Según el relato bíblico, todo iba muy bien, en ese paraíso.

Adán y Eva, el pecado original

Con motivo de la Semana Santa que recién ha concluido, hay una buena oportunidad para reflexionar sobre los orígenes de la vida y la humanidad. Y pues me quedé pensando en Adán y Eva, que son nuestros ancestros y cómo se pudiera entender esta historia a la luz de los tiempos modernos.

Según se relata en el Génesis, uno de los libros de la Biblia, aquellos dos jóvenes que habitaban en el jardín del Edén, andaban totalmente desnudos y sin preocuparse por nada más que por comer, beber, reírse y tener sexo. Podríamos decir que eran una especie de hippies capitalistas, viviendo en un campo nudista o de acuerdo a la 4T, unos Ni Nis , en toda la extensión de la palabra. Su vida era alegre y despreocupada, pues los mantenía su padre, Jehová.

Según el relato bíblico, todo iba muy bien, en ese paraíso. No tenían que hacer nada para obtener el sustento, todo estaba al alcance de sus manos, y su vida, era el sueño dorado de cualquier junior, hijo de político o empresario corrupto. Pero como siempre ocurre con las cosas buenas; éstas se acaban demasiado pronto. Y, ese fue el caso de la joven pareja primigenia. Quién sabe por qué  sucia jugarreta del destino, Eva se hizo amiga de cierto personaje siniestro, de aspecto desagradable y terrorífico, que merodeaba por ahí,  y que le empezó a meter ideas extrañas en la cabeza a la joven. Sabrá Dios, si no le metió otra cosa, aparte de los malos consejos. Nada se dice en las escrituras sobre este particular. Pero es el caso, que la joven prestó oídos a aquel que la mal aconsejaba, y accedió a desobedecer las instrucciones de Yahvé, que les había ordenado expresamente que por ningún motivo fueran a comer el fruto del árbol de la sabiduría, porque encontrarían singular castigo a su desobediencia.

 Ya saben ustedes amigas, amigos, que la curiosidad humana no conoce límites y Eva toda llena de entusiasmo corrió alegremente a convencer a Adán de que probasen el fruto prohibido.

Aquel, renuente al principio, con toda seguridad le habrá reprochado a su mujer lo insensato de sus pretensiones y es muy probable que lo que ocurrió entre los dos primeros habitantes del mundo haya sido como sigue:

Llega corriendo Eva, agitando los brazos y dando pequeños saltos de alegría y le dice a su compañero, qué en ese momento está recostado en el suave césped viendo pasar las nubes – Adán, fíjate que conocí a un buen amigo y me invitó a que comiéramos el fruto del árbol de la sabiduría, que dice él que es la cosa más deliciosa del mundo.

Incrédulo, Adán le contesta- ¿Estás loca, O volviste a fumar las hojas de la planta de la meditación? – que por aquellos años así le habrían llamado a la Cannabis.

Nada de eso- contesta Eva, – mi amigo, el víbora, dice que no le hagamos caso a Jehová, que nos prohíbe comer ese fruto, porque son ideas de gente de la tercera edad que no entiende a los jóvenes.

De ninguna manera, voy a comer nada que provenga de ese árbol y te prohíbo que tú lo hagas- le ordenó enérgico el primer varón.

Ah, conque esas tenemos, ¿no? Pues sabes qué, – le responde retadora la primera mujer-. Está bien, así lo haré, no comeré ese fruto prohibido, pero tú tampoco te vuelves a acostar conmigo y a ver con quien más te quitas las ganas. Búscate a otra taruga que te complazca porque yo no te voy a dar gusto.

Habrán de imaginarse mis escasos lectores, el dilema al que fue sometido el pobre de Adán quien tuvo que escoger entre gozar de los placeres de su amada o desobedecer a su Padre. Y el resto de la historia ya lo conocen.

Desde tiempos inmemoriales, nuestras mujeres han encontrado sutiles formas de obligar a los maridos a acceder a sus caprichos.

Y eso fue lo primero que Eva, les enseñó a ellas y qué es hasta nuestros días algo contra lo que los varones no podemos luchar.

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