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Respeto

En política todo puede pasar

En política todo puede pasar. Y en la grilla todo se permite. Hasta la pérdida de respeto al pivote superior de las democracias que es el votante, el gran decisor. En las victorias apabullantes lo primero que surge es el autoritarismo pernicioso. Y el olvido de promesas y la lealtad al ciudadano. Hoy lo veo en la inminente licencia que solicitará el maestro Víctor Castro al escaño que le entregaron miles de votantes el pasado primero de julio. Hoy todo está preparado para que se coloque como el virrey del nuevo gobierno. Un pre cónsul, que decidirá lo que hará el Gobierno de la República en este hermoso estado, donde paradójicamente sus asientos son cimentados en la democracia. Esa figura no embona en los avances que nos da de vez en cuanto la modernidad política. Es eso si es la muestra de esa soberbia que exhibieron por décadas los gobiernos emanados de partidos totalitarios que tanto fustigaron los que hoy están a punto de asumir el mando. Veo actitudes chicharroneras  en sacar a Senadores y diputados federales a cargos burocráticos. Es el mismo pasado que nos arrolla. Y cancela las ilusiones de tener algo diferente. Creo que el Senador electo debe de echarle una buena pensada y recordar que su campaña fue para el cargo de Senador. No puede ni debe dejar colgado de la brocha, ni a su equipo de campaña, ni a los electores. Y mucho menos a sus ideales. Debe respeto a la gente. A este Estado que necesita legisladores comprometidos con sudcalifornia de los que hemos acrecidos en los últimos lustros. Piénsele ciudadano Castro.

Cajero

Rosario San Germán era un tipo avaricioso. No se tentaba la mano para la trácala y cualquier sinverguenzada. Era capaz de vender una serie de lotería de un sorteo pasado. Y tener el descaro de preguntarle al engañado ¿te la sacaste? Así era. Un tipo vaquetón. Pero dice el dicho que a cada santo se le llega su capillita. Un día se le ocurrió venderle a don Gil Martínez Villalobos una media hectárea con playa el Centenario. 500 mil pesos, don Gil. Y no diga quien se la vendió. Le enseñó papeles más chuecos que la cuesta de Liguí. Y usted escoja el notario. Le dijo antes de agarrar la bolsa con el pago. Y pasó lo que tenía que pasar. Nunca llegó Rosario a la Notaria de Roberto Fort Amador. La tranza consumada Y siempre que Rosario se topaba al viejo rico soltaba sonora carcajada. Te transeeeeé. Viejo méndigo. Y poco a poco Chayo fue dilapidando el dinero robado Y una mañana que llegó del Casino Fortune ya sin dinero, desvelado y con hambre encontró un tétrico escenario; su esposa Teresa con una soga en el cuello. Fue ahorcada. Y con el mismo mecate. Su perra Titi estaba también muerta entrelazada con el cuerpo de su mujer. Abajo de estas un letrero; Aquí están tus perras. Primer aviso. O pagas o chingas madre. Y la firma; tu sonriente comprador. Y abajo en letras chiquitas. Tienes dos días de plazo. Desde esa hora Rosario ya no sonrió. Tenía al mundo por lápida y a su profundo miedo por testigo. Hizo los arreglos que se hacen en esos casos. Dijo la policía que investigaría. Eso si se le daba gasolina a los agentes. Pero por lo pronto el cuerpo al anfiteatro y Titi, enterrada al fondo del patio. A medio día el hambre arreció en el estómago de Chayo. Y se acordó de un saldito en su tarjeta de débito de Banorte. Y fue por él.  Introdujo el plástico. Y antes de la operación salió un letrero: ¿Problemas de dinero? Véndale su vida al diablo. Anímese. Un millón. La mitad al darle click. Y la otra a la entrega de la mercancía. Y al ver esto Rosario suelta una carcajada. Ja ja ja. Había vuelto a vivir. Y con su regordete dedo le da Enter. Y de adentro del cajero sale una diabólica carcajada. Y un grito. Ya eres míooooooooo. Y aparece el estado de cuentas: Quinientos mil 300 pesos. Y el grito no se hizo esperar; hayaaaaaa. Hijos de la chingadaaaaaaa. Y salió de nuevo a lo suyo. Del Casino Fortune a Te esquilmo square. Y de Caliente a Frío Royale. La dolche vita. Hasta un mes después que quiso sacar dinero en un cajero saldo: cero cero. Y con letras chiquitas. Hora de pagar. Eran las diez de la noche. Era un día nublado. Rosario salió cabizbajo. En su mente la búsqueda incesante a quien esquilmar. Y al abrir la puerta de su viejo bocho. Sintió un agudo dolor y una fuerte manaza que le rodeaba el cuello. Y distinguió al matón; era el viejo rico del Centenario. Que con el filoso verduguillo le daba de puñaladas. Y antes de expirar alcanzó a escuchar. Las tranzas no pagan. Y ni el diablo olvida. Ni perdona. Y quedó ahí. La cabeza hacia dentro del auto. Y las patas colgando. Y en su espalda un letrero: Uno más para el patrón. Y la firma; Gil el Mensajero…Y en esa tarjeta de débito, desgastada, por tanto uso, apareció un nuevo saldo: 500 mil pesos. Nadie los ha cobrado todavía ¿Necesita dinero?

Vidas Paralelas

 Buena la decisión del ex candidato Marcos Almendáriz Puppo de no regresar a la curul. Ejemplo que deben seguirlo otros y otras que no tienen vergüenza… Otra etapa viene para el PRI. Esto a nivel nacional. Aquí en BCS se espera que los caciques se retiren. Y dejen que la reconstrucción o ligada lo hagan los auténticos militantes… Y con esto nos despedimos hagan el bien. Y sean felices.


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