El secretario de SEP Héctor Jiménez Márquez dio una evidente demostración de poder

Silencio

El secretario de SEP Héctor Jiménez Márquez dio una evidente demostración de poder al propinarles una paliza a los diputados locales a quienes arrincona y exhibe como opacos y corruptos. Y estos no les quedó más que esconder la cabeza y aceptar la tunda. Y guardar silencio. Y  así: calladitos y con la cola entre las patas se quedaron los diputados locales, que en la víspera le habían enseñado los dientes al súper secretario de la Sep Héctor Jiménez Márquez. Ni pío han dicho de la arremetida que les dio al acusarlos de opacos, sinverguenzas y cínicos. La andanada es en respuesta al caso de la doble plaza de su hijo y en cuya exoneración y protección se demostró a propios y extraños que este hombre no es cualquier colaborador del ejecutivo, sino es uno de los más fuertes y que hasta hoy no da la mínima señal ni de debilidad ni tampoco de que pronto abandone el barco. Y por eso se dio el lujo de exhibirlos, retarlos y obligarlos a ese silencio penoso ante las verdades que les espetó en su propia cara. Y por coincidencia ayer misma organismos nacionales e internacionales publicitaron ampliamente lo que todos sabemos: el Congreso de BCS es el más opaco en todo el país. Una vergüenza que todos los que vivimos aquí tenemos que cargar en nuestras espaldas. Y mientas los indignos representantes hacen como que no se dan cuenta los señalamientos que se les hacen por su pobre desempeño en todos los sentidos. Por todo esto creo que el maestro tiene razón. Y también la tienen los diputados de quedarse callados, porque nada tienen que decir en su descargo.

Torero

Tarde de toros. La fiesta de fiestas. Coso vacío; pero la ausencia del respetable no fue motivo para que Barrapaz, el gran torero, redujera el ánimo en su faena. El capote lo sostenía con tal destreza que se deslizaba por el aire y llegaba al astado convertido en verónicas. A veces en chicuelinas. «¡Olé, olé, olé matador!», las ovaciones imaginarias martilleaban anidadas en su cerebro. «¡Olé, olé! De ti es la gracia, de ti el valor!», escuchaba el hombre de la capea. El rostro estaba anegado de sudor. Los ojos brillosos, enrojecidos. Enfrentaba al toro que bufaba todo su odio contra el hombre que gozaba ver la sangre derramada de la bestia. «¡Olé, olé!». La arena era la histórica calle Félix Ortega, convertida en plaza improvisada para desfogar los ímpetus del novillero Barrapaz: un alcohólico de 43 años de edad, quien todas las tardes se sumergía en ese paraíso que imaginó siempre en sus jubileos etílicos.

El capote era un trozo de lona que le regalaron; los toros de lidia, camiones que abastecían de productos al Chedraui. En ese entorno vivía Barrapaz, comiendo desperdicios y extendiendo la mano a la generosidad, que más de las veces sólo había tenido por respuesta «Méndigo borracho».

Así era un día cualquiera en la vida de Barrapaz. Un hombre no común. Hizo estudios superiores en el Tec de Monterrey, ahí se especializó en Administración de empresas.

Hijo de Matilde Trasviña, la eterna colaboradora de los hermanos Ruffo en asuntos financieros, y de Gaspar Montufas, capitán de El Raulito, un barco de entrañables recuerdos para centenares de paceños.

Barrapaz antes se llamó Ricardo Trasviña Montufas. Laboró años en el Centro Comercial Californiano —ahora Chedraui— como director ejecutivo del Consejo General de los señores Ruffo, donde, desde joven, mostró habilidades para los números, lo que le sitúo en un lugar privilegiado en el corporativo. Y un cheque quincenal de varios ceros.

Logró hacerse de un capital importante —gracias a su trabajo— que, al morir sus padres, acrecentó con herencias: terrenos, una tienda de electrónica, acciones en un periódico local y un rancho turístico en la zona de El Salado, con miles de hectáreas de playa.

La fortuna real de Ricardo Trasviña llegó a lindar en lo incalculable, según los paceños de antaño. A los veinte años decidió, pues, casarse con Lorena Martínez: una hermosa mujer de Miraflores, reina de todos los festivales y carnavales conocidos de la región.

Se hicieron todos los arreglos para el casorio. Para ello, se rentó la terminal San Antonio. La luna de miel sería, obvio, en París. La música fueron los Violines de Villa Fontana. ¡Ah carajo, esto era la gloria!

Como no hay plazo que no se llegue, el 23 de febrero siguiente, la boda. Lorena vivía por el malecón, casi al llegar a la Cinco de Mayo. Ricardo, por su parte, sobre la calle Morelos, antes de llegar a la Altamirano. Para presentarse en la parroquia se juntaron: fueron arriba de un convertible, rumbo a la cita mayor: la de la vida.

Un recorrido maleconero, como es la costumbre en estos lares. Pita y pita haciendo escándalo, reían a carcajadas. Manos unidas. De vez en cuando un beso en las mejillas rosadas.

Pero la vida no es gobernable a voluntad del ser humano, por eso suceden cosas impredecibles. Cuando cruzaron la calle 16 de Septiembre, el carro de los novios fue embestido por un Mustang 64, de colección, tripulado por un mozalbete apodado el Porky, un junior con ingresos acostumbrados a la cárcel. Ese día, el implicado estaba vendiendo cocaína en la zona de El Santuario.

El final fue ahí: de chingadazo. Quedaron atrapados entre fierros retorcidos y una mezcolanza de sangre y aceite. La novia, peor suerte: fue degollada por la defensa plateada del carro agresor.

Ricardo salió vivo. Bueno, medio vivo. Ya no les cuento más de esa tragedia que enlutó al pequeño puerto de La Paz, la Ciudad de los Molinos, como se le conocía. Las aspas imaginarias de estos artefactos para sacar agua de los pozos fueron empujando a Ricardo al maldito vicio que tiene como majestad la inconciencia y como princesa la degradación total.

Un año nuevo fui al Chedraui a comprar un pavo. Al salir me senté en la banqueta para presenciar al torero. Al término le grité: «Olé, torero». Al escucharme se acercó, agradecido.

—Yo era bueno, sólo que se me movió la cabeza.

No me reí; un latigazo me sacudió el corazón.

Vidas Paralelas

El secretario José Luis Escalera Morfín salió avante en el affaire de las cuarteaduras maleconeras. Con mucho tiño hizo lo que tenía que hacer: aplicar las condiciones pactadas con los constructores. Y entre las principales está si algo sale mal se rehace por cuenta de la empresa. Buena medida. Y además este servidor público tiene un sólido equipo de trabajo que le respalda bien. Animo… Ahora el juguete nuevo electoral es el inminente abanderado del frente, el panista Ricardo Anaya Cortés. Ya salta a la palestra…Por cierto ya en los círculos políticos nacionales se  coloca al gobernador Carlos Mendoza Davis como uno de los principales operadores políticos que tendrá José Antonio Meade …Pronto sabremos cómo quedará ubicado…Y con esto nos despedimos, no olviden: hagan el bien. Y sean felices.

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