Quienes lo vieron, se sorprendieron.

Ola

Quienes lo vieron, se sorprendieron. Ese viernes por la tarde, en Loreto, Carlos Mendoza Davis mostraba contra su costumbre un dejo de prisa. Buscó la manera de acortar protocolos en su gira de trabajo. Cubierta, agotada la agenda loretana, hacia La Paz, con urgencia. Raudo y veloz, al entrar a La Paz, se dirige ipso facto a la Arena La Paz. Ocho quince de la noche, en los primeros minutos, del primer periodo del encuentro Mantarrayas vs Zonkeys, Carlos llega a su lugar. Es la penúltima banca. Desapercibido, sin guaruras. Vestido a la desprocupé, jeans y camisa blanca, de tenis. Se sienta. Y se observa relajado. Flanqueado por el empresario Pedro Solana. Y de inmediato se une y sumerge al remolino del deporte ráfaga. En minutos, se mezcla entre miles. La investidura del mandato quedó guardado en su camioneta Jeep blanca en la que arribó.
Noche de suerte. Mantarrayas, su equipo, se enfrenta a una quinteta de garra. La mayoría del trabuco ha jugado en la NBA, pero ese día los locales se mostraron superiores.
El partido avanzó. Y arriba, arriba y arriba. Y la emoción en las gargantas de todos. Y el plus es el Yeti. Un personaje que divierte, conductor de la masa. Del conductor de la ola. Y en ella va Carlos que se levanta, baila. Y grita al equipo “Vamos Mantarrayas”.
En los últimos minutos Mantarrayas desciende en el puntaje. Los Zonkeys avanzan. El triunfo se tambaleó. Pero la fuerza de la gente, las porras. El Yeti, hacen lo suyo. Y con un escasísimo margen, se canta la victoria.
Los niños, sus padres, saltan a la duela a felicitar a los jugadores. Las selfies. Los saludos. El gusto por el gane. Y por un costado de la Arena, discreto. Y con el rostro feliz, desciende Carlos.
En minutos se para frente a esa arena, de la que se observa un letrero “Por el mejor futuro”. Y ahí de pie ofrece audiencias colectivas.
Después de las diez de noche, el retorno a la realidad. Adentro de la arena se escuchan los ruidos del arrastre de tenis. De los rumores de esas voces de gigantes. De silbatazos de árbitros. De los palpitares de miles de corazones. De los suspiros de encestes del equipo contrario.
Todo esto y mucho más. Es ese deporte de la magia. Y de esa pelota juguetona.

Foto

Toda la noche esperó a su esposo Julián. De pie y recargada en la desvencijada puerta de la choza, oteaba la oscuridad. Nada. Es Micaela Chávez. Dos años casada con Julián. Un martirio vivo, punzante. Sufrible. Un hombre alcohólico. Y en su cabeza el coro aconsejador de su madre. » No te cases. Es un borrachales. Te matará de hambre.»

Y esa profecía se escuchaba ya en el ruido de sus tripas. Gruñían de hambre. Nada. Nada. El sol, empezó a picarle los ojos. Nada, Julián no llegaba.

Es 1980 en Ciudad Esperanza. Un pueblo pobre, con gente jodida. Calles de muerte, de fétidos olores y piedras filosas. Un cerro, el de la misericordia. Calles sin finales.  Sin salidas.Y en los hogares hacinamientos, promiscuidad.

Y Micaela parada. Sus caderas rozaban la puerta. Sus guaraches » patas de gallo» enterradas en un polvo suelto, de caliche. Sus piernas acalambradas, dolían, aguijoneaban.

Y por fin. Ya con el sol alto, apareció Julián. Camisa desabrochada. La cámara Polaroid instantánea enredada en el pescuezo. Pantalones, sin fajar. Orinado. En su mano izquierda apretaba un pajarito de tela, lo mostraba a los niños cuando tomaba la foto.

Julián- mira a qué horas llegas. Me preocupé. Pensé que te había pasado algo. Tengo hambre Julián. No como desde ayer.

!Cállate, vieja jija de la chin. Qué comer ni que comer. Aguántese como las machas! No traigo dinero. Todo me lo gasté. Mañana comes. Ahora déjame entrar. Traigo sueño. ! Quítate mucho a la chin.!

