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No

No y no

No y no. Es una expresión cínica e irresponsable, la decisión de los legisladores locales de anotarse para la reelección que no merecen. El registro que hicieron ayer es una demostración más de su irresponsabilidad, de su desvergüenza  y la comprobación de que viven en una burbuja donde solo existen ellos y cuidado su rechoncho salario de arriba del medio millón de pesos. Si tuvieran la mínima prudencia reflexionaran y se retiren en un escasísimo dejo de decencia el cual no han mostrado en el tiempo que han estado en el congreso. Dígame usted amigo lector ¿Usted votaría por estos hombres y mujeres? Adivino la respuesta. Y hay muchas razones para no hacerlo. Y claramente diremos: no se lo merecen. Y lo interesante del caso es que ellos lo saben. Y aun así someten al suplicio a sus partidos para que los postulen otra vez y ahora sí corran el riesgo de perder la elección porque creo y conozco al electorado local que no será tan tonto de volver a darles la misma potestad a quien no les cumplió. Y no solo los diputados están rayando en el cinismo. No. También registramos la desfachatez del alcalde Arturo de la Rosa de intentar reelegirse cuando vemos con mucha claridad el desastre que tiene en la demarcación que actualmente desgobierna ¿Así cómo pues?

Perro

¡Levántate Rodrigo! Me gritó mi madre. Interrumpió mi sueño. Pero obedecí. Y después de darme un baño francés estaba listo. Y a sus pies mamacita. Y ordene usted le dije. Mira ten esos cinco pesos. Y ve a comprarme con don Cirilo un pedazo de hígado para que desayunen tú y tus hermanos. Salí con el frio de frente. Y una brisa que me tapaba el camino. Caminé y caminé. Y llegué a la carnicería. Y ahí estaba ese hombre leyenda. Nada más ni nada menos que don Cirilo Vega. Un hombre misterioso, que llegó de Guanajuato con sus hermanos cuando nació La Toba. Gordo, bonachón. Con una destreza para matar reses. Y preparar los mejores chicharrones.

Cuando me vio, me preguntó. Te mandaron por hígado ¿verdad.? Si don Cirilo. Cinco pesos. Eran los años setenta y los pesos valían. Estira su mano gorda y descuelga un hígado gordo que tenia colgado. Con una rápida cuchillada lo parte en dos. Me lo envuelve en un papel café. Ten. Y al agarrarlo. Siento  un gran dolor. Mi mano está atrapada por las horrendas y filosas fauces de un perro gigante. Un monstruo. Un doberman. Me duele. Me lastima. De pronto mi mano empieza a sangrar. Un hilo de sangre escurre entre el hígado, el papel. Y mi mano. Observo que los colmillos de ese perro son de oro. Destellan y se clavan más en mis manos. Y sigue saliendo sangre. Y suelto el pedazo de hígado. Cae al piso. Y el perro con su bocaza se lo lleva a su amo. Y si el can me asustó, el dueño más. Era un tipo horrible. Alto, pistola al cinto. Una mirada infernal. Y unas manos de gigante Y con ellas descuelga la otra parte del hígado. Y agarra otras boferas. Las echa en una bolsa de cuero. Mete la mano a la bolsa de su pantalón, saca unos pesos. Los avienta al piso. Y antes de irse le grita a don Cirilo: nunca más se te ocurra vender el hígado de mi Kaiser. Y se va. Sube al perrón en su camioneta. Y se pierde en la inmensidad de la brisa.

Y ahí estoy yo. Frente a don Cirilo.Sin hígado. Sin los cinco pesos. Y el temor de los cintarazos de mi madre por tardarme.

Del susto don Cirilo pasa a la conciencia. Dame tu mano. La observa. Y ve los efectos de la mordida. Y busca entre sus cosas Encuentra un frasquito de agua oxigenada. Y unos trozos de algodón. Me cura. Y negocia; llévale esto a doña Chole. Dile que no hubo hígado. Un paquete con costillas. Unos huesos para caldo. Y un trozo de menudo.

Mamita no hubo hígado. Y don Cirilo te manda eso. Y al agarrar el paquete. Ve mi manita dañada. ¿Y eso Rodrigo?, chamaco del mal con quién diablos te peleaste. De castigo te quedas sin desayunar.

Al tiempo me enteré que ese perro del mal llamado Kaiser fue traído en un vuelo especial por su amo don Raúl Chávez, un millonario regio que compró ranchos, muchos, muchos. Su amor era el perro. Dicen los que fueron sus amigos que el Kaiser muy tierno perdió su dentadura. Y su dueño lo llevo con el odontólogo Leopoldo Garza García. El mejor de Monterrey. Y le puso dientes de oro. Muy filosos con unas incrustaciones de diamantes de 50 puntos Un perro millonario.

El tiempo pasó. Yo miraba con miedo esa camioneta con don Raúl. Y el Kaiser.
Un día de diciembre de 1969. Ese maldito perro murió. Su dueño lo veló como humano. Mandó traer de Estados Unidos un ataúd. Y lo enterró en uno de sus ranchos cercanos a La Toba.

Después don Raúl se fue dejando esparcida su riqueza Y a los años se profanó la tumba del Kaiser se sacó todo el oro de los dientes con todo y diamantes. Una placa que tenía su nombre. Y una larga cadena del mismo metal. Yo sé donde esta todo ese tesoro. Pero mejor me callo.

Lo que se que en las noches frías de diciembre en ese rancho se escuchan unos aullidos infernales.

Vidas Paralelas

Me duele comentar el sensible fallecimiento de dos personas importantes para la sociedad Sudcaliforniana. La primera una dama en toda la extensión de la palabra. Fue doña Mary Salgado. Para sus hijos, nietos y todos sus familiares. Un abrazo. Y el maestro Rogelio Martínez Santillán que se adelantó en ese viaje al eterno. Deseamos a sus familias pronta recuperación. Buen viaje a quienes se fueron… Y con esto nos despedimos deseando lo mejor. Y no olviden: hagan el bien. Y sean felices.


* * *


Una Respuesta de No

  1. cuauhtemoc agundez 14/11/2017 en 7:44 PM

    De los políticos que buscan de nuevo el cargo, nadie te obliga a votar por uno o por otro, pues el voto es secreto, castigalos si ya los conoces por ineficientes !!!

    Responder

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