencia generalizada Esa posibilidad, no es algo remoto, vamos hacia allá.
Apoyemos decididamente la lucha contra la corrupción y pugnemos porque sea la aplicación de la ley, el camino para regresarnos a la civilidad. Estamos a tiempo.

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