– Julián. No puedo ya. Tengo hambre. La pobre de Micaela imploraba. Julián, ya no la escuchaba. Un sueño fantasmal lo había poseído y se lo llevó muy lejos de esa realidad cotidiana.

Micaela le quitó los viejos tenis. Y lo que en un tiempo fueron calcetines. Y se le quedó mirando. Era el cuerpo inerte del hombre que hacía dos años la había enamorado.

En setecientos días Julián había engordado cuarenta kilos. Ganado una adicción. Y a punto de matarla de hambre.

Después revisó la cámara. Quedaban tres placas. Lavó con jabón y estropajos el pajarito de tela. Se bañó. Escogió lo más vestible posible. Pintó chapetes en sus traqueteados cachetes. Coloreó sus labios. Y se tomó dos fotos. Una la guardo en el estuche de la cámara y la otra la aventó al camastro donde entre sopores y ronquidos grotescos, Julián dormía.

Sale de la casucha. Deja atrás una estela de miedos, de tristezas, de arrepentimientos. Pero sobre todo de hambre.

Después de una tortuosa caminata llegó al centro de la ciudad. Frente al almacén fotográfico donde venden placas Polaroid, se detiene. Y toma la última foto.

Entra y busca al dueño. Y le dice: mire su tienda, qué bonita se ve de afuera. La foto es suya. Se la regaló. ¿Cómo? Si. Es suya, tómela.

Ese detalle agrada al hombre. Y reacciona. Acépteme de obsequio unas placas para su camarita, ándele.

Ya equipada, empieza a trabajar. Diez pesos la foto. La frase «solo una foto, por favor”.

Seis de la tarde, empuñando ciento veinte pesos ganados ese día, Micaela, retorna al hogar. Antes, en el Pollito desplumado compra dos órdenes. Y dos cocas.

Va con su bastimento de fe al hogar. Un jacal sombrío. Puerta entreabierta. Al cruzar el umbral, siente un dolor agudo en el vientre. Es un verduguillo que le clava Julián. «Puta y ladrona».

Ruedan los pedazos de pollo seguidos de dos refrescos. Y sobrevolándolos una foto instantánea de Micaela.

Ella agonizaba: Julián, solo tenía hambre. Luis Spota decía y con razón: más cornadas da el hambre.

Vidas Paralelas

El doctor Dante Arturo Salgado, uno de los sudcalifornianos más destacados en la academia, la literatura y en el liderazgo universitario será el próximo Rector de la UABCS. En estos momentos da a los medios, su plan de trabajo…Primera llamada. Este jueves seis de junio presentaré mi libro en el Archivo Histórico a las seis de la tarde. Y hay cinco motivos para estar como invitados de honor en esta presentación.

Uno.- Estarán presentadores de calidad. Elizabeth Acosta Mendía, Ramón Ojeda y Marcos de Jesús Roldán.

Dos.-El maestro-cheff Francisco Chávez montará un banquete a base de langosta.

Tres.- En las páginas de este libro viene usted. En Cachitos, crónicas. O entrevistas.
Cuatro.- Porque entre los asistentes encontrará usted gente que hace muchos años no saluda.
Quinto.- Porque el autor se vestirá de payaso para divertirlo. Todo porque usted lector lo vale. Ya si no va es porque de plano, es extraterrestre.
Lo espero… El Instituto Nacional Electoral en Baja California Sur, dio inicio a la destrucción de los votos, las boletas sobrantes y demás documentación utilizada durante el Proceso Electoral Federal 2017-2018, cuya jornada electoral se celebró el pasado 1º de julio de 2018. La destrucción de la documentación electoral utilizada en los comicios federales, está ordenada en la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, artículo 318, párrafo 2, estableciendo que deberá llevarse a cabo una vez que concluya el proceso electoral federal correspondiente. Por lo anterior, y derivado de la necesidad de proteger y conservar el medio ambiente, situación que el INE como institución socialmente responsable asume como prioritaria, las juntas Local y distritales ejecutivas en la entidad, instrumentaron la destrucción de la documentación electoral bajo procedimientos ecológicos no contaminantes, relacionados con el reciclaje. Bien…Y con esto nos despedimos. No olviden: hagan el bien y sean felices.

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